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El comité está integrado ahora por 29 Estados miembros de la ONU y encabezado por Ecuador, con Cuba y Sierra Leona como vicepresidentes y Siria en el puesto de relator. (Foto: Archivo)

El comité está integrado ahora por 29 Estados miembros de la ONU y encabezado por Ecuador, con Cuba y Sierra Leona como vicepresidentes y Siria en el puesto de relator. (Foto: Archivo)

Publicado 25 mayo 2014

La captura de Andrés Sepúlveda, el hacker-espía al servicio de la campaña presidencial de Oscar Iván Zuluaga, que al mismo tiempo operaba para las Fuerzas Armadas del Estado Colombiano y podía ser un mensajero de la CIA, la DEA o entidades similares de los Estados Unidos ha despertado un sinnúmero de comentarios que se han concentrado en el tema del espionaje. Son contados los análisis que resaltan otros aspectos de tipo ideológico y cultural, y revelan la mentalidad del individuo mencionado, que no es ni mucho menos algo excepcional, sino la clara expresión de eso que hemos denominado una “cultura traqueta”, que forma parte del fascismo social que se ha impuesto en Colombia en las últimas décadas. Por tal circunstancia, se requiere un examen sobre esos recónditos aspectos ideológicos y culturales, que ayudan a entender en gran medida el tipo de mentalidad de extrema derecha, clasista, racista, sexista, anticomunista y criminal que se ha consolidado en este país.


Propaganda para rendir culto a los "nuevos héroes"

Cuando fue detenido Carlos Andrés Sepúlveda repetía en forma insistente a los miembros de la Fiscalía que lo había capturado “soy un héroe, soy un héroe”. Esto puede resultar extraño e inexplicable para alguien que no viva en Colombia y que no haya tenido que soportar la horrorosa campaña de propaganda desplegada por el Estado para mostrar una imagen positiva de las Fuerzas Armadas, sobre todo después de que se descubrieron los crímenes oficiales que fueron bautizados con el eufemismo de los “Falsos Positivos”. En efecto, durante el gobierno militarista de Álvaro Uribe Vélez se dio inició a la campaña “Los héroes si existen”, que cubre varios frentes de propaganda, tales como la publicidad por televisión, realizar pruebas deportivas y convertir el 19 (20) de julio en el día de los héroes.
En la televisión se puso en marcha una invasiva y costosa campaña de publicidad de seis comerciales, cada uno de un minuto de duración, en los que se muestran a miembros de las Fuerzas Armadas como valerosos y sacrificados hombres al servicio de la población, que se baten para defender la patria de la acción de los malvados y “terroristas”, con el lema “los héroes en Colombia si existen”. Esos mensajes se han repetido miles de veces todos los días y a todas horas por televisión con el objetivo de limpiar la imagen de un ejército responsable de miles de asesinatos y de presentar a sus miembros como seres heroicos –muy a la usanza de los Estados Unidos, lo que no es nada casual– que se baten contra un enemigo implacable, sacrificándolo todo, eso sí, sin decir cuántos millones de pesos del presupuesto nacional gastan en esa publicidad engañosa, que proviene de los impuestos que pagan los habitantes de este país.
Un segundo frente de propaganda se da en el terreno deportivo con la realización de una competencia atlética, denominada “la carrera de los héroes”, que es organizada por una entidad que tiene el significativo nombre de Corporación Matamoros (no sería mejor llamar Matapobres) que pertenece al Grupo Social y Empresarial del Ministerio de la Defensa Nacional, que difunde el mensaje que esa competencia se hace en honor de los que no salieron corriendo porque “dieron la vida en un lugar apartado de Colombia, peleando hasta la última gota de sangre contra el enemigo agazapado y feroz, y defendiendo un puesto de policía, una trinchera, un cambuche improvisado para plantar la bandera de la Patria”i. Lo interesante estriba en que, con todo el presupuesto que tiene el Ministerio de Defensa (léase de Guerra) que consume 27,5 billones de pesos anualmente, quienes quieran participar en la prueba atlética deben pagar una inscripción de 50.000 pesos (unos 25 dólares) y se afirma que “los recursos obtenidos en este evento serán invertidos en la educación de 500 soldados heridos en combate y en la rehabilitación, a través del deporte, de 300 soldados que pertenecen a la liga de militares con discapacidad”ii. Aparte, entonces, de los monumentales recursos económicos que devora el presupuesto de guerra, se les debe financiar por separado la educación y cuidados de los soldados heridos. Como quien dice son héroes para hacer propaganda con ellos, pero en la vida real el Estado y sus Fuerzas Armadas los tiene olvidados y abandonados como a cualquier colombiano del montón.

