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El golpe fue impulsado por el entonces presidente Juan María Bordaberry (Foto: Archivo)

El golpe fue impulsado por el entonces presidente Juan María Bordaberry (Foto: Archivo)

Publicado 6 marzo 2014

Los hombres que dejan una huella imborrable en la historia de su tiempo, lo hacen por comprender en profundidad los fenómenos que acaecen en la sociedad y las causas que lo generan.

Así en el padre de la patria, Simón Bolívar, se dieron condiciones que le crearon inquietudes e hicieron de él un hombre sensible, valiente y estudioso, pudiendo interpretar con acierto la realidad opresora del colonialismo español.

Esa condición atípica de su personalidad fue posible por la muerte temprana de sus padres, los prodigios afectivos de una esclava, la negra Hipólita, la adopción de su abuelo materno, don Feliciano Palacios, y después de su muerte, por su tío Carlos Palacios, quienes le propiciaron una esmerada formación, con educadores connotados como Andrés Bello, el padre Andújar y don Guillermo Peldrón, ellos, le enseñaron las primeras letras y posturas éticas frente a la vida. Recibió cursos completos de matemática, equitación, esgrima y danza.

Hizo carrera militar en el batallón de cadetes de los Valles de Aragua. Su gran maestro fue Simón Rodríguez, con el que hizo empatía y del que aprendió a escribir correctamente y lo condujo a mantener ideales republicanos.

En su tercer viaje a Europa en 1804, conoció a los enciclopedistas y las ideas de la Revolución Francesa, cuyo lema era “igualdad, libertad y fraternidad” representados por Juan Jacobo Rousseau, en su magna obra “el contrato social”. En París, acompañado de don Simón, pudo ver con indignación la coronación de Napoleón Bonaparte, traidor de la causa republicana.

Sus familiares, los Bolívar y Palacios, contaban con bienes de fortuna y propiedades. Bolívar a pesar de proceder de un hogar aristocrático, su elevada conciencia social, le permite asumir grandes retos y sacrificios, a favor de la independencia latinoamericana.

Entre los padecimientos a que se sometió y decisiones difíciles que tuvo que tomar, están: los rigores de la guerra, atentados contra su vida, el decreto de guerra a muerte, el fusilamiento de Piar, el paso de los Andes, fatigantes travesías a caballo, traiciones de sus generales, donación de sus propiedades, angustias y enfermedades.

Por encima de sufrimientos y dolores, se antepuso, el desprendimiento personal, una férrea voluntad, aguzada inteligencia y su convicción igualitaria, democrática y antiimperialista.

Luchó contra la esclavitud y defendió la causa de los pueblos indígenas. De su espada nacieron seis repúblicas, y aunque, su intento de unión latinoamericana, el Congreso Anfictiónico de Panamá (1826) fue saboteado por ingleses, norteamericanos y oligarquías regionales, quedó como un objetivo a lograr en el devenir del tiempo.

Las oligarquías de los países que liberó y que se hicieron del poder después de su muerte, hacen del Libertador una figura épica, endiosada y ceremonial, que muestran en aburridas fiestas patrioteras, ocultando sus ideales independentistas y justicieros. .
Latinoamérica, producto de las divisiones internas y guerras fratricidas, propiciadas por los imperialismos sajones, y sometida por gobiernos entreguistas y dependientes, se fue depauperando y empobreciendo de manera progresiva hasta tocar fondo.

Muchos gobiernos progresistas trataron de revertir esta situación, pero fueron víctimas de golpes de Estado e invasiones por los marines gringos.

Sólo la Revolución Cubana, con el Comandante Fidel Castro a la cabeza, pudo salir airoso en la confrontación con el imperialismo. Debido a su liderazgo, la unidad y conciencia del pueblo cubano y al apoyo decidido – en su momento- de la Unión Soviética. Pero sometida a sabotajes y bloqueos económicos y diplomáticos, que neutralizaron todo su potencial internacionalista y revolucionario. Dejando al mundo su ejemplo y dignidad como pueblo.

