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Ambos negociadores se comprometieron en retomar diálogos en franca y absoluta disposición. (Foto: Reuters)

Ambos negociadores se comprometieron en retomar diálogos en franca y absoluta disposición. (Foto: Reuters)

Publicado 22 abril 2014

En junio o julio de 1999, a propósito de un taller periodístico que sería dictado a comunicadores latinoamericanos, visité Cartagena.

Durante una semana compartí con colegas de diferentes nacionalidades, incluyendo a quienes integraban la directiva de la institución organizadora del evento: la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, instaurada en la hermana república de Colombia cinco años antes por Gabriel García Márquez.

Desde el primer día, como era lógico, buena parte de los asistentes no disimuló el deseo de que el propio Gabo se uniera al grupo, anhelo que no gozaba de garantías algunas para su concreción según dejaban ver los anfitriones.

Confieso que mi entrega y dedicación a las actividades que me llevaron a la costa neogranadina no me dieron espacio –qué limitado fui-- para pensar, codiciar o rechazar el asunto pese a que también fui permeado por el delirio de adquirir, como lo hicieron todos y todas, un texto de autoría del aracateño. Desde entonces poseo la recopilación titulada Cuentos 1947-1992.

Radiante y sentida energía embargó los espacios del recinto cuando, en la última tarde del curso, el Nobel de Literatura 1982 se sentó junto a nosotros. En corto tiempo le hablamos y nos habló de todo. Venezuela y Hugo Chávez fueron corto pero serio centro de su atención luego de mi pregunta ante su trabajo El enigma de los dos Chávez, publicado en febrero luego de una “cola” que el Comandante le diera desde La Habana a Caracas en febrero de ese año.

De mi memoria escapó, lamentablemente, su respuesta. No obstante, muy fresca permanece aún --para la eternidad-- la tinta que convertida en palabras inscritas con su puño y letra, estampó sincera y nítidamente en la primera página de “mis” cuentos.

“Para Warao, de su tío, Gabriel/99”, apuntó antes de regalarme una indiscutible sonrisa barnizada de complicidad ideológica-chavista.

Desde entonces, mi hijo Warao tuvo a un singular tío. Él, a un desconocido hermano que encuentra en la tesis materialista la razón de su inevitable partida física.

¡Chávez vive…la lucha sigue!

Fuente: http://www.ciudadccs.info/?p=555620


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