¿Hay más terremotos o es solo una coincidencia? Esto dice la ciencia

En lo que va de año se han registrado hasta ahora al menos 11 terremotos con una magnitud de 7,0 o superior, según los registros del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS).

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La mayoría de los sismos recientes se han producido en áreas con una elevada actividad tectónica. Foto: EFE


8 de septiembre de 2026 Hora: 20:48

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La sucesión de terremotos registrados en las últimas semanas en lugares tan distantes como Venezuela, Colombia e Indonesia puede alimentar la impresión de que el planeta atraviesa una especie de “temporada de terremotos”. Ante la coincidencia temporal de varios movimientos telúricos de gran magnitud, surge casi de manera inevitable la tentación de encontrar una causa común que permita explicar esta aparente concentración de eventos.

Sin embargo, la explicación de los especialistas se aleja de las teorías que intentan establecer una conexión entre terremotos ocurridos en distintos puntos del planeta. Los sismólogos señalan que no existen pruebas científicas que permitan afirmar que los terremotos respondan a ciclos estacionales o que varios eventos de gran magnitud registrados en diferentes regiones formen parte de una misma secuencia global.

Arturo Belmonte, investigador de la Universidad de Concepción, en Chile, resalta que la mayoría de los sismos recientes se han producido en áreas con una elevada actividad tectónica, donde este tipo de fenómenos constituye una manifestación habitual de la dinámica de las placas terrestres.

La sismóloga Arancha Izquierdo, de la Red Sísmica Nacional de España, apunta en la misma dirección y considera que la percepción de un aumento excepcional de los terremotos puede estar condicionada, en buena medida, por la forma en que se suceden y son percibidos estos acontecimientos. Si durante un periodo prolongado no se producen terremotos de magnitud superior a 7 —explica—, la sucesión de varios eventos de esa intensidad en un corto intervalo puede generar la sensación de que existe una anomalía.

¿Estamos realmente ante una ola excepcional de terremotos o simplemente ante una coincidencia que parece extraordinaria?

Las cifras permiten dimensionar mejor lo ocurrido. Suzan Van der Lee, especialista en Ciencias de la Tierra y Planetarias de la Universidad Northwestern, señalaba en un comunicado del 25 de junio que anualmente se registran en el mundo unos 15 movimientos telúricos de magnitud 7 o más, mientras que los que superan el nivel 6 rondan los 150. En ese contexto, que varios sismos de consideración ocurran con pocos días de diferencia no constituye, por sí mismo, una situación extraordinaria.

Por su parte, Belmonte explica que la comunicación inmediata hace que un terremoto ocurrido en cualquier parte del planeta pueda conocerse casi al instante, lo que favorece la impresión de que existe una concentración inusual de estos fenómenos.

Países como Japón, Indonesia, México, Chile y las naciones del Caribe se encuentran sobre zonas de elevada actividad tectónica y experimentan movimientos sísmicos de manera habitual. Solo aquellos de mayor intensidad, o los que provocan daños significativos, suelen captar la atención internacional.

Venezuela y Colombia: ¿puede un terremoto influir en otro?

Si bien varios terremotos pueden ocurrir con pocos minutos, horas o días de diferencia, eso no significa que todos respondan a un mismo fenómeno. Las conexiones entre movimientos telúricos son posibles, pero los especialistas señalan que este tipo de interacción debe buscarse principalmente en zonas donde las fallas se encuentran próximas entre sí.

Los dos fuertes sismos registrados recientemente en Venezuela con apenas un minuto de intervalo constituyen un ejemplo de esta posibilidad. Van der Lee considera que podrían clasificarse como un doblete sísmico, es decir, dos terremotos de magnitudes semejantes producidos prácticamente en el mismo lugar y en un lapso muy corto. En este tipo de situaciones, el primer movimiento puede alterar las condiciones de tensión de las rocas y facilitar que una falla cercana se rompa poco después.

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La influencia de un terremoto tampoco necesariamente desaparece después de unos minutos. Las horas posteriores a un gran movimiento requieren especial atención, debido a que la liberación repentina de energía puede modificar la distribución de las tensiones en el subsuelo.

