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La 4T y el juego de suma cero ante el Covid-19

| Foto: Xinhua

Publicado 28 marzo 2020



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Ante el afán de sumar a AMLO en el mismo eje de incompetencia que encabezan los gobiernos de Donald Trump y Jair Bolsonaro, cuyas medidas podrían tener implicaciones desastrosas en el continente frente a la pandemia, no resta más que profundizar en la muy particular coyuntura que atraviesa el país más al norte de la América Latina.

Desde Human Rights Watch (HRW), pasando por la infantil y oportunista oposición partidista mexicana, sectores del empresariado y los medios masivos que han sido antagonistas de larga data, hasta grandes medios más rigurosos, llueven a diario las críticas que ponen en entredicho las decisiones gubernamentales con que el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), cabeza de la llamada 4a Transformación, pretende afrontar la pandemia de la nueva cepa de Coronavirus, COVID-19. Los impulsos coloquiales que tiene el gobernante mexicano son utilizados para amamantar la crítica clasista; algunos lo hacen inconscientemente, a otros les fluye con saña y otros muy pocos han emprendido con sensatez el intento de escudriñar el porqué de tales medidas.

Ante el afán de sumar a AMLO en el mismo eje de incompetencia que encabezan los gobiernos de Donald Trump y Jair Bolsonaro, cuyas medidas podrían tener implicaciones desastrosas en el continente frente a la pandemia, no resta más que profundizar en la muy particular coyuntura que atraviesa el país más al norte de la América Latina.

La Secretaría de Salud Federal arroja en cifras -hasta el momento en que se escriben estas líneas- un total de 12 fallecidos (83% varones y 17% mujeres) cuyas complicaciones de salud fueron relacionadas al tabaquismo, insuficiencia hepática, asma, obesidad, diabetes e inmunosupresión. Asimismo, informa que hay 2475 casos sospechosos y 717 contagios confirmados (principalmente importados), concentrados en Puebla, Jalisco, Yucatán, Quintana Roo, CDMX y Estado de México.  Este escenario oficial arroja que el COVID-19 solo es el telón de fondo de la construcción de una tormenta perfecta para la 4T.

Las comparaciones son ociosas si el objetivo es apuntalar persuasiones ideológicas. Los efectos del COVID-19 para las economías como la mexicana resultan muy lacerantes. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) estimó este viernes 27 de marzo que, si México detiene sus cadenas de producción para atajar la curva de contagio y no saturar su sistema de salud, es decir, aplicar las duras medidas de confinamiento total, la caída de la producción sería del 29%. Esta es una cifra escandalosa si se la compara con la de países que han sido epicentro de la pandemia como China (19%), Italia (26%) y Estados Unidos (25%), así como la de Brasil y Argentina (ambos con un 20%). La explicación radica en la carga que tienen para la economía unos u otros sectores. Tal es el caso del sector turismo que, según cálculos, caerá hasta un 70% durante la crisis. Para hacernos una idea más general: un solo mes de confinamiento total en México puede hacer caer dos puntos porcentuales el Producto Interno Bruto (PIB) anual. Si consideramos que el año 2019 no fue benéfico para la economía mexicana, puesto que lejos de cumplirse la promesa de AMLO de crecer al 4%, hubo en su lugar un crecimiento negativo de 0.1%, según números del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI), queda a la vista un panorama cuando menos preocupante.

Aún hay más: el desempleo creció 3.4% en la población económicamente activa (PEA) el cuarto trimestre del año pasado (INEGI). La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo arrojó que el 57.8% de la PEA tiene empleos informales, además México tiene a 52 millones de habitantes que viven por debajo de la línea de pobreza y casi 10 millones en extrema pobreza; según cifras del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL). Hay que agregar que la guerra petrolera entre Rusia y Arabia Saudí, ha llevado al precio de la mezcla mexicana hasta los 13 dólares (al cierre del 27 de marzo), esto nos impacta de lleno al ser un país petrolero. Asimismo, anexemos la baja nota crediticia que la calificadora Standard and Poor´s (a la cual se suman los embates de Moodys y J.P. Morgan) acaba de prescribir a México y su paraestatal petrolera. Los intentos por desmembrar a la muy endeudada petrolera estatal son incesantes.

