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Numerosas conferencias y mesas redondas analizarán el golpe (Foto: Archivo)

Numerosas conferencias y mesas redondas analizarán el golpe (Foto: Archivo)

Publicado 6 marzo 2014

Me llamo Hugo Rafael Chávez Frías, nací en Sabaneta, un pueblito rural, del estado Barinas, el 28 de julio de 1954. La pobreza me resultó familiar desde mi nacimiento. Con mi hermano Adán, acorralados por la miseria, nos fuimos a vivir con la abuela Rosa Inés, madre de mi padre. Esto me marcó positivamente para siempre; aquí radica la fuente de mi conducta. Mi mamá-abuela, “tenía esa inteligencia innata de nuestro pueblo”, venía de la misma miseria que mis padres, y me legó conductas humanas que se me adentraron en el alma, y ahora que estoy con ella, he podido agradecérselo.

“ELLA ME DESCUBRIÓ ANTES DE TIEMPO, ME INTUYÓ”. Así, se fue fortaleciendo en mí, mi amor por los otros, en particular por los pobres, por los niños, por los ancianos. Siempre fui, el mismo de siempre. A pesar de ser buen estudiante, a duras penas, pude sacar la escuela primaria. La vida me hizo UN DISPOSICIONERO, de lo que frecuentemente se quejaba mi abuela, pues desde niño fui, “El hombre de las dificultades”, como mi padre histórico: El Libertador Bolívar.
El deporte favorito de los venezolanos es el béisbol, allí aprendí a fortalecer los lazos de solidaridad inculcados por mi abuela y mis padres.

Con obvias dificultades, me fui a estudiar a Barinas. Un día mi destino cambió; llegó al Liceo O´Leary un oficial del Ejército, invitándonos a estudiar a la Escuela Militar de Venezuela en Caracas. Me fui para hacerme soldado de la patria. Que honor ser un soldado bolivariano. Los llaneros estamos hechos para lo que nos salga. El béisbol, y los eventos musicales en la escuela militar, me ayudaron a cosechar amigos. Detrás venía mi verdadera pasión: la política.

El aparecimiento del petróleo en los inicios del siglo XX, cambió la vida de los venezolanos: de campesinos rurales empobrecidos a trabajadores petroleros, de oligarquía terrateniente, a burguesía parasitaria. Todo de manera muy rápida. Con los andinos viene la estabilidad política forzosa, y con el petróleo, la profunda dependencia rentista del Estado.

Todos los venezolanos quieren ser empleados públicos, pero pocos son servidores públicos. En el entorno de los gobiernos de turno se fue formando una burguesía apátrida, parasitaria, y dependiente del capital foráneo. Impulsaron partidos políticos para controlar los gobiernos y con ellos fagocitar lo mejor de la renta petrolera. Así, los trabajadores querellaron más con los gobiernos de turno, que con la burguesía explotadora. Tempranamente, se perdía la brújula del centro neurálgico de la contradicción capital-trabajo, que es el verdadero centro de la contradicción fundamental.

En las clases diarias de adiestramiento militar, nos ponían como enemigos a los comunistas. Pero lo que ocurría afuera, con mucho sigilo, llegaba adentro. Mi hermano mayor Adán, estudiante entonces de la Universidad de Los Andes, entró en contacto con grupos políticos de izquierda, en particular del grupo Ruptura, expresión del PRV o Partido de la Revolución Venezolana, y en cada vacación que nos veíamos, mi hermano me ponía al tanto.

Me fui haciendo de izquierda. En el internado conocí a un oficial, que ha sido siempre mi gran maestro: El hoy General Jacinto Pérez Arcay. Extraordinario oficial. Ético como el mejor. Con sus palabras y sus obras yo fui templando mi acero. Con él, pude conocer al Bolívar de carne y hueso, al verdadero, y a sus enemigos reales: la oligarquía, la burguesía y el imperialismo. Si Adán me puso en contacto con libros marxistas, Pérez Arcay lo logró con el Cristo revolucionario.