Un tercer frente de propaganda se sitúa en el plano de la apropiación de una fecha simbólica en la historia de Colombia, como lo es el 20 de julio, cuando se conmemora el día de la independencia nacional. Aunque no sea exactamente ese día, sino el anterior, cuando se celebra por Ley de Estado (La 913 del 2004) el “Día de los héroes de la Nación y sus familias”, está claro que el objetivo es apropiarse del día de la independencia, expropiándole su carácter de acto de liberación nacional, para convertirlo en una apología vulgar a las Fuerzas Armadas, con lo cual además de tergiversar la historia, éstas se presentan como las continuadoras de la gesta independentista. Esto puede verse en la propaganda desplegada por una Fundación que se autodenomina Colombia Herida y que precisa que para honrar ese día los colombianos deben sacar la “bandera el 19 de julio, ponerle un listón negro en señal de duelo. Y el 20 de julio quitar ese lazo negro para iniciar la celebración de la independencia. El hecho es que no habría esa libertad si no hay gente dispuesta a dar la vida por esas ideas”. Como para que no quede duda del abuso de historia y de memoria que cometen conscientemente los impulsores de esta celebración se sostiene que al realizar el “Concierto del Primer Grito”, “cuando la bandera llega al tope, a media noche, comienza un espectáculo de fuegos pirotécnicos y los asistentes dan el primer grito de independencia del 20 de julio. De esa forma se vincula el sacrificio de quienes nos dieron la independencia con quienes nos la defiende y se hace la transición de un día de recogimiento a un día de júbilo”iii. Esta es una burda tergiversación de la historia y una expropiación de la memoria colectiva de la nación colombiana, al confundir la lucha independentista con la entrega del país al imperialismo, acción en la que la Fuerzas Armadas cumplen un papel central y protagónico, puesto que no sorprende que en las mismas páginas de propaganda del Ministerio de Defensa (sic) en las que con un tono patriotero aparece la alusión a que Los héroes si existen, se proporcione inmediatamente la noticia que “ Acuerdo que se negocia con Estados Unidos busca mejorar la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo” , que
no es otra cosa que la puesta en marcha de las bases militares que se le concedieron al amo del norteiv.

En resumen, la palabra “héroes” se ha difundido por parte del Estado y de las Fuerzas Armadas en los últimos diez años con la clara intención de lavar su deteriorada imagen ante la población y de posicionarlos como “salvadores de la patria” para justificar el cuantioso presupuesto que consumen, los privilegios de los que disfrutan (la milicia es el primer renglón en empleo del país), su incondicional postración ante los Estados Unidos, su visceral anticomunismo, y todos los crímenes que las tropas han cometido y cometen en el territorio colombiano, y fuera de él, como ha sucedido en numerosas ocasiones, en Ecuador, México o Venezuela.

Un elemento que caracteriza a los “héroes” de Colombia es que cuentan, como James Bond el Agente 007, con “Licencia para Matar”. Dicha licencia incluye no sólo la muerte física de aquellos que son vistos como enemigos, sino también el linchamiento público, mediante la calumnia, la difamación y la mentira de los “civiles” que son considerados como “aliados de los terroristas”, labor que siempre ha realizado el Ejército colombiano desde hace más de 60 años, pero que se ha visto fortalecida con el apoyo de personajes siniestros de las clases dominantes, que aplauden los crímenes oficiales, los apoyan y felicitan a los criminales por su “acendrado patriotismo”. Al respecto solo basta recordar que un ex presidente de la República justificó el asesinato de humildes habitantes de Soacha por parte de miembros del Ejército –dentro del planificado proyecto de los “falsos positivos”-, diciendo que aquéllos habían muerto en combate porque no “eran seguramente unos angelitos recolectores de café”.

De este uso desmedido de la palabra “héroe” por parte del Estado y de las Fuerzas Armadas a toda hora y lugar se ha generado la idea que cualquier individuo –sea militar o civil– puede serlo sin mucho esfuerzo y realizar acciones heroicas por el “bien de la patria”, entendidas como aquellas que replican y reproducen la lógica anticomunista y contrainsurgente que se ha implantado en el país, en la cual todos los gatos son pardos, es decir, enemigos de los héroes, llámense, campesinos, sindicalistas, indígenas, líderes populares, intelectuales críticos, estudiantes inconformes o que simplemente duden de las mentiras del establecimiento.

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