Haití: movimiento campesino haitiano “Tèt Kole Ti Peyizan Ayisyen” celebra 40 años de lucha

En medio de un contexto político adverso, la organización celebra sus logros, pero sabe que el camino por delante es aún más largo.

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Los 40 años de existencia y resistencia de Tèt Kole Ti Peyizan Ayisyen, organización campesina de alcance nacional, se celebrarán a través de decenas de asambleas locales a lo largo de los próximos meses, promoviendo momentos de reflexión, crítica y autocrítica junto con la base. Foto: Tèt Kole


17 de septiembre de 2026 Hora: 07:49

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En otras circunstancias, serían días de festividades, con cientos de campesinos de todo el país, hombres y mujeres, jóvenes y veteranos, reunidos para celebrar la lucha y reafirmar su compromiso. Pero, en este mes de septiembre de 2026, no habrá ningún evento importante. Con las carreteras del país bloqueadas por las pandillas y un clima especialmente tenso en la región de la capital, la situación actual de Haití no ofrece muchas posibilidades para llevar a cabo las celebraciones que la fecha merecería.

Pero, por eso mismo, el hito de los 40 años de existencia y resistencia de Tèt Kole Ti Peyizan Ayisyen, organización campesina de alcance nacional, no pasará desapercibido. En lugar de la tan esperada fiesta, se celebrarán decenas de asambleas locales a lo largo de los próximos meses, promoviendo momentos de reflexión, crítica y autocrítica junto con la base.

Porque esta es la forma en que el Tèt Kole siempre ha actuado, desde su creación, en septiembre de 1986. Como movimiento de reivindicación campesina, ha promovido, con un trabajo minucioso, la organización popular, la formación de base y la defensa de los derechos de la población rural, contra el yugo del imperialismo y de las élites del país. Y hoy, la humildad con la que da este paso tan significativo surge también de una cierta madurez que le hace darse cuenta de que, si bien ya se ha hecho mucho, ese «mucho» sigue siendo poco, en comparación con el largo camino que aún queda por recorrer.

«Hoy tenemos la capacidad de movilizar a la gente en los 10 departamentos del país (…) logramos alentar a los campesinos a sentarse juntos, trabajar juntos, comer juntos y ser solidarios entre ellos para enfrentar las enfermedades, la muerte o la explotación del Estado». Foto: Tèt Kole

«Nuestro objetivo concreto es lograr una sociedad sin favores. Una sociedad donde las personas puedan vivir como personas. Una sociedad donde quien trabaja sea quien come. (…) Aún no hemos llegado a eso. Pero, precisamente por eso, no podemos desanimarnos ni rendirnos», resume Jean-Jacques Henrilus, uno de los fundadores de la organización y miembro de la Coordinación Nacional. Al mismo tiempo que él nos invita a mirar hacia adelante, destaca que sería injusto minimizar los arduos logros de las últimas cuatro décadas: «Hoy tenemos la capacidad de movilizar a la gente en los 10 departamentos del país. Ese es un primer punto. En segundo lugar, logramos alentar a los campesinos a sentarse juntos, trabajar juntos, comer juntos y ser solidarios entre ellos para enfrentar las enfermedades, la muerte o la explotación del Estado».

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Pierre-Mary Louis, miembro de la Dirección Ejecutiva, asiente y agrega: «Si hoy los campesinos tienen derechos, pueden expresarse libremente, movilizarse, decir lo que quieren y lo que no quieren, Tèt Kole ha contribuido mucho a ello, a través de las formaciones que hacemos y del acompañamiento continuo en todos los rincones del país».

Violencia sistémica

Fue en la dictadura de François y Jean-Claude Duvallier, de 1956 a 1986, cuando se gestó el Tèt Kole, mucho antes de su nacimiento oficial. En esa época, los campesinos eran las primeras víctimas de la represión ejercida por las autoridades locales, junto con las milicias y los paramilitares conocidos como «Tonton Makoute». «Detenían a los campesinos por cualquier motivo, los golpeaban, los encarcelaban y los obligaban a vender sus tierras, sus animales y sus cerdos para que los liberaran», recuerda Jean-Jacques Henrilus.

Desde la década de 1970, junto con las comunidades de base de Cáritas, las primeras reuniones tuvieron lugar de manera clandestina, ya que las libertades de asociación y de expresión estaban extremadamente limitadas. «Tuvimos que usar las propias fincas como espacios para construir el movimiento. Hacíamos trabajos comunitarios, desbrozábamos, sembrábamos y, después de eso, a la hora del almuerzo, a la sombra de un árbol, hacíamos la reunión. Porque era imposible hacerla en otro lugar», cuenta Henrilus.

A medida que el movimiento fue creciendo, las estrategias se multiplicaron, con encuentros de varios días acampados en el bosque o en el cañaveral, o incluso en Puerto Príncipe. Las reuniones se llevaban a cabo en voz baja, sin cantos ni alboroto, y cada participante tenía una hora específica para llegar y retirarse, con el fin de evitar aglomeraciones en la calle.

Fue con la caída del régimen de Duvallier que el Tèt Kole pudo finalmente organizar su primer encuentro nacional, el 6 de septiembre de 1986, y elegir su nombre. Pero, incluso con el regreso de la democracia, la marginación y la violencia sistémica contra la población campesina siguieron siendo la norma. Haití, que se liberó de la colonización mediante una revolución que puso fin a la esclavitud, nunca logró llevar a cabo una reforma agraria con adecuada redistribución de la tierra. Hasta el día de hoy, las parcelas más grandes están en manos de grandes terratenientes, de las iglesias o del Estado, lo que mantiene a los campesinos en situación de arrendamiento o trabajo precario.

