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Un mundo radical
Publicado 10 enero 2015
Nada de esto es conspiranoia. Tanto Al Qaeda como el Estado Islámico crecieron gracias al intervencionismo de Estados Unidos, y algunos funcionarios lo han reconocido.

En diciembre de 2013, la ministra del Interior de Bélgica, Joelle Milquet, y su homólogo francés, Manuel Valls, daban a conocer en una conferencia de prensa que más de dos mil mercenarios europeos se encontraban en las filas de los grupos radicales opositores al gobierno sirio, representando una amenaza para Europa. Este 7 de enero la amenaza se hizo realidad cuando dos presuntos mercenarios franceses, con experiencia de combate en Siria, cometieron el atentado a Charlie Hebdo. Si dos personas hicieron eso, qué podrían hacer 10 mil.

Publicado originalmente en: bit.ly/1I90o4g

El 11 de septiembre de 2013, el presidente ruso Vladimir Putin advirtió a los Estados Unidos que un ataque sobre Siria desencadenaría una oleada de terrorismo o mejor dicho de terroristas. Fue en una editorial en el New York Times. En aquella ocasión Putin le hablaba a la sociedad estadounidense y les recordaba que si bien occidente y Rusia no tenían las mejores relaciones, algunas vez fueron aliados y vencieron juntos a los nazis. Al final Putin detuvo la invasión que hubiese abierto de par en par las puertas de las milicias islámicas radicales que hoy pelean por derrocar al régimen de Bashir Al-Assad.

Ya en diciembre de ese mismo 2013, la ministra del Interior de Bélgica, Joelle Milquet, y su homólogo francés, Manuel Valls, daban a conocer en una conferencia de prensa conjunta que más de dos mil mercenarios europeos se encontraban en las filas de los grupos radicales opositores al gobierno sirio. Desde Bruselas, ambos ministros advirtieron del peligro que representaba que jóvenes europeos se unieran a grupos terroristas en Siria, y calificaron el asunto como una amenaza potencial para Europa. Incluso el propio presidente sirio, Bashir al-Asad, dio a conocer que en su país operaban mercenarios provenientes de 29 países.

A la fecha se calcula que en Siria combaten entre 5000 y 10000 extranjeros. En un inicio eran islamistas árabes quienes se unían a la yihad  o guerra santa, tal y como sucedió en Afganistán durante la invasión rusa y luego en la estadounidense, o como es común que suceda en otros conflictos donde los musulmanes se sienten agredidos en su fe. A este tipo de guerreros santos se les conoce históricamente como mujaidines y se les compara con los milicianos que acudieron en ayuda de la República Española que luchaba contra los golpistas. Sin embargo conforme los conflictos se han tornado guerras civiles, a estos guerreros se les comenzó a identificar con la figura del mercenario. Se tienen informes que el reino de Qatar ha financiado a grupos extremistas en Siria y que el gobierno de Iran contrata afganos para que se unan a los rebeldes que intentan derrocar a Al-Asad.

A estos soldados extranjeros se les han sumado recientemente combatientes occidentales principalmente europeos, a quienes se les conoce como yihaidistas de ojos azules. Los medios de reclutamiento son extendidos y abiertos gracias a las redes sociales, como el video titulado “No hay vida sin Yihad” donde membros de ISIS aseguran que entre sus filas hay ingleses, australianos y gente de Bangladesh, entre otros e invitan a otros hermanos a luchar por su causa. En otro video podemos ver al chileno Abu Safiyya, quien explica como pretenden borrar las fronteras entre los países árabes y reconstruir el Imperio Otomano. O bien aventureros, como el argentino Manuel Piagessi quien se dice maestro de primaria y llegó a Libia como periodista para luego quedarse luchando a lado de los rebeldes.

