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La reunión comenzó este lunes en Lima (capital peruana) y acudieron todos los cancilleres de los países de la Unasur. (Foto: unasursg.org)

La reunión comenzó este lunes en Lima (capital peruana) y acudieron todos los cancilleres de los países de la Unasur. (Foto: unasursg.org)

Publicado 17 mayo 2014

El escenario electoral que se desarrolla en Colombia  presenta diversas inercias que hacen de él un proceso político complejo y con una dinámica bastante cambiante.  Un primer elemento a considerar son los actores que participan en los comicios presidenciales del 25 de mayo de 2014. Los contendientes muestran las amplias expresiones de cinco aspirantes a ocupar la jefatura de Estado. Por el tradicional Partido Conservador figura Martha Lucía Ramírez; en tanto que el Partido Centro Democrático del ex presidente Álvaro Uribe Vélez presenta como su candidato a Oscar Iván Zuluaga; la Alianza Verde la encabeza Enrique Peñalosa Londoño y por la izquierda colombiana figura la candidata de la formula del Polo Democrático y Alternativo/Unión Patriótica, Clara López Obregón; en tanto que el presidente Juan Manuel Santos aparece como el abanderado del Partido Social de Unidad Nacional que lo postula  en Alianza con el Partido Liberal.

Casi una semana previa a las elecciones, las encuestas mostraban un escenario muy competitivo. Lo que significaba desde esa coyuntura que si uno de los candidatos no ganaba con más del cincuenta por ciento, tendrían que irse a una segunda ronda electoral el 15 de junio. Las mediciones de opinión que dio a conocer el diario bogotano  El Tiempo  el pasado 16 de mayo,  exactamente nueve días antes de la elección, mostraban que el sondeo de la agencia Datexco ponía al presidente Juan Manuel Santos en un 27,7% del electorado y el candidato del uribismo llegaba al 25,6%. En tanto que en tercer lugar figuraba el voto en blanco y posteriormente aparecía la candidata de la izquierda Clara López  y Enrique Peñalosa con el 9,7%; en tanto que  Martha Lucía Ramírez únicamente  figuraba con el 9,4%. Era de llamar la atención que un significativo porcentaje  había inclinado su opinión por no saber por quien votaría sumando el 2,9%.   En tanto que el diario colombiano el Espectador  en la misma fecha apuntó que en los sondeos que ese medio ofrecía, la intención del voto para el mes de mayo  mostraba a Zuloaga con el 29,3% en tanto que a Santos lo ubicaba con el 29%, y a la candidata conservadora Martha L. Ramírez quedaba con el 14,4% y Clara López con el 10.9%. Figurando por último a Enrique Peñalosa con el 10,6%. En tanto que el voto blanco lo registraba con el 5.8%.

En ambos sondeos vertidos por esos medios informativos, lo resaltante era la cerrada  votación entre el candidato del ex presidente colombiano Álvaro Uribe Vélez  (Iván Zuluaga) y el propio presidente Juan Manuel Santos. Ambos enfrascado en una fuerte confrontación política. A esto se añade la expresión de la propia candidata de las izquierdas colombianas, Clara López, quien llegó a declarar en su cierre de campaña realizada en Bogotá el día del maestro (15 de mayo) que ella pasaría a la segunda vuelta. Sin duda una declaración muy optimista en un contexto donde Gustavo Petro, el alcalde de la misma capital del país, días previos a ello, se había manifestado por la alianza con el presidente Santos para impedir que llegara de nueva cuenta a la presidencia la ultraderecha colombiana encabezada por las fuerzas uribistas.

En ese contento también resaltó la postura que desde La Habana expresaron las  Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC-EP)  a través de su delegado en las conversaciones con el gobierno colombiano, Pablo Catatumbo, quien anunció en esa dinámica de la coyuntura política del país sudamericano, el cese al fuego de manera  unilateral. Cese que abarcaría del martes 20 al miércoles 28 de mayo. Incluso, la postura guerrillera según su propio vocero,  era que “la insurgencia no cree en el régimen electoral colombiano”. En esa coyuntural del cese  temporal del conflicto armado que lleva cincuenta años en Colombia, también se sumó el otro sector guerrillero del Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Sin embargo, por otro lado la ofensiva ultraderechista  que tanto en Colombia como en otros países latinoamericanos encabeza el propio ex mandatario colombiano, Álvaro Uribe Vélez, mostró su empecinada beligerancia y descalificaciones. Adelantándose a la postura de la guerrilla colombiana, él principal dirigente del PCD, escribió en su cuenta de Twitter: “Ya viene la trampa. Ahora las FARC van a decretar cese unilateral para robarse las elecciones”.