Debo recordar los sabios consejos del Coronel Hugo Trejo. Con estos antecedentes me fui abriendo paso con cuidado, y entré en comunicación con otros cadetes y oficiales. La política era el nuevo centro de nuestro interés. Llegó el día de nuestra graduación, cada oficial tomó el rumbo que la superioridad le asignó, pero las comunicaciones entre nosotros continuaron. “Yo salí de la academia militar, con un libro del Che debajo del brazo”. Vino el hogar, y con él los hijos, que maravilla, los hijos. Cuando se tiene uno, “se tienen todos los hijos del mundo”.
La crisis del país en todos los órdenes iba en aumento. La insurrección popular llamada el Caracazo, templó nuestros propósitos. Fuimos preparando una insurrección militar, que estalló el 4 de febrero de 1992. Fracasamos en el intento y fuimos presos y destituidos de las filas castrenses. Al momento de rendirme, del corazón me salió una frase que dio posteriormente extraordinarios resultados: el “POR AHORA”.

Desde dentro de la prisión, continuamos haciendo política. Cientos de venezolanos nos visitaron. El conocido Pacto de Punto Fijo entraba en su mayor declive. Ni Acción Democrática ni Copei, podían ya controlar a las masas, ni eran garantía para el imperialismo y sus lacayos internos. Por un indulto presidencial, fuimos a la calle y de inmediato nos desplegamos por todo el país y entramos en pleno contacto con el pueblo.

Necesitábamos organizar a nuestros seguidores en todo el país, y así nació el Movimiento Bolivariano 200. Luego, el desarrollo de nuestra política abierta, nos lleva a la creación del Movimiento Quinta República. Hoy tenemos el PSUV. Vinieron las elecciones presidenciales, nos negamos a participar, y esperamos mejores momentos. Al final del segundo gobierno del Dr. Caldera, el país ya nos conocía. Vinieron las elecciones de 1998, los compañeros de ruta colocaron mi nombre en la contienda presidencial, y ganamos la Presidencia de la República.
Prontamente me dispuse a gobernar. La idea de la Constituyente latía aceleradamente en mi cabeza, y logramos que el pueblo la avalara. Con el poder viene la traición. La burguesía nacional y sus representantes, entendieron que debían detener todos los cambios que estaban ocurriendo en el país. La mayoría de los medios de comunicación en manos de la burguesía, desataron contra mí todo tipo de infamias. Un paro petrolero terrible fue preparando las condiciones, hasta que vino el golpe de Estado del 11 de abril del 2002.

El pueblo, sacó todas sus fuerzas a la calle y en menos de cincuenta horas estábamos de nuevo en el poder. Confuso, debo reconocerlo, fui tímido en las decisiones. La derecha pudo reorganizarse y se lanzó nuevamente contra nosotros. Desde aquel tiempo hasta hoy, he aprendido a conocer más a los hombres, pero mejor he llegado a conocer a mi pueblo. JAMÁS HE DEJADO DE SER EL ARAÑERO DE SABANETA. Esta práctica franca y consciente, me metió en el corazón de mi pueblo, y él se metió en el mío. Tempranamente orientado por el padre Bolívar, entendí la importancia del proyecto internacional, nacía así la Venezuela Bolivariana. Salimos de nuestras fronteras, para nuevamente hermanarnos como en las inmortales campañas de Simón Bolívar. Por primera vez, Miraflores era un verdadero espacio popular, una trinchera del pueblo. Muy preocupada, la burguesía nacional cerró filas con los intereses norteamericanos, y vinieron toda suerte de ataques, hasta lograr ellos, algo muy codiciado: Mi muerte. No había otra manera de sacarme del poder. Le juré a mi pueblo consumirme todo por ellos y lo he cumplido. En verdad ya yo no cabía en mi cuerpo. Estoy feliz, pero sigo preocupado. Tareas difíciles deben ser emprendidas. Liquidar al capitalismo y sembrar el Socialismo “nuestro americano”, es la mayor tarea que queda por hacer. Nicolás ojo avizor y profundo contra los falsos políticos, los trepadores de oficio, contra los corruptos enmascarados. Confía solamente en tu pueblo. Hugo

(*): Disposicionero es un término que se utiliza en algunas zonas de Venezuela para describir a una persona audaz y proactiva.


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