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El presidente ecuatoriano Rafael Correa pedirá en la cumbre de Unasur la creación de un centro de arbitraje latinamericano. (Foto: Andes)

El presidente ecuatoriano Rafael Correa pedirá en la cumbre de Unasur la creación de un centro de arbitraje latinamericano. (Foto: Andes)

Publicado 3 junio 2014

Cayó Homs, la “capital de la revolución” en Siria, tituló uno de sus despachos un medio de la gran prensa occidental cuando los grupos armados abandonaron la ciudad, luego de un acuerdo con el gobierno y la ONU.

Para los receptores de este tipo de información, la lectura crea confusión e incertidumbre en cuanto a lo que es realmente una revolución y lo que, como en el caso sirio, se trata de una guerra abierta impuesta desde el exterior con la participación de decenas de miles de mercenarios y financiada y armada desde Estados Unidos, fundamentalmente.

El calificativo mediático de "revolución" no es nuevo, por cuanto más o menos es el mismo que se acuñó cuando Libia fue salvajemente bombardeada y asesinado su presidente, o en la actualidad con lo que sucede en Ucrania.

No olvidemos, algunos años atrás, la llamada “revolución naranja”, también en Ucrania; la “revolución de terciopelo”, en la antigua Checoslovaquia y otras, que, como las de ahora, nunca fueron ni son revoluciones.

Se trata de una aberración semántica y mediática bien manipulada por los centros de poder occidentales, los que “producen” este tipo de “noticia” en función de hacia donde se incline la balanza.

Si, como en el caso sirio, se trata de una victoria del gobierno del presidente Bashar al- Assad, entonces se ignora mediáticamente que lo logrado en Homs fue consecuencia directa de propuestas gubernamentales con la mediación de Naciones Unidas.

Unos 2.000 integrantes de grupos armados salieron de la ciudad rumbo a poblados del norte del país todavía en poder de los opositores. Pero lo que ocultan los grandes medios es la pesadilla dejada allí, los cientos de personas, incluyendo niños y mujeres que fueron masacrados por la metralla de quienes disfrazados de opositores se mezclaban entre mercenarios, terroristas miembros de Al Qaeda y otros.

Siria no vive una revolución, sino la acción de la contrarrevolución, del terrorismo internacional y de un Occidente interesado en ocupar ese estratégico espacio con la mirada puesta en Irán, que sería la próxima víctima.

El valor adicional de lo logrado en Homs, la tercera ciudad más grande de Siria, es que allí se había concentrado la esperanza occidental en su afán por derrocar al presidente sirio y ahora las autoridades locales podrán restablecer el orden y la tranquilidad para sus pobladores.

La gran ofensiva gubernamental luego del fracaso de las negociaciones en Ginebra va restituyendo a la nación árabe su tranquilidad, mientras que una obra colosal espera para levantar las ciudades y pueblos destruidos por la metralla; construir escuelas, hospitales y otros centros que han sido pasto del más despiadado terrorismo.

Lo más lógico y ético sería que la comunidad internacional y las instituciones que la representan, obliguen a quienes han aportado cifras multimillonarias de dólares para armar a los grupos terroristas, a que se hagan responsables de un fondo que permita restañar tanta destrucción.

Homs debe ser solo el comienzo de un plan mayor para que la paz se asiente en todo el territorio de esa nación. Su ubicación estratégica entre Damasco y Alepo y cercana a la frontera con Líbano, es un verdadero bastión que el gobierno debe empeñarse en no volver a perder.

Queda aún Alepo, con algunas zonas bajo el dominio de los grupos insurgentes, que debe ser el objetivo mayor del gobierno de al- Assad, para poder contar entonces con el control de todo el occidente sirio.

En esta estrategia de recuperar el terreno perdido, las fuerzas gubernamentales se han encontrado con grupos como el Frente al Nusra, perteneciente a Al Qaeda, que no ha estado de acuerdo con lo pactado con el gobierno y la ONU, y lo ha expresado con varios ataques terroristas que han dejado decenas de víctimas solo en la última semana.

Todavía en la nación árabe el clima es tenso. Persiste, sin lugar a duda, el interés especial de Estados Unidos de deponer al presidente al-Assad. Pero Siria resiste, convencida de lo imposible de fórmulas negociadas con grupos terroristas, y ha optado por la ofensiva para ganar terreno y prestigio en ese objetivo.

Las elecciones generales podrían ser un termómetro para mostrar el verdadero rostro de un país acosado durante más de tres años por una arremetida terrorista internacional y local.

*Artículo publicado el 8 de mayo de 2014

Fuente: http://bit.ly/1ktpIbc


teleSUR no se hace responsable de las opiniones emitidas en esta sección
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