El 7 de enero pasado la amenaza se hizo realidad cuando tres mercenarios franceses, con experiencia de combate en Siria y Yémen, según confesaron y miembros de Al Qaeda asesinaron a dos guardias de seguridad y un grupo de cartonistas de la revista Charlie Hebdo famosa por su crítica ácida e irreverente, sobre todo en materia religiosa, pues no solo se burlaba de las posturas del islam, sino del cristianismo y otras tradiciones espirituales.

Como todo fenómeno, el atentado del 7 de enero en París, es multifactorial, sin embargo muchos ya señalan con dedo flamígero al islam y con ellos cientos de personas con escasa información y formación se creen que una religión es el enemigo de la sociedad abierta, abonando a la islamofobia que se vive en el mundo desde los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos. Sin embargo, estos occidentales que se proclaman como “guerreros santos”  y terminán cometiendo actos terroristas  no son una creación del islam sino de occidente, del balance de poder entre potencias y de intereses económicos que arrasaron con gobiernos laicos en Medio Oriente. Para hacerlo las potencias patrocinaron a fundamentalistas del islam que pretenden  instaurar  dictaduras teocráticas.

Tanto Al Qaeda como el Estado Islámico crecieron gracias al intervencionismo de Estados Unidos

Nada de esto es conspiranoia. Tanto Al Qaeda como el Estado Islámico crecieron gracias al intervencionismo de Estados Unidos, y algunos funcionarios lo han reconocido. En estas operaciones también han intervenido naciones europeas, no olvidemos que durante la época del colonialismo Europa, pero principalmente, España, Inglaterra y Francia se repartieron el mundo y los dos últimos aún siguen jugando sus cartas debajo de la mesa, a veces ya sin conocimiento profundo del terreno que pisan. De ahí que en 2013 Vladimir Putin haya movido todas sus piezas e incluso haya amenazado con una tercera guerra mundial si la OTAN o cualquier alianza atacaba Siria. No era tanto que protegiera a Al Assad, sino que intentaba contener el fundamentalismo que le habría explotado en su zona de influencia, y que hoy avanza peligrosamente.

Desde entonces, el grupo conocido como Estado Islámico (ISIS por sus siglas en inglés) ha matado decenas de personas, secuestrado y violado mujeres (árabes musulmanas y cristianas), decapitado públicamente a periodistas occidentales y árabes, además atrocidades a lo largo de Siria e Irak. El 7 de enero la guerra que occidente lanzó contra el Medio Oriente tocó tierra europea, golpeó una parte sensible, emblemática, la libertad de expresión. Justo en el país donde Voltaire dijera: “podré no estar de acuerdo con lo que dices, pero daría mi vida por defender tu derecho a decirlo”.

Una violencia que además aplican a quienes consideran están oprimiendo a un pueblo o movimiento libertador.

Una cosa debe quedar clara, la agresión no fue un ataque externo. Como sucedió en Estados Unidos con el famoso caso del Unabomber, los atentados eran internos. Los hombres que dispararon y mataron a 12 ciudadanos franceses, también son franceses. Por lo tanto no se trata de un choque de civilizaciones –que es una idea planteada hace 10 años y que ya ha sido revisitada. Se trata sí, de un grupo de personas con una visión anti sistema que considera que se debe cambiar el actual modelo, como contrapropuesta proponen un estado islamista y la forma para cambiar el status quo que han elegido es de las más antiguas: la violencia.

Una violencia que además aplican a quienes consideran están oprimiendo a un pueblo o movimiento libertador. Su lucha se está expandiendo en Medio Oriente y mientras tengan acceso a recursos y armamento seguirán creciendo, con una variable, si le hacemos caso a las cifras hay 10 mil combatientes de 29 países en Siria que pueden regresar a sus países de origen y cometer actos terroristas o armar células; total como vimos, se necesitan tres personas para asesinar a una docena y hacer que todos en el planeta estemos hablando de ello. Imaginen lo que podrían hacer los por lo menos 2 mil occidentales, entrenados, ideologizados y con pasaporte del primer mundo, de ese que les da acceso a cualquier país sin levantar sospechas.
 

Publicado originalmente en: bit.ly/1I90o4g


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