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El libro muestra la faceta de Cortázar, el maestro. (Foto: Télam)

El libro muestra la faceta de Cortázar, el maestro. (Foto: Télam)

Publicado 25 abril 2014





Para quienes no se explican por qué Gabriel García Márquez murió exilado de su natal Colombia, recomiendo estos dos artículos publicados por el escritor en El País, de España, disponibles en Internet, donde deja claro por qué se fue de allá con su perenne nostalgia: Breve nota de adiós a Colombia y al olor de la guayaba y Punto final a un incidente ingrato, (3 y 8 de abril de 1981).

Advierto, sí, que no hallarán allí a un García Márquez fat free, ideal para homenajes, ventas y lágrimas de cocodrilo, sino a uno incómodo que denuncia a los “oligarcas de pacotilla”, al Estado que pretendió juzgarlo por supuestos vínculos con el M-19 y a un poderoso medio privado, el diario El Tiempo, cuyas páginas editoriales fueron usadas para tratar de incriminarlo.

Un García Márquez negado a que separaran con motosierra su yo escritor de su yo político: “Desde hace muchos años, El Tiempo ha hecho constantes esfuerzos por dividir mi personalidad: de un lado, el escritor que ellos no vacilan en calificar de genial, y del otro lado, el comunista feroz que está dispuesto a destruir a su patria. Cometen un error de principio: soy un hombre indivisible, y mi posición política obedece a la misma ideología con que escribo mis libros”.

Un indivisible que también escribió el libro Chile, el golpe y los gringos, donde describió así al presidente-mártir, Salvador Allende:

“Su virtud mayor fue la consecuencia, pero el destino le deparó la rara y trágica grandeza de morir defendiendo a bala el mamarracho anacrónico del Derecho burgués, defendiendo una Corte Suprema de Justicia que lo había repudiado y habría de legitimar a sus asesinos, defendiendo un congreso miserable que lo había declarado ilegítimo pero que habría de sucumbir complacido ante la voluntad de los usurpadores, defendiendo la libertad de los partidos de oposición que habían vendido su alma al fascismo, defendiendo toda la parafernalia apolillada de un sistema de mierda que él se había propuesto aniquilar sin disparar un tiro”.

Aunque, como Úrsula Iguarán, la mamá de Aureliano Buendía, decidió irse en Jueves Santo, ahí nos dejó García Márquez su tinta con olor a guayaba y color de pueblo.

Fuente: http://www.ciudadccs.info/?p=557396


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