De Boleros que sí

Cuando Ravel estrenó su Bolero ya en América el cubano José Pepe Sánchez andaba haciendo de las suyas.

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Pareja bailando un bolero


18 de septiembre de 2026 Hora: 09:43

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“Ese bolero es mío/ desde el comienzo al final” cantaba Javier Solís el tema del dominicano Mario de Jesús hace décadas, pero antes de su interpretación, la palabra ya tenía a medio mundo sumido en interrogantes, sobre todo a los más interesados, los latinoamericanos, por el abordaje que se dio a lo musical que encerraba el concepto, muy arrullado, por cierto en el Caribe y entonado por gargantas prodigiosas que supieron de amores y dolores.

Ese bolero es mío

Tal vez porque va muy pegado a la vida. Tal vez porque su universalidad se vuelve individual cuando se trata del amor (o desamor). Tal vez porque le dieron connotación pícara, como sucedió con el programa de Radio Capital en Caracas, de donde tomamos el título. Lo cierto es que la palabra existe mucho antes del bolero musical.

En el terreno de la costura tiene dos acepciones. La chaqueta corta de mujer es llamada bolero. Los cuellos tejidos sobrepuestos a una blusa son llamados igualmente boleros.

En México a los muchachos que limpian zapatos se les llama boleros; también en Colombia donde además les dicen emboladores.

En el oriente de Venezuela se le dice bolero o bolera a quien es indisciplinado e impertinente.

Bolero es también quien se dedica a correr bolas, es decir, cuentos, chismes, cosas de corrillo, que en el Caribe abundan.

En las provincias, es decir al interior de las naciones caribeñas un bolero es donde se juegan Bolas Criollas, afición y entretenimiento popular. En España al pretencioso se le llama bolero y al niño que se fuga de la escuela, también. Así que el latinoamericano está rodeado de boleros por todas partes, y esto sin entrar todavía en el significado más conocido de esta palabra: El musical.

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Patio de bolas criollas

En 1928 el compositor francés Maurice Ravel estrenaba su obra “Bolero” encargado por Ida Rubinstein, que nada tenía que ver con América y sí con España (la madre de Ravel era vasca), pero para su información El Caribe ya bolereaba.

Bolero (Ravel)

Según los estudiosos españoles el bolero se remonta a 1780. En la enciclopedia de la música popular se lee: “Viendo bailar los mozos de La Mancha a Don Sebastián Cerezo, por alto, con un compás muy pasado que redoblaba las variaciones que ellos tenían en sus seguidillas, creyeron que volaba por lo que le veían ejecutar en el aire. Entonces unos a otros hablaban del que volaba, el volero, o bolero. De tal forma que, según este escrito, bolero es también el que vuela.

Cuando Ravel estrenó su Bolero ya en América el cubano José Pepe Sánchez andaba haciendo de las suyas.

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Pepe Sánchez, creador del primer bolero americano

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Maurice Ravel

Tristezas (instrumental)

Tristezas (cantado)

La danza española, el minuet, la contradanza, en fin géneros más emparentados con figuras que con contenidos eran, sin duda europeos. En territorio caribeño  y latinoamericano ya estaban permeados por el ritmo y precisamente por sus letras.

Alfonso Ortiz Tirado y Juan Arvizu, dos soberbios cantantes mexicanos se diferenciaron en el acompañamiento. El doctor Ortiz Tirado cantaba a la manera de Caruso, y Arvizu también pero éste introdujo en su acompañamiento el bongó y allí radicó la diferencia, pudiendo hablarse desde entonces de un bolero rítmico, con sello de caribeñidad. No es el inicio del bolero en América sino de un ritmo caribe en el bolero.

Toña La Negra. Cenizas

La gran diferencia entre lo que llamaron el bolero español y el latinoamericano radicó y radica en el contenido, en las letras apoyadas en la rítmica solo dable en esta parte del mundo, que mestizaje le llaman.

El bolero en Europa se transformó en balada y aunque en América también hay baladistas, el bolero siguió siéndolo por contenido y por formato, y además como una forma privilegiada y popular de la poesía latinoamericana.

Al  respecto de la balada es polémica la posición de muchos investigadores en torno a si la balada enriqueció o acabó con el bolero. El avance tecnológico, los medios de comunicación, los intereses mediáticos, la incidencia anglosajona y hasta la evolución (o involución) en el baile marcan el receso en el cual entró el bolero durante la década de los sesenta y setenta, y un poco más allá. La aparición de la balada, maridando batería con despecho, amén de la gradual pérdida de intimidad en el hecho musical amoroso casi que sepultan al bolero. Los defensores parecíamos marcianos “y que luchando contra el avance de la historia”. Habría que puntualizar que sin atrás no hay adelante, sin raíces no hay fruto y sin respeto no hay valoración posible.

Con todo y esto ni el imperio del espectáculo hizo fallecer al amigo de tantas horas, de tantos tragos, de tantas lágrimas.

En la actualidad hay abundante literatura, muchas conferencias, entrevistas, festivales y el bolero latinoamericano está muy vivo tanto en las voces de sus ancestros como en las nuevas generaciones.

El profesor Adolfo González, musicólogo que laboró en la universidad de Barranquilla, Colombia escribió: “¿Fantasía? ¿Magia? ¿Cursilería? De todo un poco pero el bolero muestra la historia de nuestra música popular algo liviana vista con los ojos de un ario pero en ella susurra el bolero su mensaje romántico apoyado en el modernismo, en el decadentismo, el culteranismo que, aclimatados en el trópico devinieron en cursilería revestida de connotaciones muy específicas, o como señaló Carlos Fuentes: “En lugar de ser el fracaso de la elegancia es la elegancia históricamente posible en el subdesarrollo”

¿De qué otra manera se ha vuelto la poesía cultura popular en América Latina sino como canción?

Alfredo Sadel, Desesperanza

Así como Jorge Luis Borges sospechaba que en el tango se esconde un largo poema de Balzac es casi público que el bolero es una forma privilegiada y popular de la poesía latinoamericana. Poesía de expresión modulada, apta para declamarla melódicamente, compañera fiel de los pantalones de tubito, los zapatos de dos tonos y los colorines populares que pueden apreciarse plásticamente en los muralistas mexicanos, las artesanías, los buses de pueblo (¿Han visto los de Panamá?), los santuarios en los rincones de las casas y otros detalles que pululan en el continente.

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Autobús panameño

Daniel Santos y Julio Jaramillo

Hay que recordar el lenguaje corporal de Tongolele, la mirada tropical de María Félix, los discursos de Cantinflas, el rostro lánguido de Lucho Gatica, la piel canela de las mujeres del Caribe o la búsqueda de los aretes que le faltan a la luna para sentirnos dueños de la poesía. Todo ello hace parte de nuestra historia cultural, esa que intentan ocultarnos, pero que está allí. Y es que la sensibilidad pertenece más a las vivencias que a la academia.

Rescatar el bolero no significa que todo tiempo pasado fue mejor. Significa la vigencia de valores culturales recuperados con las perspectivas de una síntesis superior. Se trata de revertir sobre el presente todo lo valioso del pasado.

Madrigal

La cultura del Caribe sigue dando pasos y sabemos que en futuro también se hablará de esta maravillosa herramienta musical latinoamericana.

De boleros que sí.

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Santiago de Cuba, cuna del bolero

Autor: Lil Rodríguez

Fuente: TeleSUR