Inglaterra-Argentina: “corazón abierto” en mundiales

La histórica rivalidad futbolística entre Argentina e Inglaterra trasciende el terreno de juego para erigirse como un símbolo de soberanía, memoria e identidad de los pueblos del Sur.

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La historia de estos enfrentamientos viene de mucho más atrás, con razones extra cancha y que todavía, en pleno siglo XXI, son “corazón abierto”, como dijera el jugador y otrora director de la selección albiceleste, Daniel Passarella. Foto: EFE


22 de junio de 2026 Hora: 14:45

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Lo ocurrido el 22 de junio de 1986 en cuartos de final de la Copa Mundial, en el estadio azteca, de México, es para muchos el punto culminante de la rivalidad entre Argentina e Inglaterra. Sin embargo, la historia de estos enfrentamientos viene de mucho más atrás, con razones extra cancha y que todavía, en pleno siglo XXI, son “corazón abierto”, como dijera el jugador y otrora director de la selección albiceleste, Daniel Passarella.

El fútbol llegó a la Argentina precisamente por los ingleses en fecha tan lejana como 1855, cuando los obreros de ese país que montaban la infraestructura de los ferrocarriles jugaban este deporte en sus ratos libres. Ya para 1867 se produjo el primer encuentro oficial en tierra gaucha y en la historia no pocos futbolistas argentinos han triunfado en las ligas inglesas.

Sin embargo, los partidos entre ambas selecciones en Copa del Mundo clasifican como uno de los clásicos de mayor expectación. Y todo comenzó en el segundo enfrentamiento entre ellos en estas lides, ocurrido el 23 de julio de 1966, en el Estadio de Wembley, en instancias de cuartos de final, cuando el árbitro alemán Rudolf Kreitlein, pitando faltas a favor del conjunto anfitrión, expulsó al capitán y mediocampista Antonio Ubaldo Rattin en el minuto 36 por reclamarle una decisión.

Rattin, a pesar de solicitar un intérprete porque el árbitro no hablaba inglés ni español, se retiró del campo de juego 10 minutos más tarde. En señal de protesta se sentó en la alfombra roja de la Reina Isabel II, lo cual se considera una afrenta; y una vez que ya estaba camino a los vestuarios, a la par que recibía objetos tirados por la afición y ofensas gritadas, estrujó el banderín del tiro de esquina, el cual tenía impresa la bandera británica y soltó una frase lapidaria: “ingleses, hijos de puta”. El partido terminó con derrota 1-0 de los sudamericanos, pero desde entonces la rivalidad entre ambos equipos se multiplicó.

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El capítulo más recordado de esta historia tendría lugar en 1986, cuatro años después de la conocida Guerra de Las Malvinas, donde más de 600 jóvenes argentinos perdieron la vida. El mundo presenció la revancha, cuando Diego Maradona guio a la victoria 2-1 con los dos goles más icónicos en la historia de los mundiales.

El primero, conocido como “La Mano de Dios”, un gol con la mano que pasó desapercibido para el árbitro, pero no para el espíritu de justicia que muchos argentinos sentían en su interior. El segundo, el mejor gol de las Copas mundiales, en el que Maradona dejó en el camino a cinco jugadores ingleses para sellar una venganza futbolística y espiritual.

Pero la rivalidad no concluyó en ese encuentro. En 1998, en Francia, ambos equipos volvieron a cruzarse en octavos de final. Esta vez ocurrió una falta innecesaria de David Beckham, quien fue expulsado y cargó de nuevo los ánimos en la cancha. El desenlace fue la segunda victoria Argentina, esta vez de manera épica en la tanta de penales 4-3. El drama entre ambas selecciones parecía no tener fin.

En 2002 se vieron las caras por quinta y última ocasión. El match estaba igualado a dos triunfos por bando y en esta oportunidad compartieron el mismo grupo. Los ingleses vencieron por la mínima diferencia gracias a que Beckham tomó desquite y con un penal anotado le terminó dando el triunfo a su país.

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En la actualidad, esa enconada rivalidad se ha suavizado en algunos aspectos, pero cada encuentro entre Argentina e Inglaterra sigue despertando pasiones que trascienden generaciones. Para los sudamericanos, el fútbol es una extensión de su identidad, y cada victoria ante los ingleses es una forma de reivindicación. Para los ingleses, es una oportunidad de redención en el campo de juego, ese lugar donde hay muchas más cosas en disputa que 11 jugadores intentando marcar goles.

Así, la historia de Argentina e Inglaterra continúa y más allá de los goles y las tarjetas, el fútbol se convierte en el escenario de un drama eterno. Cada partido es un nuevo capítulo, donde las cicatrices del pasado y las esperanzas del futuro se entrelazan en cada jugada. Es al decir de Diego: “siempre una final”.

Autor: teleSUR: drs - RR

Fuente: Agencias