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Departamento de Defensa de EE.UU. podría reducir número de efectivos. (Foto: Afp)

Departamento de Defensa de EE.UU. podría reducir número de efectivos. (Foto: Afp)

Publicado 21 abril 2014

Los días 6, 7 y 8 de mayo tendrá lugar en Rimini el XVII Congreso nacional de la Confederazione Generale Italiana del Lavoro (CGIL), el más grande de los sindicatos italianos.

Heredero del sindicalismo de clase anterior al fascismo, del sindicalismo de la resistencia antifascista; sin duda, es el que tiene mayor arraigo en la historia de la clase obrera italiana.

Es el sindicato que tras la Segunda Guerra Mundial reunió en su seno el trabajo sindical del Partido Comunista y del Partido Socialista y que, después, siguió todas las involuciones neoliberales de los últimos decenios.

La aceptación del capitalismo como sistema de referencia, la involución reformista y la adhesión al modelo de la “concertación”, es decir, al sistema de cogestión de la política económica burguesa en la fase del cambio neoliberal, constituyen los pilares de esta involución.

Estos últimos años, la CGIL ha asistido , sin oponer ninguna oposición sustancial, a la brutal agresión desencadenada por la patronal y los sucesivos gobiernos italianos contra las condiciones de vida de las trabajadoras y los trabajadores: la congelación de los salarios, el extraordinario crecimiento del paro, la exaverbación de la explotación, la generalización de los contratos precarios, sobre todo entre los jóvenes, el cercenamiento de los derechos sindicales e individuales, el incremento de la edad de jubilación hasta los 70 años...

Durante todo este tiempo, la CGIL optó por no oponerse a esta política económica y social, abandonando una orientación un poco más radical (que por otra parte había seguido en los años 2002 y 2003 logrando bloquear hasta cierto punto la política patronal), a fin de volver a la “unidad sindical” con los sindicatos sumisos a la patronal, la CISL y la UIL.

En el seno de este sindicato, que cuenta con 5.700.000 afiliados (repartidos a partes casi iguales entre activos −es decir, ocupados− y pensionistas), desde la década de 1970 se ha ido formando una izquierda influida por la radicalización juvenil y obrera de 1968-1969.

Esta izquierda sindical ha desempeñado un papel importante, sobre todo en algunos sectores, en particular en la FIOM, la federación metalúrgica, donde a diferencia de la confederación se ha adoptó una política sindical antiliberal, que culminó en la participación de la FIOM en el movimiento antiglobalización de principios de la década de 2000 e, incluso, en las jornadas de Génova de 2001.

Otro hito en la lucha de esta izquierda de la CGIL y de la FIOM fue la batalla contra el proyecto autoritario de la FIAT, que en 2010 impuso a las trabajadoras y trabajadores de la multinacional del automóvil un convenio que empeoraba sus condiciones laborales.

Sin embargo, en los últimos años el radicalismo de esta izquierda sindical se ha ido debilitando parcialmente, adoptando una política en sentido contrario, de “repacificación”, con la mayoría de la confederación.

Esta “reaproximación” a la direción de Susanna Camusso se ha concretado en la adhesión (aunque “crítica”) de Maurizio Landini, el máximo dirigente de la FIOM (además de gran parte de los demás dirigentes de la izquierda sindical de la CGIL) al documento de la mayoría para el XVII congreso.

Sin embargo, un pequeño grupo de dirigentes (para ser exactos, seis en una dirección nacional de más de 150 componentes) no se ha rendido y ha decidido no adherirse a este pacto, presentando de cara al congreso un documento alternativo al de la mayoría, titulado significativamente “El sindicato es otra cosa”.

Se trata de un documento que propone una profunda reinterpretación del sindicato y la adopción de una plataforma de lucha radical tanto con respecto a los objetivos reivindicativos lucha contra la precariedad y contra el desempleo mediante la reducción de la jornada de trabajo, defensa de los salarios con una nueva escala móvil de las retribuciones, recuperación de los derechos cercenados por las contrarreformas neoliberales, defensa de la salud y del medio ambiente en los puestos de trabajo y en el territorio, lucha contra las privatizaciones de servicios públicos, sobre todo en la sanidad y la educación, por una política fiscal que grave a las grandes fortunas, plenos derechos para los inmigrantes) como en la reforma del propio sindicato mediante una profunda transformación democrática de un sindicato fuertemente marcado por una pesada estructura burocrática (12.000 cargos).

En los preparativos del congreso, ante los golpes del grupo dirigente, el pacto entre Camusso y la (ex)izquierda sindical se ha roto en gran medida. Landini y los suyos se han visto obligados a romper (al menos parcialmente) con el grupo dirigente central.

Al mismo tiempo, sus decisiones en este sentido han sido contradictorias y poco claras. Por consiguiente, los resultados del congreso nacional de mayo están en gran medida por escribir.

La batalla librada en los preparativos del congreso por los firmantes del documento ha puesto de manifiesto una gran capacidad militante.