La emergencia no solo es sanitaria, también radica en la capacidad de exponer que este conjunto de variables, la gran mayoría externas a la actual crisis pero que mezcladas con problemas de orden interno, como la violencia en todas sus expresiones, no obedecen exclusivamente a la incapacidad e irresponsabilidad del mandatario de cara a la pandemia, pero pueden desembocar en un escenario lamentable debido a que nutre de forma notable el rempoderamiento de sectores empresariales y políticos adversos a la 4T que muy seguramente, con las miras puestas en las elecciones intermedias del año entrante, condicionan desde ya apoyos políticos con base en ajustes de cuentas, como lo hace notar Julio “Astillero”. De perder su mayoría en las dos cámaras federales estará maniatado el resto de su sexenio.

La mañana del 24 de marzo, el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell Ramírez, anunció que México entraba a fase dos de la contingencia por la pandemia, en tanto una noche antes la OMS hacía lo propio al registrar que México ya tenía casos de trasmisión local. Respondían así a los embates maratónicos del sector empresarial, la oposición partidista y medios masivos nacionales e internacionales, que tenían ya largo tiempo comparando las respuestas gubernamentales en otras latitudes. El plan para la fase dos -se supo en el anuncio del subsecretario- consiste en la jornada nacional de sana distancia, cancelación de eventos masivos y protección a grupos vulnerables. Al tiempo, vía decreto presidencial, se determinó que los adultos mayores irían a resguardarse en sus domicilios con prestaciones de ley y goce de sueldo y se adelantaron dos pagos de los apoyos económicos  gubernamentales dirigidos a este sector de la población (correspondientes a 4 meses). Esto en contraste con las medidas tomadas por grupos empresariales como ALSEA (dueño de marcas como Starbucks, Domino´s Pizza, Vips, Burger King, entre otras) que había promovido la “ausencia voluntaria sin paga” por 30 días a sus empleados. Asimismo, lo publicado en el Diario Oficial de la Federación (DOF), busca como estrategia gubernamental que la carga de enfermedad esperada no se concentre en unidades de tiempo reducidas, garantizando la atención médica para todos los casos graves. Días antes el secretario de educación había anunciado que todos los niveles educativos se ausentarían de las aulas por el término de un mes a partir del 20 de marzo.   

Es decir, muy al contrario de lo que se ha extendido, no estaban negando el panorama ni su gravedad. Su objetivo no ha sido otro que el de mantener la curva de contagio lo más plana posible sin desatender la coyuntura económica, aunque esto signifique que la contingencia sea aún más larga. Es un juego de suma cero para la 4T. Gran parte de los apoyos sociales que la administración obradorista ha consolidado, están basados en esta estrategia de la teoría de juegos debido al contexto.

El reto reposa en conseguir el cumplimiento de la sana distancia y el aislamiento voluntario sin aplicaciones punitivas para pasar a la fase tres que ya tiene como fecha de inicio el 19 de abril. Es un escenario complicado, por un lado está la derecha acechante que espera ansiosamente que AMLO decrete Estado de excepción para acribillarlo a base de críticas y, por el otro, se encuentra una izquierda social preocupada porque esto se convierta en un impulso más de la militarización que lleva años creciendo en México y de la que el mismo AMLO, hace apenas un año, ha sido blanco de fuertes detracciones al constituir la Guardia Nacional. El mandatario apela a que de verdad el pueblo salve al pueblo. Las respuestas del mandatario fueron las siguientes: solo médicos y enfermeras militares saldrán a atender la contingencia en el Plan DN-III-E y en Plan Marina (aunque la Defensa Nacional y la Marina tomaron control de los hospitales inconclusos en el país y promueven la contratación de médicos y enfermeras civiles), no se tratará como asunto de seguridad a la pandemia y la Guardia Nacional no formará parte del proyecto.

El tema económico y empresarial merece un renglón aparte. Para ello la estrategia promovida desde el gobierno ha consistido en adelantar pago a proveedores para garantizar liquidez, avalar el superávit fiscal primario -es posible que el balance fiscal primario se lleve a cero para que con el excedente se creen paquetes de estímulos fiscales (propuesta apoyada por el Consejo Coordinador Empresarial)-, transferencias fiscales específicas y promover un esquema de refinanciamiento por parte de los bancos a las empresas. La Secretaría de Hacienda y Crédito Público lleva días ofreciendo permutas hasta por 40.000 millones de pesos, en la que intercambiará títulos gubernamentales de plazos mayores a dos años. Para las pequeñas empresas se otorgarán un millón de créditos para hacer frente a la crisis económica; los créditos serán de 25 mil pesos con tres meses de gracia para comenzar a pagar y tres años de plazo para concluir. Los créditos tendrán una tasa de interés del 6,5% anual, es decir, la que corresponde al Banco de México, como bien rescata y explica el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG). 

