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Bolsonaro sabe que por lo menos un tercio de la población brasileña es machista, racista, homofóbica y violenta.

Bolsonaro sabe que por lo menos un tercio de la población brasileña es machista, racista, homofóbica y violenta. | Foto: EFE

Publicado 14 octubre 2018
¿Por qué, a pesar de todo esto, este político lidera las encuestas de intención de voto? Lo primero que hay que entender es que la idea de Brasil de la imagen del país del carnaval alegre y pacífico es un mito.

Inmerso en una turbulenta campaña electoral, Brasil camina hacia la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Con el principal líder de la izquierda, Luiz Inácio Lula da Silva, preso en Curitiba, y el candidato de la extrema derecha, Jair Bolsonaro, gravemente herido por un ataque violento, estas elecciones son atípicas y las mas conflictivas desde el proceso de redemocratización del país en 1985.

Con Lula fuera del juego, Bolsonaro lidera todas las encuestas de intención de votos. Una parte de los brasileños optó por apoyar el fascismo. Las consecuencias ya empieza aparecer. Al menos 50 fueron atacadas esta semana por simpatizantes de Bolsonaro, por pensar diferente de ellos.

Pero, vamos entender como Bolsonaro llegó hasta aquí. El ultraderechista es un viejo conocido de la prensa brasileña. Hace años llama la atención por sus declaraciones machistas, homofóbicas, racistas y violentas. Cierta vez dijo a la diputada federal del Partido de los Trabajadores, Maria do Rosário: yo no te violo porque tu no lo mereces. Eres muy fea. En el entredicho quedó su idea de que la violación es un merito y sólo guardado a las bonitas. También dijo cosas del tipo: soy homofóbico con mucho orgullo, soy a favor de la tortura, yo practico evasión fiscal, lo máximo que puedo, las mujeres tendrían ganar menos porque ellas se embarazan. Después de visitar un espacio quilombola, de resistencia cultural afro, dijo que los negros con quien ha tenido contacto en este espacio no servían ni siquiera para procrear.

Además, es el mayor defensor de la liberación de la venta de armas de fuego. Esto explica también porque uno de sus mayores financiadores de campaña es la empresa Taurus, una gigante brasileña de la fabricación de armas.

La pregunta que queda es: ¿por qué, a pesar de todo esto, este político lidera las encuestas de intención de voto?

Lo primero que hay que entender es que la idea de Brasil de democracia racial, así como la imagen del país del carnaval alegre y pacífico es un mito. La sociedad brasileña es conservadora y extremamente violenta. Esto es lo que demuestran las estadísticas. Según la encuestadora Datafolha, uno de cada tres brasileños cree que las mujeres son culpables de las violaciones sufridas por ellas, 42 por ciento de los hombres afirma que las mujeres que se da a respetar no son violadas. Esta encuesta fue hecha en 2016 y conmocionó al país.

En Brasil muere más gente por armas de fuego que en países en guerra. En 2017 fueran registradas 61 mil muertas violentas, de acuerdo con datos oficiales del gobierno. En Siria, el Observatorio de los Derechos Humanos habla de 49 mil muertes. En México, uno de los países más violentos del continente americano, el número quedó en 29 mil asesinatos en este mismo año, un récord, según la Secretaria de Gobernación. Comparando el tamaño de las dos poblaciones y la proporcionalidad de muerte por habitantes, Brasil es más violento que México.

El racismo también aparece en los números. Por cada 100 personas víctimas de homicidio en Brasil, 71 son negras, informa el Instituto de Pesquisa Económica Aplicada (Ipea), órgano estatal. Además, entre 2003 y 2013 los homicidios de mujeres blancas bajaron 9 por ciento, mientras que entre las mujeres negras creció 54 por ciento.

Por tanto, Bolsonaro sabe que por lo menos un tercio de la población brasileña es machista, racista, homofóbica y violenta. Entonces su discurso agrada a esta parcela de la sociedad. Pero esto no explica todo, pues él tiene hoy más que de un tercio de la intención del voto.

Desde 2014 un sector conservador de la Justicia brasileña se unió a la gran prensa para deconstruir lo que llamaron la vieja política, pero la arremetida fue contra toda la clase política, sobretodo contra los partidos de izquierda, especialmente el Partido de los Trabajadores.

Jueces, fiscales, ministros de la Suprema Corte se convirtieron en grandes estrellas mediáticas. La lucha contra la corrupción se convirtió en un show. Por otro lado, la estadística de corrupción no disminuyó.

Este llevó a otra parte de la población directamente a los brazos de un ex militar: Jair Bolsonaro, cuyo discurso trata de que se una persona honesta. A pesar de que su patrimonio se multiplicó en los pasados cuatro años, según informaciones de Tribunal Federal Electoral.

Hay un sentimiento antipetista muy fuerte, construido por grande medios, como el Grupo Globo, que tiene más de 300 canales de televisión, revista, diario y página web de noticias.

El PT fue vendido como el causante de todos los males del país, pero el antipetismo es mucho más complejo y va mas allá de los desacuerdos con las políticas de los gobiernos del PT. Los cambios culturales, los conflictos entre generaciones, la reubicación del papel del hombre en la sociedad, la independencia femenina, la aceptación de la homosexualidad, que tanto molesta a los conservadores, son asociados al periodo en que el PT estuvo en el poder. A pesar de ser un movimiento natural de la sociedad. Todo esto genera un odio silencioso que se expresa en el voto a Bolsonaro.

Justamente por esto, analistas, incluso de derecha, afirman que comparar a Bolsonaro y Fernando Haddad no es posible, porque no son equivalentes. El Partido de los Trabajadores siempre luchó dentro del marco de la democracia, mientras Bolsonaro es defensor de la dictadura. Trátase, por tanto, del enfrentamiento entre la civilización y la barbarie.


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