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Socialismo o barbarismo: Reiniciando la Revolución Global
Publicado 14 julio 2014

Hace 100 años, el 28 de julio de 1914, inició la Primera Guerra Mundial. Para 1918, este infame conflicto interimperialista dejó atrás un baño de sangre: millones murieron, fueron heridos y desplazados. En 1915, la gran revolucionaria europea Rosa Luxemburg identificó dos caminos potenciales para la humanidad: socialismo o barbarismo.

Mientras las particularidades de nuestra situación histórica difieren dramáticamente (al haber cambiado radicalmente el mundo a lo largo de un siglo), la humanidad y nuestro planeta enfrentan un camino similar: ciclos interminables de guerras imperialistas e interimperialistas, ahondando la crisis económica y el inminente colapso ecológico – nada corto de una Edad Oscura – o, en las palabras de Luxemburg, “regeneración a través de revolución social”.

Si fuéramos a tomar el inevitablemente difícil y peligroso camino de la revolución, debemos definir qué queremos decir con “socialismo”. Las revoluciones sociales del siglo 20 tuvieron varias limitaciones críticas que deben ser identificadas antes de que una nueva orientación sea construida:

Contrarrevolución interna: Avances iniciales se rebelaron, y un nuevo grupo social gobernante, evadió el gobierno de los oprimidos y, subsecuentemente, reinstauró un régimen de opresión y explotación. Esto estaba frecuentemente caracterizado por la supresión de varias formas de poder popular (por ejemplo, consejos participativos, las asambleas de deliberación, a través de las cuales el pueblo se involucró en la toma de decisiones autoadministradas).

Visión inadecuada: Una sociedad emancipada no se estableció porque las instituciones sociales que se pensaban construir eran inadecuadas para superar las formas profundamente enraizadas de estratificación social y, subsecuentemente, fracasaron en dar poder a los grupos sociales oprimidos o las medidas que se tomaron para construir nuevas instituciones fueron de carácter limitado y, como consecuencia, se revirtieron.

Reduccionismo: Los objetivos del proyecto revolucionario fueron limitados a los problemas que se originaban de una esfera de vida social particular (por ejemplo, economía), y, por consiguiente, las luchas y la agenda potencialmente revolucionaria de otros grupos sociales fueron soslayadas.

Mientras aspectos de las grandes revoluciones del siglo 20 (en Rusia, China, Cuba, Vietnam, Angola, Mozambique, entre otros) se merecen absolutamente nuestra admiración y atención crítica (ya que los revolucionarios pueden aprender muchas lecciones sobre cómo derrocar y abolir modos opresivos de reproducción social, al igual que intentar construir una formación social nueva), sus particulares experiencias no son sinónimo de, ni son adecuados para una visión socialista del siglo 21.

Por consiguiente, nuestra primera tarea es redefinir al socialismo – o, para evitar confusión, socialismo participativo. Yo defino la revolución socialista participativa como un proceso histórico de autoemancipación, en la que la multitud de los grupos sociales oprimidos (la clase trabajadora, la gente de color, naciones neocoloniales, mujeres, gente LGBT, gente que vive con discapacidades, y la juventud) desarrollan conciencia de su poder colectivo social y, a través de la auto-organización y la auto-actividad, derrocan y terminan con las instituciones sociales opresivas (economía capitalista, familias heteropatriarcales, comunidades neocoloniales y sistemas de gobierno oligárquicos, los cuales hallan una expresión global en la forma de imperialismo, la causa principal de nuestro desbalance ecológico) y construir nuevas instituciones emancipadoras sobre cimientos de solidaridad, justicia, diversidad, equidad, auto-administración y balance ecológico.

A través de la construcción participativa del socialismo, el pueblo se vuelve participativo con conciencia de su propia historia al determinar el carácter y la dirección de las instituciones sociales. Con este concepto de auto-emancipación en mente, nuestra visión de socialismo participativo puede ser construido sobre la base de una evaluación histórica crítica de los éxitos y fracasos de luchas revolucionarias anteriores. Lejos de ser “utópico” o “idealista”, nuestros métodos, análisis, visiones, estrategias y programas deben ser derivados de las posibilidades concretas de nuestra época, y permanecer sujetos a transformación, al tiempo que nuevas lecciones son extraídas de la crítica de experiencias previas y contemporáneas.

Con esta concepción general en mente, ¿qué cualidades particulares podría tener un socialismo participativo de siglo 21?

Economía: Debemos luchar por la creación de una sociedad sin distinción de clases, basada sobre una economía en la que los medios de producción son socializados, los empleos balanceados para un nivel de empoderamiento entre todos los miembros de la sociedad, la labor es remunerada de acuerdo al esfuerzo y el sacrificio, y la asignación es organizada a través de un proceso social, iterativo, en el que los trabajadores y los consumidores, organizados en consejos participativos, negocian de forma cooperada los resultados económicos a través de un proceso de desarrollo, propuesta, revisión e implementación de un plan económico coherente.