Además, fueron inyectados 20 mil mdd al programa de cobertura cambiaria liquidable, para contener la depreciación del peso frente al dólar que ya es del 29.63% y el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) se ha mantenido (muy a pesar de las críticas que provocó el video donde AMLO dijo que su gobierno decidió bajar el costoso de la gasolina, cuando este depende directamente del precio del petróleo). El éxito de esta estrategia dependerá de la posición que tome el empresariado, que vale decir no es homogéneo. Algunos, como los que se aglutinan en la Confederación Patronal de la República Mexicana (COPARMEX), han respondido rabiosos, otros aprovechando escenarios muy particulares como la cancelación de la cervecera Constellation Brands (en Mexicalli, Baja California, producto de una Consulta Ciudadana) se han sumado a los gritos que acusan las medidas de insuficientes y a los señalamientos de que la 4T ahuyenta la inversión, promoviendo, por un lado la política de miedo que soporta la repetición incesante en los medios masivos de difusión de infectados y fallecidos y, por otro lado, valiéndose de que el alto apoyo con el que aún cuenta el mandatario es un sostén, en general, no organizado. Otros empresarios como Carlos Slim (Grupo CARSO), Carlos Salinas Pliego (Grupo Salinas), Germán Larrea (Grupo México), Grupo Modelo y Cinepolis se adaptan al discurso gubernamental. 

Lo cierto es que AMLO se ha mantenido –hasta el día en que se redactan estas líneas- en la posición de no rescatar a la Iniciativa Privada con dinero público como ya lo han aprovechado otros gobiernos. También ha dicho públicamente que no solicitará deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI). En política exterior la 4T sigue pugnando por los principios de la no intervención y la autodeterminación de los pueblos que dicta la Doctrina Estrada, en contraste con la canalla actuación del gobierno estadounidense que en plena epidemia ataca al gobierno venezolano y bloquea acuerdos médicos de Cuba con naciones europeas como Italia, o la mezquindad con la que han actuado algunos gobiernos latinoamericanos como el chileno, brasileño y colombiano. Desde el discurso se ha cuidado de no alentar el racismo ni la xenofobia (como lo mencionó AMLO en la reunión virtual del G20) y evita una narrativa guerrerista. Si su juego de suma cero resulta victorioso, será uno de los mayores triunfos políticos en el hemisferio y lo posicionará como un reflector de la recuperación económica que, paradójicamente para los neoliberales, debe despegar desde las tesis keynesianas –tal vez acompañado por Alberto Fernández en Argentina, cuyas medidas han servido para consolidar su legitimidad -. De lo contrario será un desastre de inmensas proporciones en un país cuyas víctimas potenciales de contagio del SARS COV2 son 96 millones de habitantes con sobrepeso y otros 9.6 millones con diabetes; con una pirámide poblacional que puede afectar principalmente a los jóvenes cuya media de edad es de 29.3 años (gran parte de la PEA), que de contagiarse serán atendidos en un sistema de salud que ha sido desmantelado paulatinamente en sexenios anteriores y que, a decir verdad, no ha encontrado en la 4T su mejor administrador. Las 3 mil camas para terapia intensiva y los 5 mil respiradores iniciales serán insuficientes.  

Todo lo anterior nos dicta que las dinámicas de acumulación han sido trastocadas y que el contagio por COVID-19 y sus consecuencias peores parecen ser la menor de las preocupaciones para la gran mayoría de la población mexicana (también están atravesadas las subjetividades que nos dejó la pandemia del A H1N1 yace poco más de una década atrás). AMLO, y su gobierno, tienen sobre la mesa un híbrido de complicaciones que si no se aborda con el cuidado necesario podrían no solo sepultar las aspiraciones de su gobierno sino trascender lapidario para el abanico de izquierdas en América Latina.     


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