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Ministros de Comunicación suramericanos participaron en la Cumbre (Foto: La Hora)

Ministros de Comunicación suramericanos participaron en la Cumbre (Foto: La Hora)

Publicado 26 febrero 2014

El demonio está en los detalles, esos detalles en los que abunda cualquier evento social que se precie de tal nombre. Esos detalles pueden ser  invariablemente seleccionados por el medio de comunicación que los promociona para mostrar con sencillez, la “realidad” tras unos eventos complejos.

Cuando los medios de comunicación y las principales cancillerías occidentales se alinean para promocionar un relato compuesto de detalles oportunamente elegidos sabemos que la rueda está en marcha. A partir de ahí intelectuales progresistas, informados exclusivamente por la aquiescencia de sus entornos se alinean reforzando la tesis, ya ni siquiera presunta, de la objetividad del relato.

Rechinan los dientes de la Venezuela que aún llora a Chávez y ha votado por su proyecto 17 veces en 15 años. ¿Otra vez? ¿Otro intento de golpe? Y es que los estratos de mayor poder económico de la sociedad nunca aceptaron que un plebeyo, un hombre del Pueblo, gobernara Venezuela. Para ellos se trata de una cuestión de principios, la democracia según la oposición venezolana es imperfecta, le faltaría el carácter censitario que protegiera al país de la irresponsabilidad de su Pueblo. Lo expresaba mejor Kissinger respecto a la Chile de Allende “No se por qué tenemos que quedarnos con los brazos cruzados mientras un país se vuelve comunista debido a la irresponsabilidad de su propio pueblo”2. Salvo que en Venezuela no cuentan con el apoyo de las Fuerzas Armadas ni los sctores populares.

Y es que desde que Chávez llega a la Presidencia en 1999 la Venezuela Bolivariana no ha vivido un segundo de descanso. Chávez se empeñó en hacer realidad una nueva y genuina forma de avance hacia el socialismo. “o inventamos o erramos” decía Simón Rodríguez y el de Sabaneta inventó. No hubo toma armada del poder, ni dictadura del proletariado para defenderlo, pero tampoco cometió el error de Allende, inerme ante unas Fuerzas Armadas que no comprendía. La de Chávez es la Revolución de la Unión Cívico-Militar y la Democracia Socialista. Y lo logró. Elección tras elección el chavismo venció hasta 17 veces a las poderosas fuerzas de la oposición, que contaron con apoyo financiero, mediático, técnico, económico...

El país se politizó y polarizó y  una tercera parte del país, los más excluidos, se hizo incondicional a su proyecto mientras otro tercio, las clases medias populares se convencía con los hechos de que la de Chávez es una democracia plena y sus avances en lo social incontrovertibles. No en vano el 30% de los jóvenes venezolanos considera a los Consejos Comunales y las Misiones las instituciones que más contribuyen al desarrollo de la sociedad (frente a un 6% que se decanta por la iglesia, por ejemplo o un 18% por las universidades) y el 60% se decanta por el socialismo como el mejor sistema económico (frente a un 21% que lo hace por el capitalismo)3.

Entre tanto el 17% de la población4, clases altas y sobre todo la clase media urbana no alcanzaba a comprender lo que ocurría. Para ellos, que jamás han pisado una zona popular y acostumbran a estilos de vida a la europea, con posibilidades de viajar y estudiar en el extranjero, acceso a los últimos desarrollos tecnológicos y referencias aspiracionales forjadas por la prensa y los mass media hegemonizados por el patrón norteamericano, un Presidente que los obviara, que no los privilegiara y apenas se dirigiera a ellos y especialmente un Gobierno comandado por aquellos que consideran sus inferiores intelectuales5 no podía ser sino un “error histórico”, tal y como lo refería su líder H. Capriles hace tan sólo un par de días6.

Junto a ellos una creciente clase media popular reenclasada y especialmente sus hijos, están suficientemente cerca del “sueño americano” como para permitirse aspirar a vivir como el quintil  más rico y se ven identificados con el discurso dominante, el individualista neoliberal que reza que los pobres son pobres porque no se esfuerzan y por tanto no merecen ningún tipo de discriminación positiva por parte del gobierno.

Autocentrados en los cascos urbanos, en sus cafés, en sus clubes y aún en sus empleos, donde la militancia chavista activa está penada con el despido, la oposición sólo se cuenta a si misma, no se encuentra con el Pueblo y se ve sometida a una brutal disonancia cognitiva entre los resultados que ofrecen las elecciones, en las que el país real “se cuenta” de verdad y el chavismo vence ampliamente (con participaciones de hasta un 80%) y su cotidianeidad.

De ahí que se rebelen contra el “error histórico”. Lo que vivimos no es nuevo. El país vivió las “guarimbas” (altercados callejeros) en 20027, 20048, 20079 y 200910. El país que es mayoría sigue su curso mientras que los barrios del este, de las mencionadas clases medias/altas, se produce desde hace una semana un continuum de cortes de calles y enfrentamientos con una policía que hace esfuerzos denodados para contener grupos de choque radicalizados que cruzan cables de puas a 1,20m de altura y riegan de aceite las vías para descabalgar motorizados (dos muertos ya por esta práctica), arman “miguelitos” (estructuras de clavos para reventar ruedas) y granadas artesanales. Todo un reto para cualquier policía del mundo.

Éstos grupos de choque serían la punta de lanza inconsciente de una estrategia sobradamente conocida, narrada  por  Thierry Meissan11 respecto a similares “golpes blandos” y exportada por CANVAS12 (Centro para Acciones y Estrategias Aplicadas de no Violencia, por sus siglas en inglés), asociación conformada por ex-líderes del movimiento juvenil OTPOR13 serbio, que derrocó a Milosevic y que ahora trabaja con Stratfor, la versión privada de la CIA, en países como Venezuela (tal y como se dio a conocer por los documentos revelados por Wikileaks14).

Pero la impaciencia es mala consejera. Del mismo modo como el sector radical de la oposición ha sido incapaz de esperar al revocatorio que podría convocar en 2015 -uno de los extraordinarios (inédito en su versión presidencial en el mundo)  mecanismos constitucionales de la República Bolivariana de Venezuela para la participación democrática- está siendo incapaz de aplicar la agenda golpista diseñada por CANVAS y superpone la etapa de resistencia pacífica con la de acciones subversivas, cortocircuitando cualquier posibilidad de contagiar a los sectores populares y al conjunto de la población que abomina masivamente de medios no democráticos15.

Su estrategia, que ya ha costado más de 8 muertos y 137 heridos16 entre ambos sectores políticos y una población civil17 que los opositores consideran rehenes de su estrategia, está condenada alfracaso en el corto plazo.

El fracaso también en el medio-largo plazo dependerá exclusivamente de que el Gobierno mantenga la calma, siga la senda adoptada por el Presidente Maduro1 de investigar y erradicar expeditivamente cualquier indicio de abuso policial, y sobre todo se aboque a solucionar las distorsiones económicas por las que pasa el país, continuando la senda de empoderamiento popular, ampliación de la justicia social y perfeccionamiento de los servicios públicos nacidos en Revolución.


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