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Los presidentes Nicolás Maduro y Michel Martelly, durante rueda de prensa en Puerto Príncipe (Foto: teleSUR)

Los presidentes Nicolás Maduro y Michel Martelly, durante rueda de prensa en Puerto Príncipe (Foto: teleSUR)

Publicado 4 marzo 2014

Aunque el curioso fenómeno de las guarimbas, destructiva forma de “protesta” ejecutada por grupos de estudiantes, que más parecen vándalos que verdaderos universitarios, ha copado la escena de los últimos días, insistiremos en el desarrollo de los equilibrios de la política económica, porque como hemos dicho en otras oportunidades política y economía lejos de ser parcelas incomunicadas, son campos que se entrelazan.

Las autoridades han señalado que realizan esfuerzos importantes para retomar el equilibrio cambiario que encabeza a otros cuatro: el de la importación-producción-consumo, el del gasto-ahorro e inversión, el de los precios y el financiero.

Con respecto a la importación-producción-consumo hay que tener presente que el modelo venezolano adolece de un fuerte sesgo importador por su condición de economía capitalista-petrolera-dependiente, que también se conoce como rentismo. Esto quiere decir que históricamente, la mayoría de las cosas que consumimos no se producen acá y lo poco que se produce también depende de importaciones de materia prima, tecnología, piezas y componentes que se hacen en otras naciones. Ése es un desequilibrio estructural.

En promedio, la economía venezolana realiza importaciones anuales de entre 55 y 65 millardos de dólares, una cifra descomunal. Colombia, sociedad azotada por el paramilitarismo, el narcotráfico, la guerra social y con una población casi 20 millones mayor a la nuestra, mantiene sus importaciones ligeramente por encima de los $ 40 millardos. No se trata de comparar peras con manzanas, pero sí es necesario que hagamos un esfuerzo mayor por canalizar las divisas hacia aquellas actividades y productos realmente indispensables. El Estado debería reforzar el control cambiario con un férreo control de aduanas y un sistema referencial de precios internacionales; serían buenas medidas contra la apátrida especulación cambiaria.


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