Cerca de un millar de compañeras y compañeros, apoyados por no más de 20 cargos (de los 12.000 con que cuenta la confederación), han explicado las razones del documento alternativo en más de 10.000 asambleas de afiliadas y afiliados en los lugares de trabajo, consiguiendo que alrededor de 42.000 voten a favor de dicho documento.

Es cierto que estos 42.000 votos son una parte muy pequeña de los 1.800.000 declarados (pero no demostrados) por los dirigentes del documento de la mayoría; sin embargo, hay que tener en cuenta la grave crisis de participación en la base de la CGIL, de modo que el número de votantes a favor del documento de la mayoría no merece absolutamente ningún crédito, no más que los que obtiene Putin en sus referendos.

La burocracia se defiende falsificando los datos y los carnets, pero la fuerza de un sindicato se basa en su capacidad para tutelar y mejorar las condiciones de vida y de trabajo de las clases populares y no puede vivir a la larga sobre la base de la falsedad.

El cualquier caso, los 42.000 votos ponen de manifiesto la persistencia en los lugares de trabajo de una importante red de compañeras y compañeros que no se prestan al colaboracionismo con la patronal y los gobiernos filopatronales, a pesar de la masiva propaganda a favor de la resignación que han desarrollado los aparatos burocráticos.

Se trata de un pequeño pero fundamental patrimonio de clase que podrá contribuir decisivamente a la reanudación de una verdadera lucha de clase.

"El sindicalismo es otra cosa"

Este documento ha recogido la adhesión de alrededor del 20% de los votos de los militantes de la CGIL. Este dato es significativo: muestra el peso real de la oposición a la línea y las prácticas de la dirección.

Indica qué habría podido pasar si el Congreso se hubiera celebrado de forma democrática, es decir garantizando condiciones realmente iguales a la dirección y a la corriente “Un sindicato es otra cosa”.

Esta corriente reunida durante la Asamblea de Bolonia el 29 de marzo de 2014, expresa una gran satisfacción por el compromiso de sus militantes voluntarios que permitieron dar a conocer y sostuvieron nuestras posiciones a casi una cuarte parte de los participantes inscritos en el congreso de base en el seno de la CGIL.

Los militantes, que con pasión y compromiso participaron en este congreso, tuvieron que soportar a menudo actitudes indignas de la cultura política de la CGIL. Todas y todos tuvieron que hacer frente a una acusada hostilidad y al boicot por parte del aparato burocrático en lugar de ser reconocidos por su compromiso y su fervor democrático.

Casi siempre se ignoraron las reglas del pluralismo democrático en las asambleas en las que participamos.

Así el vergonzoso fenómeno del “aumento artificial” de los votos modificó en gran medida el desarrollo de los trabajos.
Por esta razón, rechazamos considerar este Congreso y su resultado final, como legítimos. Denunciamos en varias ocasiones que los votos registrados sobre las orientaciones votadas no eran creíbles y que revelaban la falsificación, incluso sin mencionar los fraudes electorales masivos.

Pedimos comprobaciones que se habrían podido realizar tranquilamente. Sin embargo, al haber decidido la mayoría que solo se aplicarían sus reglas, los órganos de vigilancia y el secretariado confederal rechazaron cualquier acto de transparencia. Así que, los dirigentes de la CGIL son directamente y políticamente los responsables de la falsificación de los resultados.

Podemos considerar que todos los resultados son falsos porque incluso el último requerimiento fue rechazado. Se limitaba a solicitar la comprobación mediante un muestreo de 100 miembros de las asambleas confederales.
El resultado oficial que anunció una adhesión del 97% al documento de Susanna Camusso es, por tanto, políticamente y cuantitativamente, falso.

Es la imagen de la crisis democrática de la CGIL, más grave aún porque disimula el descenso de participación de sus miembros en las asambleas. Es lo que pudimos constatar efectivamente en las asambleas en las que pudimos participar.

Se trata del primer Congreso en la historia de la CGIL en el que la mitad de los votos (computados) puede ser considerada como inexistente. Por esta razón, nuestra asamblea del 29 de junio confirmará la decisión de no reconocer los resultados del Congreso y de seguir luchando por la democracia en el seno de la CGIL en el marco de una campaña sindical hasta el próximo Congreso.

La degeneración de la vida democrática de la CGIL aún es más grave porque va acompañada de la firma, el 10 de febrero de 2014 del Texto Único sobre la representación sindical (Texto firmado entre la organización patronal -la Confindustria- y las direcciones de las tres Confederaciones, la CGIL, la CISL y la UIL que permite la extensión del acuerdo Fiat de Pomigliano al conjunto de los trabajadores y trabajadoras en Italia.

Vamos a oponernos en todos los lugares de trabajo y en todas las asambleas de base a la legitimidad de la firma del acuerdo sobre la representación sindical firmado por la CGIL. No nos sentimos en absoluto vinculados a los resultados de una consulta que tiene una transparencia más que reducida y que no dispone de garantías democráticas del Congreso concluyente (en mayo de 2014).

