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En una época donde las mujeres tenían poco acceso al mundo académico, Rosa Luxemburgo asistió a la universidad y obtuvo un doctorado. La frase: “La Historia es el único maestro infalible, y la revolución la mejor escuela para el proletariado”, decía Rosa.

En una época donde las mujeres tenían poco acceso al mundo académico, Rosa Luxemburgo asistió a la universidad y obtuvo un doctorado. La frase: “La Historia es el único maestro infalible, y la revolución la mejor escuela para el proletariado”, decía Rosa. | Foto: Rosalux.org

Publicado 15 enero 2021


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Sus propuestas teóricas sobre el capitalismo y el imperialismo, así como su negativa a participar en la I Guerra Mundial la posicionaron como una de las más grandes revolucionarias del siglo XX. 

Durante toda su vida, la revolucionaria marxista Rosa Luxemburgo fue cuatro veces discriminada. Siendo una mujer polaca y judía, la mayor parte de su vida transcurrió en el imperio alemán. Por si fuera poco, decidió enfrentar al sistema capitalista, pero no como una militante más, sino fundando el Partido Comunista Alemán.

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La que después sería el principal símbolo de un socialismo con libertad nacía el 5 de marzo de 1871. Solo dos semanas después del nacimiento de Rosa Luxemburgo triunfaba La Comuna de París.

Cuando tenía 18 años, Rosa Luxemburgo abandonó Polonia, su país de origen, debido a la persecución por su militancia socialista y se trasladó a Suiza, donde continuará sus estudios. y terminaría uniéndose a las filas del Partido Socialdemócrata Polaco.

Junto al alemán Karl Liebknecht fundó la liga Spartaquista, que más adelante se convirtió en el Partido Comunista Alemán. Fue autora de varios libros y redactora del periódico marxista Neue Zeit (Nuevo tiempo). Fue arrestada y llevada a prisión en varias oportunidades.

Sus propuestas teóricas sobre el capitalismo y el imperialismo, así como su negativa a el Partido Socialdemócrata alemán apoyara la Primera Guerra Mundial la posicionaron como una de las más importantes dirigentes revolucionarias de la Europa de inicios del siglo XX.

 

Rosa Luxemburgo y la libertad

"La libertad solo para los que apoyan al gobierno, o solo para los miembros de un partido, por numerosos que sean, no es libertad. La libertad siempre es libertad para los que piensan diferente", sentenciaba Rosa Luxemburgo en una fuerte crítica lanzada al Gobierno bolchevique en 1918.

La comunista alemana no dejó nunca de reconocer la grandeza del proceso socialista encabezado por Vladimir Ilich Lenin y León Trotski, sin embargo, en su folleto La Revolución Rusa, Luxemburgo les recuerda que el Gobierno de la clase trabajadora no es el Gobierno "de un partido o de una camarilla (...) sino la participación más activa e ilimitada posible de la masa popular, la democracia sin límites".

Debido a ello, los Partidos Comunistas clásicos, aún cuando Iosif Stalin se hizo del poder en la Unión Soviética, enterraron su propuesta revolucionaria. En la República Democrática Alemana, Rosa era solo objeto de veneración pero su texto La Revolución rusa ocultado.

Tras el triunfo de la Revolución alemana en noviembre de 1918, la clase trabajadora de este país europeo se hizo momentáneamente del poder. Sin embargo, el Gobierno fue rápidamente detentado por el sector más conservador de la socialdemocracia, encabezada por Gustav Noske y Karl Kautski.
Ante esta situación, se generó una escalada de hechos revolucionarios. El 1 de enero de 1919 junto a Karla Liebknecht fundaría el Partido Comunista de Alemania. Días después estallaría un alzamiento armando en Berlín, la capital del país europeo.
Rosa consideró que las condiciones no estaban dadas para llevar adelante la insurrección, la cual había sido lanzada por su camarada Liebknecht, sin embargo, su coherencia revolucionaria la llevó a las calles.

 

 
El 15 de enero, arrestada por grupos paramilitares de ultraderecha llamados Frei Korps, enviados por el socialdemócrata Noske quien se encontraba en el poder, Rosa Luxemburgo fue arrestada y asesinada.
Más tarde, los testimonios de quienes presenciaron el crimen informaban que le rompieron la cabeza a culatazos y la echaron al río. Durante meses entre el proletariado alemán corrió la idea de que Rosa no había muerto sino que conspiraba desde la clandestinidad.
 
Refiriéndose a su militancia comunista, sus últimas palabras fueron "mañana la revolución se levantará vibrante y anunciará con su fanfarria, para terror vuestro: ¡Yo fui, yo soy, y yo seré!"

 


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