Además, cuando el pueblo se organiza, la represión no tarda en llegar, como ocurrió en la masacre de Jean Rabel, el 23 de julio de 1987, cuando 139 campesinos fueron asesinados, a mando de las élites locales, por reclamar un pedazo de tierra. El movimiento Tèt Kole ni siquiera llevaba un año de existencia formal. Pero, lejos de dejarse abatir, siguió al lado de las familias en la lucha contra el Estado y, hoy en día, esa región es un ejemplo de logros en la lucha por la tierra y la organización popular.

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De hecho, los campos de acción de Tèt Kole son tantos, desde el ámbito local hasta el internacional, que no podrían enumerarse de manera exhaustiva. Comienzan con la búsqueda de derechos fundamentales, como el acceso a documentos de identidad y servicios básicos, que a menudo se niegan de facto a las poblaciones que viven en zonas más remotas, y llegan hasta la promoción de la agroecología, la soberanía alimentaria, la educación popular, la preservación ambiental, la economía social y solidaria, la igualdad de género, sin olvidar la defensa incondicional de la soberanía del país y de su pueblo contra todas las formas de injerencia imperialista.

A nivel internacional, Tèt Kole forma parte de organizaciones como CLOC-Vía Campesina, Alba Movimientos y la Asamblea Internacional de los Pueblos (AIP), que comparten los mismos objetivos estratégicos contra un enemigo común. También mantiene un vínculo especial con el Movimiento de Trabajadores y Trabajadoras Sin Tierra (MST) de Brasil, que, desde 2009, cuenta con una brigada permanente de militantes en Haití. «Nuestra relación no se basa en proyectos ni en apoyo financiero. Es una relación de hermandad. Una relación de lucha, de intercambio, de solidaridad», relata Pierre-Mary Louis. «Y eso es una prueba de que, en esta dinámica de globalización de nuestra lucha, cualquier organización de cualquier país puede llevar [a otro país] su esencia, sus ideas y su solidaridad, tal como lo hace el MST».

De mal en peor

Paradójicamente, después de tantos avances y tantas luchas, hoy parece que la situación del país nunca ha sido tan dramática. La crisis de seguridad y, en especial, la casi imposibilidad de desplazarse dentro de la isla tienen como consecuencia un empobrecimiento generalizado de las familias de pequeños agricultores. «Los campesinos necesitan llevar su producción al mercado local o nacional, donde intercambian o venden sus productos para comprar lo que les falta en casa. Sin embargo, hace cinco años que esa relación está prácticamente cortada», lamenta Louis.

Desde el punto de vista de la organización, las actividades se han visto directamente afectadas por esta situación, siendo imposible, por ejemplo, celebrar asambleas generales o grandes movilizaciones a nivel nacional. Esto, sin mencionar la inestabilidad de cualquier planificación y el costo desorbitado de los pasajes aéreos para viajar de norte a sur.

Aún más grave es la situación del Centro Nacional de Montrouis, que el movimiento ha ido construyendo a lo largo de 15 años, en una región que hoy está dominada por pandillas. El lugar era el principal centro de formación de Tèt Kole, erigido en un área de 14 hectáreas dedicada a la agroecología. En 2024, fue invadido y saqueado, y hoy en día resulta absolutamente inaccesible para los miembros de la organización.

De esta crisis multifacética, la dirección del movimiento hace un análisis profundo e histórico, rechazando las respuestas precipitadas o superficiales. La violencia, según ellos, no es obra de unos cuantos delincuentes locales a quienes se pueda derrotar con una intervención extranjera, mediante mercenarios estadounidenses o mediante un falso cambio de Gobierno. Más bien forma parte de un proyecto global y geopolítico de recolonización de Haití, de explotación de su pueblo y de sus recursos naturales —proyecto implementado por aquellos mismos que ahora pretenden aportar soluciones.

Las pandillas fueron creadas siguiendo esa lógica, por sectores mafiosos nacionales e internacionales que necesitaban ejercer un dominio sobre el pueblo haitiano, especialmente sobre las masas de los barrios populares y sobre los campesinos de las zonas rurales, creando una situación de pobreza, miseria y confinamiento para mantenerlos bajo el dominio imperialista”, explica Jean-Jacques Henrilus.

Por eso, Tèt Kole se muestra crítico con la idea de celebrar elecciones en un contexto tan antidemocrático. Considera que la solución está en un cambio estructural de la sociedad, en la construcción de un nuevo Estado en el que el poder esté realmente en manos del pueblo y al servicio de este. «Tèt Kole está comprometido con una dinámica que aspira a un cambio de Estado. Un cambio radical, es decir, no solo cambiar a las personas que están ahí, sino construir un Estado popular, un Estado socialista capaz de asumir sus responsabilidades en beneficio del país y de todas las personas», afirma Pierre-Mary Louis.

Henrilus agrega que esta creación de un nuevo Estado, de una nueva nación, verdaderamente soberana, solo puede partir de la organización popular, el único camino posible «para reivindicar, para exigir, para enfrentar, para luchar contra este sistema de opresión. Porque, si no nos unimos para acabar con él, para arrancarlo de raíz, (…) la nación está perdida, la patria está perdida y nosotros estamos perdidos como pueblo»

Autor: teleSUR- cd - JDO

Fuente: Cha Dafol