Gobierno: Debemos luchar por la creación de un gobierno popular democrático, en el que la legislación social, la implementación y la adjudicación se realizan a través de un sistema de consejos federados participativos. Dentro del contexto de tiempo adecuado, recursos, y educación para la participación individual del proceso político, al igual que medios de comunicación democráticos que ofrezcan un rango de análisis, de programas y opiniones (incluyendo los puntos de vista de grupos de la competencia), una democracia socialista participativa habilitará al gobierno del pueblo (autogobierno) a través de asambleas que deliberen y a través de la eficiente toma de decisiones en una vasta escala de la sociedad. En tal contexto, las fuerzas de seguridad y de defensa de la sociedad estarán directamente subordinadas a este sistema de poder popular.

Familia: Debemos luchar por una sociedad que garantice la libertad plena de reproducción, formas igualitarias de planeación familiar y socialización, y el desarrollo de un sistema de educación sexual y de salud que provea al pueblo con la información y los recursos necesarios para una vida plena y saludable. La creación de nuevos métodos de socialización y de vida que sean respetuosas de las inclinaciones individuales, la naturaleza, y las elecciones cambiará de forma importante las prácticas sexuales e interpersonales de la sociedad, y formas experimentales de paternidad, crianza de menores y vida de hogar (tales como unidades de vivienda colectivas) serán alentadas e iniciará el proceso de desmantelamiento opresivo del papel que juegan los géneros y las normas sexuales. La maduración de la próxima generación, incluyendo educación y trabajo, será desarrollada de forma que priorizan la libertad de los jóvenes para explorar, experimentar y descubrir.

Comunidad: Debemos luchar por cultivar un legado histórico nuevo y una serie de expectativas conductuales entre comunidades nacionales, étnicas, tribales y religiosas y proveer los medios para la preservación y desarrollo continuo de tradiciones culturales. El Intercomunalismo socialista participativo permitirá al pueblo escoger las comunidades que prefieren, y los medios para el entendimiento mutuo y la solidaridad entre diversas comunidades serán promovidos, creando las condiciones materiales para que florezcan nuevas formas de celebración, arte y espiritualidad.

Ecología: Debemos luchar por un balance ecológico a través de la construcción de sistemas económicos y de gobierno que promuevan la sustentabilidad ambiental al llevar a cabo tareas socialmente necesarias, sin desperdiciar recursos naturales o causando destrucción innecesaria al medio ambiente. Propiedad social de los medios de producción, democracia consultiva participativa y planeación económica descentralizada resultará en un uso racional de los recursos de nuestro planeta y priorizará que se encuentren problemas a la crisis ecológica.

Mientras parezca distante su entendimiento, este resumen de visión socialista participativa difiere dramáticamente de gran parte de lo que está construido bajo el nombre de “socialismo” del siglo 20.

Colocar a la revolución global de vuelta en la agenda histórica es una tarea gigantesca, y requerirá de un trabajo arduo por parte de gente revolucionaria que está involucrada en el prolongado proceso de transformación social radical.

El sistema global imperialista necesitará ser desplazado por el poder popular, el cual requerirá de la proliferación de movimientos sociales fundamentales, organización revolucionaria, y la amalgama de los grupos sociales oprimidos en un frente unido.

Mientras el camino a la revolución variará de país a país de acuerdo con el particular balance de fuerzas, un movimiento revolucionario para un socialismo participativo requerirá basarse sobre un cimiento estratégico de principios, si es que ha de tener éxito y evitar las negatividades del socialismo de siglo 20.

-Un movimiento de los oprimidos: Un movimiento revolucionario debe estar basado en un poder de transformación de la multitud de grupos sociales oprimidos.

-Un movimiento que escucha y aprende: Un movimiento revolucionario que busca superar la fragmentación de los oprimidos debe escuchar y aprender de sus experiencias y aspiraciones cotidianas, integrando sistemáticamente estas ideas en un programa de revolución. Solamente adaptando estas prácticas es que los revolucionarios se pueden fusionar exitosamente con la multitud de personas oprimidas.

-Un movimiento que sirve al pueblo: Un movimiento revolucionario que debe defender y avanzar sobre los intereses de los oprimidos, trabajando para retener las ganancias de oleadas pasadas de lucha, peleando por mejorías en condiciones de vida cotidiana y finalmente al inspirar al pueblo a luchar a favor de cambios aún mayores, hasta que una nueva sociedad sea finalmente establecida y estabilizada.

-Un movimiento que perdurará: Un movimiento revolucionario no puede esperar éxitos instantáneos, ya que habrán dificultades y cambios, avances y retrocesos, en el camino al nuevo mundo.

-Un movimiento que respeta la autonomía y promueve la solidaridad: Un movimiento revolucionario debe promover y trabajar hacia la unidad de los grupos sociales oprimidos, mientras también respeta la diversidad y autonomía.

Los pueblos del mundo están muy lejos aún de concretar las aspiraciones de una revolución socialista participativa.

Debemos “Agitar, educar y organizar” dentro de nuestras respectivas naciones y comunidades si es que vamos a reunir las fuerzas necesarias para forjar un pueblo revolucionario, el cual es la única fuerza capaz de sacar a la sociedad del curso que actualmente lleva hacia la autodestrucción y de redirigirla hacia la liberación.

Al enfrentar nuestras realidades de la conjetura actual, la pregunta de Rosa Luxemburg se presenta a sí misma con mayor agudeza: ¿socialismo o barbarismo?


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