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La reacción de horror y repulsión sobre el crimen está justificada, como lo es la búsqueda de las raíces más profundas.

La reacción de horror y repulsión sobre el crimen está justificada, como lo es la búsqueda de las raíces más profundas. | Foto: Archivo

Publicado 21 enero 2015
El terrorismo no es terrorismo cuando un ataque terrorista más grave se lleva a cabo por aquellos que son Justos en virtud de su poder.

El 23 de abril de 1999, los ataques aéreos de la OTAN bombardearon la televisión estatal Serbia y la dejaron fuera del aire, apenas unas horas después Belgrado ofreció una propuesta de paz para permitir una "presencia internacional" en la guerra en Kosovo, bajo los auspicios de la ONU.

El terrorismo no es terrorismo cuando un ataque terrorista más grave se lleva a cabo por aquellos que son Justos en virtud de su poder.

El mundo reaccionó con horror el ataque asesino contra la revista satírica francesa Charlie Hebdo. En el New York Times, el veterano corresponsal de Europa Steven Erlanger describe gráficamente el período inmediatamente posterior, lo que muchos llaman EL 09.11 Francés, como, "un día de sirenas, helicópteros en el aire, frenéticos boletines de noticias; de cordones policiales y de multitudes ansiosas; de niños pequeños llevados desde las escuelas hacia sitios seguros. Era un día, al igual que los dos anteriores, de sangre y horror en los alrededores de París". La enorme protesta mundial fue acompañada por la reflexión sobre las raíces más profundas de la atrocidad. "Muchos perciben un choque de civilizaciones",  decía un titular del New York Times.

"Yo Soy Charlie", y similares, no deben indicar, siquiera insinuar, ninguna asociación con la revista, al menos en el contexto de la defensa de la libertad de expresión.

La reacción de horror y repulsión sobre el crimen está justificada, como lo es la búsqueda de las raíces más profundas, mientras mantenemos firmemente algunos principios en mente. La reacción debe ser totalmente independiente de lo que se piensa acerca de esta revista y lo que produce. Los cantos apasionados y ubicuos de "Yo Soy Charlie", y similares, no deben indicar, siquiera insinuar, ninguna asociación con la revista, al menos en el contexto de la defensa de la libertad de expresión. Más bien, deben expresar la defensa del derecho a la libre expresión, sea lo que sea que uno piense de los contenidos, incluso si los considera como odiosos y depravados.

Y los cantos también deben expresar la condena de la violencia y el terror. El jefe del Partido Laborista de Israel y el principal rival para las próximas elecciones en Israel, Isaac Herzog, tiene toda la razón cuando dice que "El terrorismo es terrorismo. No hay vuelta de hoja". Él también tiene razón al decir que "Todas las naciones que buscan paz y libertad [enfrentan] un enorme desafío" de terrorismo asesino -. Dejando a un lado su interpretación previsiblemente selectiva del desafío.
Erlanger describe vívidamente la escena de horror. Él cita a un periodista sobreviviente diciendo que "Todo se derrumbó. No había manera de salir. Había humo por todas partes. Fue terrible. La gente gritaba. Era como una pesadilla". Otro periodista sobreviviente reportó una "enorme detonación, y todo se volvió completamente a oscuras". La escena, Erlanger reportó, "fue lastimosamente familiar, una de vidrios rotos, paredes rotas, vigas retorcidas, pintura quemada y devastación emocional", al menos 10 personas fueron reportadas  fallecidas al instante en la explosión, y 20 desaparecidas", que supuestamente estaban enterradas en los escombros".
Estas citas, como el infatigable David Peterson nos recuerda, no son, sin embargo, de enero de 2015. Son de una historia de Erlanger del 24 de abril de 1999, que apareció sólo en la página 6 del New York Times, que no tuvo la importancia del ataque contra Charlie Hebdo.  Erlanger estaba informando sobre la OTAN (es decir, los Estados Unidos) "y su ataque con misiles contra la sede de la televisión estatal Serbia" que "dejó a la Radio y Televisión Serbia fuera del aire".

Había una justificación oficial. "La OTAN y funcionarios estadounidenses defendieron el ataque", informaba Erlanger, "como un esfuerzo para socavar el régimen del Presidente Slobodan Milosevic de Yugoslavia". El portavoz del Pentágono Kenneth Bacon, dijo en una conferencia en Washington que "la televisión Serbia es una parte tan importante de la máquina de la muerte de Milosevic como lo es su ejército", por lo tanto,  es un objetivo legítimo de ataque.

El Gobierno Yugoslavo dijo que "La nación entera está con nuestro presidente, Slobodan Milosevic", informa Erlanger, quien agregó que "cómo el Gobierno sabía eso con tal precisión, no estaba claro".

Este tipo de comentarios sarcásticos no están en orden cuando leemos que Francia está de luto por los muertos y el mundo está indignado por la atrocidad. Tampoco es necesario que haya una investigación sobre las raíces más profundas, no hay preguntas profundas sobre quién está a favor de la civilización, y quien a favor de la barbarie.

Isaac Herzog, a continuación, se equivoca cuando dice que "El terrorismo es terrorismo. No hay vuelta de hoja". Definitivamente hay bastante vuelta de hoja: El terrorismo no es terrorismo cuando un ataque terrorista más grave se lleva a cabo por aquellos que son Justos en virtud de su poder. Del mismo modo, no hay asalto contra la libertad de expresión cuando los Justos destruyen un canal de TV que apoya a un Gobierno que está siendo atacado.

Por la misma razón, podemos comprender fácilmente el comentario en el New York Times del abogado de derechos civiles Floyd Abrams, destacado por su fuerte defensa de la Libertad de Expresión, que el ataque a Charlie Hebdo, es "el asalto más amenazante sobre el periodismo del que se tenga memoria”. Él tiene razón acerca de la "memoria viva", que asigna cuidadosamente asaltos sobre el periodismo y  actos de terror a sus propias categorías: Los ‘Suyos’, que son horrendos; y los ‘Nuestros’, que son virtuosos y fácilmente descartados de la memoria viva.

Podríamos recordar también que esta es sólo una de las muchas agresiones de los Justos a la libre expresión. Por citar sólo un ejemplo que es fácilmente borrado de la "memoria viva", el asalto a Faluya por las fuerzas Estadounidenses en noviembre de 2004, uno de los peores crímenes de la invasión de Irak, se abrió con la ocupación del Hospital General de Faluya. La ocupación militar de un hospital es, por supuesto, un delito grave de guerra en sí mismo, aun prescindiendo de la forma en que se llevó a cabo, blandamente informado en un artículo de primera plana en el New York Times, acompañado de una fotografía que representa el crimen. La historia informó que "los pacientes y empleados del hospital fueron trasladados fuera de las habitaciones por soldados armados y se les ordenó sentarse o acostarse en el suelo mientras las tropas les ataron las manos a la espalda". Los crímenes fueron reportados como altamente meritorios, y justificados: "La ofensiva también clausuró, lo que los oficiales dijeron era una arma de propaganda para los militantes: el Hospital General de Faluya, con su corriente de informes de víctimas civiles".
Evidentemente, a una agencia de propaganda de ese tipo no se le puede permitir que vomite sus vulgares obscenidades.


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