A la par que también había realizado una serie de acusaciones contra la campaña del presidente Santos al declarar ante la prensa no ante los juzgados, que el publicista J. J. Rendón habría cubierto el déficit de la campaña presidencial de 2010 con apoyo financiero del narcotráfico.  Recordemos que Rendón fue el asesor mediático venezolano de varias campañas electorales a la presidencia en varios países latinoamericanos, entre ellas las de los candidatos del Partido Revolucionario Institucional (PRI) que postuló en 2012 a la presidencia  de México a Enrique Peña Nieto y  de la  Mesa de Unidad Democrática (MUD) que en Venezuela postuló en 2013 a Henrique Capriles Radonsky.

Sin duda las campañas de Uribe Vélez, ratificaban a este oscuro personaje de la política como el principal agente de la derecha guerrerista latinoamericana. Los intereses que él representa, son los mismos que muestra la política belicista del complejo militar industrial estadounidense. Esto es, lo que el ex presidente Juan Bosch, derrocado por los militares en República Dominicana en 1963 llamó: el pentagonismo. Esta política del uribismo también se articula con los sectores de la llamada mafia cubanoamericana, la cual pretende por medio del voto de sus legisladores cubanoamericanos en el Senado y en la Cámara de Representantes, imponer sanciones por parte de Washington a Venezuela. La justificación para estos sectores es el vínculo  solidario y revolucionario entre los gobiernos de La Habana y Caracas. Situación que para esta derecha recalcitrante, también se manifiestaba en las negociaciones de paz que en Cuba desde finales de 2012 se vienen desarrollando entre el gobierno colombiano y las FARC-EP. El logro de ese diálogo sobre el conflicto armado en Colombia, el cual  ha dejado un estimado de  seis millones de desplazados y 220 mil muertos en más de  50 años, han sido los acuerdos firmados. El más reciente fue el  16 de mayo de 2014, donde se llegó a la firma del cuarto punto de la agenda sobre el narcotráfico y cultivos ilícitos.

En ese contexto otro ex presidente liberal  colombiano, César Gaviria, llegó a manifestar en su papel de jefe del debate de la campaña de Juan Manuel Santos,  que: “Guerra sucia es lo que le ha hecho el ex presidente Uribe al presidente Santos desde el primer día de gobierno enviando trinos ofensivos, agresivos (…) nunca ha dicho una cosa buena del Presidente, todo lo que dice es malo, es destructivo”.1 Agregando  categóricamente: “Uribe nos quiere llevar al terreno de hacer un gobierno de venganzas, porque eso es para lo que él se esta preparando: para vengarse de sus contradictores, para que le pongan a la carta la Corte Suprema y a la Fiscalía”.

De esta manera en la coyuntura electoral colombiana se muestran en esencia dos grandes tendencias. Por un lado figuran los sectores que apuestan continuar la guerra, la que ha sido su gran negocio durante medio siglo y que hoy encabezan las fuerzas guerreristas que comanda Álvaro Uribe Vélez. Tal como lo afirma su candidato Óscar Iván Zuluaga: “En caso de ganar las elecciones presidenciales, lo primero que haría será suspender el proceso”.  Además de “recuperar la política de Seguridad Democrática”.

Estrategia que aplicó Uribe Vélez en su doble mandato que estuvo enfocada principalmente en combatir a las fuerzas guerrilleras. Tal como fue el ataque militar contra la soberanía de otros países como ocurrió en Sucumbíos (Ecuador). Ahí en marzo de 2008, fueron asesinados por las fuerzas contrainsurgentes colombianas estudiantes mexicanos y guerrilleros, entre ellos uno de los principales dirigentes de las FARC, Raúl Reyes.

En tanto que por el otro lado figuran un gran bloque conformado por distintos sectores, partidos y fuerzas que han llegado al acuerdo tácito de buscar la paz para el pueblo colombiano. En ese amplio bloque se presentan distintas posturas políticas e ideológicas, e incluso muchas de ellas coinciden únicamente en un punto: llegar por medio de la paz sin engaños y no por la guerra, al fin del conflicto armado.


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