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El presidente de Honduras, Porfirio Lobo, entregará la Virgen de Suyapa al papa Francisco. (Foto: Archivo)

El presidente de Honduras, Porfirio Lobo, entregará la Virgen de Suyapa al papa Francisco. (Foto: Archivo)

Publicado 12 mayo 2014

Tenemos una progenitora real y otra mítica, simbólica, alegórica.

La madre origina la vida, pero también la determina. Tenemos una progenitora real y otra mítica, simbólica, alegórica. Venezuela es madre superabundante, dadivosa, primordial. La imaginamos mestiza, bella, seductora, diosa, Miss. A veces, autoritaria, devoradora, bárbara, o mejor, Doña Bárbara.

Las mujeres, más necesarias, viven más que los efímeros varones. Entre 2012 y 2015 la expectativa de vida de los venezolanos es de 72 años, y de 78 por ciento de las venezolanas. Todos pueden esperar vivir dos años más que a fines del pasado siglo. Estamos entre los 40 países más fecundos del planeta; pero la tasa de natalidad desciende: para 1960 cada madre tenía en promedio 6,62 hijos; para 2010 son 2,46.

En cambio, la inversión en sanidad mejora: en 1996 llegaba el 3,49 por ciento del PIB; para 2011 alcanza el 5,16 por ciento. Gracias a ello disminuye la mortalidad infantil: hacia 1998, de cada mil niños que nacían vivos, 21,4 perecían antes del año; en 2007 solo fallecen en ese lapso 13,7 de cada mil. 95 por ciento de los venezolanos ven la luz en centros asistenciales; 95 por ciento tiene acceso al agua potable y 93 por ciento a servicios de saneamiento.

Las madres son cada vez más jóvenes. Para 1993 hubo 524.387 alumbramientos, de los cuales 100.118, 19 por ciento, se debieron a madres menores de 19 años; de ellas, 3.866 no llegaban a los 15 años. En 2010, de 591.303 alumbramientos, 130.888 (22,1 por ciento) fueron de madres adolescentes, y 7.778 de menores de 15 años. Según Jorge González, del Fondo de Población de la ONU en Venezuela, la tasa de embarazo adolescente en América Latina es de 20 por ciento; en Venezuela de 23%; al año nacen 8.000 bebés de madres adolescentes.

El mayor número de preñeces de mujeres entre 12 y 15 años se presenta en zonas con población de escasos recursos, sobre todo en Amazonas, Delta Amacuro, Apure y Zulia, donde hay grandes concentraciones de población indígena. El número de embarazos es de 3 a 4 veces mayor entre las adolescentes que no han culminado el ciclo básico. La mayoría desciende de parejas ocasionales y a su vez conciben en uniones poco estables, que no prestarán el mejor apoyo a los descendientes. Durante medio siglo, radio y televisión han impartido una pedagogía según la cual el sexo es seguro pasaje hacia la ascensión social.

Los venezolanos nacen en familias cuya jefatura es crecientemente ejercida por mujeres. Según el Censo, en 2001, 71 por ciento de los hogares era encabezado por hombres y 29 por ciento por mujeres; en 2011 sólo 61 por ciento de los hogares es dirigido por hombres; por mujeres, 39 por ciento. Cada vez ingresan más hembras al mercado de trabajo; la doble función de proveedoras y criadoras problematiza y dificulta la socialización de los niños. La edad promedio de los compatriotas es de 26,6 años. Cada vez más coterráneos deben afrontar las necesidades y los deberes de la adultez.

Los jóvenes venezolanos forman parte de una fuerza laboral que ha crecido desde unos 9.900.000 trabajadores en 1999 hasta unos 13.1655.887 en diciembre de 2013, casi la mitad de la población. Algo así como 53 por ciento de los venezolanos no forma parte de esta fuerza de trabajo: 9,5 por ciento de adultos mayores y 43,7 por ciento de los jóvenes estaría en situación de dependencia.

Jóvenes con necesidades y deberes de adultos, y con dificultades de inserción en la fuerza laboral que los condenan a una situación de dependencia, están sujetos a la tentación de satisfacer sus necesidades mediante la violencia. Durante más de medio siglo los medios de comunicación privados han ejercido otra abrumadora pedagogía que enseña que el delito es el camino hacia bienes de consumo en otra forma inaccesibles. Para hijos e hijas de Venezuela se requiere una contundente acción cultural y educativa que exalte las vías de la solidaridad y del esfuerzo.


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