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Fotos de los muertos, junto a cempasúchiles de diferentes colores, cadenas de papel y figuras de Catrinas aparecen en los altares del país.

Fotos de los muertos, junto a cempasúchiles de diferentes colores, cadenas de papel y figuras de Catrinas aparecen en los altares del país. | Foto: Culturacolectiva.com

Publicado 2 noviembre 2015

Se trata de otro año de tradición, otro noviembre dedicado a rememorar a los que se fueron, a venerarlos en cementerios y plazas públicas, en hogares y avenidas.

El 2 de noviembre las calles de México se muestran repletas de ofrendas y fotos de difuntos, caminos de pétalos conducen hasta altares consagrados a quienes dejaron el mundo de los vivos, velas encendidas parecen faros que guían el regreso de las ánimas.

En el visitante extranjero, esta fecha puede despertar una curiosidad inmensa, digna de perpetuarse en videos y fotografías como muestra del colorido folcror local.

Vea el especial web→ Día de los muertos

Para los mexicanos, sin embargo, se trata de otro año de tradición, otro noviembre dedicado a rememorar a los que se fueron, a venerarlos en cementerios y plazas públicas, en hogares y avenidas, otro Día de los Muertos en el que vuelven a combinar el amor por los que han partido con el ingenio y la tradición.

Uno de los símbolos de esta fecha es la Catrina, la misma Calavera Garbancera creada por el ilustrador José Guadalupe Posada en 1910 y a la que el muralista Diego Rivera legó su nombre final, con el cual se ha convertido en símbolo de México.

Los disfraces de Catrina predominan en la conmemoración. Fuente: EFE

Durante la celebración del Día de los Muertos, niños y grandes abarrotan las plazas de las diferentes ciudades vestidos como Catrinas, jefes indios, damas de época, novias cadáveres, momias, diversidad de disfraces que le dan aún más colorido al deleite visual y el influjo espiritual de la fecha.

En esta evocación de la muerte, que mezcla la tradición precolombina y la religión católica, abundan las decoraciones con cadenas de papel morado y amarillo, representación del enlace entre la vida y la muerte.

Los diferentes espacios públicos y privados se llenan de altares. Fuente: consulmex.sre.gob.mx

Al mismo tiempo, decenas de vendedores exhiben entre sus propuestas las llamativas calaveras azucaradas, originarias de los pueblos mesoamericanos, que se presentan con diversidad de tamaños y decoraciones para endulzar el paladar de grandes y chicos, o para colocarse como ofrendas en los altares.

Las grandes protagonistas de la jornada son las cempasúchiles anaranjadas, también conocidas como flores de los 400 pétalos, cuyos ramos adornan todos los altares y sus corolas son diseminadas por el suelo para, de acuerdo con la costumbre, recordar a los difuntos el camino a casa.


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Estas flores también aparecen en blanco, amarillo o morado, con significados diferentes, pero todos relacionados con el vínculo entre aquellos que están en eterno reposo y quienes, desde aquí, iluminan el camino de regreso. 

De ese modo, al menos durante el Día de los Muertos, los que aún se encuentran de este lado llaman a los se fueron, en un ciclo que se repite año tras año, hasta la llegada del momento inevitable en que sean los difuntos quienes les den la bienvenida al más allá.


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