En el marco de la abulia y la desesperanza, producidas por la caída del muro de Berlín y la desaparición del llamado “socialismo real”, en la década de los 90 del siglo XX, surge de los cuarteles de Venezuela, la figura carismática y libertaria de Hugo Chávez Frías.

Chávez, oriundo de Sabaneta, pueblo de Barinas en Venezuela, hijo de maestros rurales, a diferencia del Libertador, nació en un hogar pobre y con acentuadas necesidades materiales. Las ocupaciones de sus padres, hicieron posible qué el niño, pasara gran parte del tiempo con su abuela paterna, Rosa Inés Chávez, quién le enseñó a leer y a escribir antes de ingresar a la escuela. La disciplina, respeto a los mayores y la honestidad, le impusieron como valor esencial.

De sus padres y Rosa Inés recibió mucho afecto. Su abuela Rosa le contaba leyendas de la guerra federal y del imaginario de la sabana. Fue monaguillo y vendedor de dulces de lechoza (“arañas”). Como todo niño llanero, jugaba trompo, perinola y metras, pero su gran pasatiempo, fue el béisbol. Conocía los “espantos de la sabana”: la bola de fuego, la sayona y el silbón. Cantaba música llanera y mexicana. Era alegre y de buen humor, juguetón, tratable y cariñoso. Haber tenido una infancia lúdica, le permitió poseer autoestima e iniciativas propias, tomar decisiones rápidas y liderar grupos.

El gran mentor intelectual de Hugo Chávez, fue José Esteban Ruiz Guevara, conocido comunista de Barinas, culto, autodidacta, escritor, estudioso de la historia regional, la guerra de Independencia y Federal, los clásicos del marxismo y los grandes pensadores revolucionarios. Chávez, lo conoce en Barinas cuando se va a estudiar bachillerato en el Liceo O´leary. De su amistad con Ruiz Guevara, surge el contacto con los libros, la pasión por el estudio y el interés por las luchas populares inducidas por las injustas relaciones de producción del capitalismo.

Al llegar al cuartel detrás del béisbol, se da cuenta de su pasión por las armas y empieza a estudiar en profundidad historia, y a tomar conciencia de las necesidades del pueblo, de la dependencia económica y cultural y del saqueo de las riquezas del país por empresas extranjeras. Comienza a acariciar ideas libertarias y a luchar por una nueva independencia para Venezuela, tomando como íconos, al educador Don Simón Rodríguez, al Libertador Simón Bolívar y al Gral. del pueblo soberano y agrarista, Ezequiel Zamora, lo que llamó “el árbol de las tres raíces”.

En el ejercito, crea con otros oficiales el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 y en y en 1982, frente al Samán de Guere, Aragua, se juramenta prometiendo luchar contra la corrupción y la pobreza de Venezuela, emulando al padre de la patria cuando en el Monte Sacro juró zafarse de la dominación española. En 1.994, recién salido de la cárcel, visita la Habana y desde entonces, nace una gran amistad con el pueblo cubano y con Fidel, quién se convierte en su amigo y guía político hasta el momento de su muerte. Al igual que Francisco de Miranda y el Libertador, Chávez, soñó con una patria grande y unida, con inclusión de los indígenas, negros, campesinos y trabajadores. En su gestión de gobierno en Venezuela, reinvindica los derechos de la tercera edad, niños, mujeres, discapacitados y da prioridad a salud, alimentación, deportes, educacióncultura. En política internacional apuesta a la integración de los pueblos (Celac, Unasur, Alba, etc ).

La independencia, la lucha por el socialismo del siglo XXI, el país potencia, la conquista del mundo multicéntrico y pluripolar y la preservación de de la vida en el planeta, es el gran derrotero trazado por el líder, a lograr en 6 años para el avance de la Revolución. Hoy el Plan de la Patria, es ley de la República.

Bolívar y Chávez, vuelan juntos por la eternidad y el Corazón de los Pueblos!

(*): Presidente de la Escuela de Formación Política Ludovico Silva de Venezuela.


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