Nos comprometemos a impedir su aplicación y hacerlo no operativo. También pedimos al grupo dirigente de la CGIL-FIOM (metalúrgica) que sean coherentes con sus principios y rechacen la aplicación de este acuerdo (el secretario de la FIOM, Landini, se distanció del acuerdo final sobre la representatividad firmado el 10 de febrero de 2014).

Juzgamos necesario que todas las fuerzas sindicales contrarias a este acuerdo, sean miembros o no de las estructuras de la Confederación, es decir, los otros sindicatos f, como la Unión Sindical de Base, por ejemplo, se comprometan a una lucha unitaria contra el Texto Único.

Solamente con la retirada de este acuerdo podremos abrir el camino para una ley sobre la representación sindical que sea verdaderamente democrática.

Por todas estas razones, nuestra asamblea ha decidido oponerse a este acuerdo (del 10 de febrero de 2014) en el terreno jurídico porque viola la Constitución.

El Congreso iba a ser “unitario” con la finalidad de superar las diferencias gracias a la negociación entre los dirigentes de las diversas federaciones del CGIL. Ahora bien, este objetivo fracasó después de la firma del 10 de febrero.

De hecho, a partir de ese momento, comenzó un segundo Congreso de la CGIL. A continuación, con la llegada del gobierno de Matteo Renzi (miembro del Partido Democrático, salido del centro izquierda cristiano), desde el 22 de febrero de 2014, ha arrancado un tercer Congreso marcado por una autonomía muy limitada de la CGIl frente al gobierno.

A lo largo de estos tres congresos, se puede comprobar la quiebra del proyecto político llamado de las “enmiendas”, consistente en negociar una línea de síntesis mediante la adopción de diversas enmiendas.

Pero las opciones de la mayoría, bajo la batuta de Susanna Camusso, no han podido ser modificadas, al contrario, se confirmaron. En consecuencia, la elección que habíamos hecho de presentar un documento alternativo, se mostró como la única vía posible de responder a la realidad.

Si desde el inicio, los desacuerdos con la deriva del grupo dirigente hubieran podido encontrar una expresión clara, nos podemos imaginar qué diferente habría sido hoy la situación.

En cualquier caso, nuestro documento está dirigido a todas las posiciones críticas y contestatarias en el seno de la CGILL con el objetivo de construir iniciativas alternativas y unitarias.

La Asamblea del 29 de marzo decidió comprometerse desde ese momento como como oposición interna en la CGIL en torno a la plataforma denominada “El sindicato es otra cosa”.

La estructura de base de la organización de esta oposición está hecha con camaradas comprometidos en colectivos de base que estuvieron presentes en las asambleas de base así como de delegadas y delegados elegidos en diferentes niveles.

Estos colectivos regionales van a definir un plan de trabajo, de organización y de intensos contactos con diferentes sectores del mundo del trabajo y con las personas afiliadas a la CGIL.

Una nueva Asamblea, que se celebrará después del Congreso nacional de la CGIl (a primeros de mayo) definirá las modalidades y el campo de estructuración de nuestra oposición. En todo caso, se hará sobre bases totalmente democráticas a todos los niveles.

El contenido de esta iniciativa tendrá como referencia el documento que presentamos como alternativa en el Congreso nacional de la CGIL, puesto que sigue teniendo toda su actualidad.

Seguidamente, nos comprometemos a luchar contra el Texto Único y por la democracia sindical, lo que se traduce de entrada, en iniciar una campaña con puestos de información y una recogida de fondos para financiar el coste de la denuncia presentada en los Tribunales.

Nuestra iniciativa se inscribe en la movilización contra las políticas de austeridad, la reforma laboral, las privatizaciones, los recortes presupuestarios en sectores sociales y las políticas autoritarias del gobierno Renzi.

La subordinación de la CGIL en relación a este gobierno (nuestro adversario) plantea otra vez el problema de la independencia sindical. Hay que denunciar con fuerza los nefastos lazos que mantienen la CGIL y el Partido democrático (PD). Hay que organizar una gran movilización unitaria con los sectores afectados.

Participaremos en todas las manifestaciones de los movimientos sociales contra las políticas de la Troika europea (BCE, FMI, UE) empezando por la manifestación de “Por una casa, un sueldo y un trabajo” que se celebrará el 12 de abril de 2014 en Roma.

Nos comprometemos al lado de los movimientos que se oponen a las grandes obras públicas (el NO TAV, movimiento del valle de Suse contra la línea de alta velocidad; el NoMuos,: el Muos, acrónimo de Mobile User Objetive Sistem, es un proyecto encaminado a crear una red de comunicación del ejército estadounidense una de cuyas cuatro terminales tiene que establecerse en Sicilia, en Niscemi, y nos movilizaremos contra la brutal represión que los golpea.

Nos implicaremos para construir sectores en lucha , sobre el terreno, para dar a entender a quienes luchan por el empleo y rechazan la explotación que no están solos.

¡Nuestra lucha iniciada con ocasión de la preparación del Congreso de la CGIL, continúa!

Fuente: http://www.vientosur.info/spip.php?article8945


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