Esa redistribución puede afectar sectores próximos de una misma estructura tectónica y propiciar nuevos movimientos. En Indonesia, por ejemplo, se registró una réplica hasta dos días después del terremoto principal. Sin embargo, este mecanismo tiene un alcance limitado: no permite establecer que un sismo ocurrido en una región distante sea consecuencia directa de otro producido cientos o miles de kilómetros más lejos.

La comparación entre Venezuela y Colombia permite entender mejor esa diferencia. Ambos países forman parte de un complejo escenario tectónico regional y comparten áreas de interacción entre placas, pero eso no significa que sus terremotos tengan necesariamente el mismo origen ni que uno desencadene al otro. La proximidad geográfica, por sí sola, no basta para establecer una relación causal entre dos eventos sísmicos.

En el territorio venezolano una parte importante de la actividad sísmica está vinculada al desplazamiento horizontal entre las placas del Caribe y Sudamérica. En este tipo de estructuras, conocidas como fallas transformantes o de desgarre, los bloques de la corteza se desplazan lateralmente en direcciones opuestas, acumulando tensiones que pueden liberarse mediante terremotos.

El contexto colombiano presenta, en cambio, una dinámica diferente. Una parte considerable de sus grandes terremotos está relacionada con la subducción, proceso mediante el cual una placa oceánica se introduce por debajo de otra y genera fuertes presiones en el contacto entre ambas. Esta configuración puede producir sismos con características distintas a los asociados a las fallas de desgarre venezolanas.

No existe una “temporada de terremotos”

La conclusión de los especialistas es contundente: no existe una “temporada de terremotos” ni evidencia científica de un patrón global que explique por qué grandes sismos pueden coincidir en distintos puntos del planeta. Que varios movimientos telúricos importantes ocurran con pocas horas o días de diferencia no significa que formen parte de una misma secuencia.

Lo que sí existe son regiones con una elevada actividad sísmica, sistemas de fallas capaces de generar secuencias de movimientos y mecanismos tectónicos que pueden provocar terremotos relacionados a escala local. A esto se suma la tendencia humana a buscar conexiones entre acontecimientos excepcionales cuando ocurren prácticamente al mismo tiempo.

Los movimientos registrados durante una misma jornada en Venezuela, Japón y EE.UU. son un ejemplo de ello. Cada uno tuvo lugar en un entorno tectónico diferente y estuvo asociado a procesos propios de su respectiva región. El hecho de que todos formen parte de la actividad generada por el desplazamiento de las placas tectónicas no implica que exista un vínculo directo entre estos terremotos.

En lo que va de año se han registrado hasta ahora al menos 11 terremotos con una magnitud de 7,0 o superior, según los registros del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS). El número supera el acumulado observado en el mismo tramo de 2024 y 2025, aunque permanece lejos de los niveles alcanzados en años de intensa actividad sísmica. En 2010, por ejemplo, a estas alturas del año ya se habían producido 19 terremotos de magnitud 7 o mayor.

Para el experto Rubén Capote, la sucesión de varios sismos importantes durante este año no permite concluir que exista un incremento sostenido de la actividad sísmica a escala mundial. La aparición de periodos con una mayor concentración de terremotos forma parte de la variabilidad natural que caracteriza a estos fenómenos.

De acuerdo con el USGS, el origen de la mayoría de los terremotos se encuentra en el desplazamiento constante de las placas tectónicas. Aunque estas grandes masas de la corteza terrestre están siempre en movimiento, la fricción puede impedir que se deslicen libremente en determinados puntos. La tensión continúa acumulándose hasta que la resistencia de las rocas es superada y se produce una ruptura que libera energía en forma de ondas sísmicas.

La actividad tampoco se concentra de manera homogénea en todas las regiones del planeta. Los terremotos son mucho más habituales en áreas donde las placas tectónicas entran en contacto o se desplazan unas respecto de otras. Entre ellas destaca el Anillo de Fuego del Pacífico, extensa zona que concentra una elevada actividad tanto sísmica como volcánica.

Por ello, el USGS considera normal que el número de grandes terremotos varíe de un año a otro. Que durante un determinado periodo se produzcan más sismos fuertes de lo habitual constituye una fluctuación natural y no puede interpretarse, por sí sola, como una señal de que se aproxima un terremoto de mayor magnitud.

Autor: teleSUR: idg - JDO

Fuente: Agencias