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  • La cámara de Sissako está cargada denuncia pero también de poesía. (Foto: Archivo)

    La cámara de Sissako está cargada denuncia pero también de poesía. (Foto: Archivo)

  • Escena de la película Tombuctú que compite por la Palma de Oro. (Foto: Archivo)

    Escena de la película Tombuctú que compite por la Palma de Oro. (Foto: Archivo)

  • Realizador mauritano, Abdehrrahmane Sissako, presenta en Cannes su filme Tombuctú. (Foto: Efe)

    Realizador mauritano, Abdehrrahmane Sissako, presenta en Cannes su filme Tombuctú. (Foto: Efe)

Publicado 15 mayo 2014

Cannes recibió con entusiasmo el filme del realizador africano, Abdehrrahmane Sissako, que muestra de manera poética y violenta la guerra santa ocurrida hace dos años en la legendaria ciudad de Tombuctú.

La película, que compite por la, Palma de Oro, el máximo galardón en el Festival de Cannes, muestra hermosas imágenes, pero cargadas del horror que a diario viven los habitantes de la ciudad por el régimen impuesto por yihadistas.

Una mujer joven recibe latigazos porque fue hallada cantando, una pareja es sepultada hasta el cuello en las arenas del Sahel y un equipo de fútbol juega ese deporte, pero sin balón: La cámara de Sissako está cargada de denuncia, pero también de poesía, captando la arena y la luz del desierto, el correr de las gacelas, las quietas aguas del Níger.

La película del cineasta mauritano fue muy aplaudida por la crítica. El filme es una denuncia del oscurantismo religioso, en este caso, el islamismo radical.

La acción se desarrolla en esa ciudad del norte de Malí, la llamada "perla del desierto", antaño un lugar único y misterioso donde se mezclaban todas las comunidades. Ocupada en el 2012 por los yihadistas, esta mítica ciudad del Sáhara se convirtió en una "ciudad mártir", de calles silenciosas, temerosas.

"El punto de partida de la película fue la lapidación de una pareja en una aldea del norte de Malí", por estar juntos sin estar casados, contó el realizador en una emotiva rueda de prensa en Cannes.

Sissako añade que "lo terrible fue no sólo el hecho, sino que nadie habló de ello", tras no contener las lágrimas al recordar el horror que viven las poblaciones sometidas a los yihadistas.

"Nos volvemos indiferentes al horror", observó. "Y quizá yo lloro en lugar de ellos, en lugar de los que han sufrido de verdad", confesó el realizador, que viajó a Cannes acompañado de los protagonistas de la película, la mayoría de ellos no profesionales.

Sissako pensó en un principio hacer un documental, y rodar en Tombuctú. "Pero era demasiado arriesgado", dijo, explicando que un mortífero atentado que tuvo lugar en setiembre del 2013 lo convenció de que era mejor rodar el filme en la vecina Mauritania.

La cámara de Sissako es un arma de denuncia, pero está impregnada de humanidad y compasión, retratando personajes y escenas verídicos en su complejidad contradictoria.

Esta es la primera vez que Sissako figura en la competición oficial. Y, si los aplausos que recibió la película en el pase de prensa son un barómetro, este realizador, que hace 15 años presentó "La vida sobre la tierra" en la sección paralela Quincena de Realizadores, y que regresó en 2006 con "Bamako", fuera de concurso, podría alzarse con un premio en la ceremonia de clausura de esta 67º edición del Festival.


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