Cuba y Haití promueven la solidaridad internacionalista para enfrentar al imperialismo
Las dos naciones vecinas y hermanas llevaron a cabo revoluciones que han inspirado a los pueblos del Sur global. Aunque pagando el precio de las represalias más duras, hoy caminan de la mano y con la cabeza en alto.
Camille Chalmers, coordinador de la organización haitiana PAPDA (Plataforma Haitiana de Promoción para un Desarrollo Alternativo), durante su reciente visita a Cuba para conmemorar el centenario del líder revolucionario, Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.
28 de agosto de 2026 Hora: 13:22
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Entre las más de 7.000 islas —13 países soberanos y 17 territorios dependientes— que existen en el mar Caribe, la región del mundo con mayor concentración de paraísos fiscales, Cuba y Haití se erigen como las ovejas negras. Con sus trayectorias revolucionarias e independentistas, abolicionistas o socialistas, han atraído la ira de las potencias dominantes, que nunca han perdonado su audacia.
A pesar de su proximidad geográfica —solo 80 km separan la punta del Môle Saint Nicolas, en el noroeste haitiano, de Punta de Maísi, en la costa este cubana—, el aislamiento forzado de estos dos países es tan grande que un haitiano debe hacer dos o tres escalas internacionales, desembolsar más de mil dólares y tramitar varios visados, para poder finalmente aterrizar en el aeropuerto José Martí, en La Habana. Ese fue el itinerario que tuvo que recorrer el economista y profesor Camille Chalmers, coordinador de la organización haitiana PAPDA (Plataforma Haitiana de Promoción para un Desarrollo Alternativo), para asistir a la IV Asamblea Intercontinental de Alba Movimientos. Organizado en la capital cubana este mes de agosto, dicho encuentro fue la ocasión para celebrar, junto al pueblo cubano y a decenas de organizaciones populares internacionales, el centenario del nacimiento del Comandante e Jefe Fidel Castro.
Para Chalmers, no se pueden medir esfuerzos para reafirmar la vigencia de la amistad entre Haití y Cuba y los lazos de solidaridad que unen a ambos países en contextos tan adversos. «Nuestra presencia en la Asamblea forma parte de una actitud constante de solidaridad [con Cuba]. Pero hoy, especialmente, creemos que existe una urgencia y una necesidad de estar presentes en La Habana […] para sumarnos a todos los esfuerzos que el pueblo cubano ha realizado para defenderse frente a la agresión imperialista», declara en una entrevista.
Hoy, el bloqueo económico que Cuba enfrenta desde hace 60 años, impuesto por Estados Unidos para sofocar la revolución socialista, ha alcanzado su punto más crítico. Con la invasión de Venezuela, el 3 de enero, y las amenazas de Donald Trump a otros países, la isla prácticamente perdió acceso a sus proveedores de petróleo. La falta de energía afecta no solo la vida cotidiana de las personas, sino también el funcionamiento de las instituciones, las escuelas, el transporte y los hospitales, con consecuencias dramáticas para las vidas humanas.
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En Haití, los medios de intimidación utilizados por el imperialismo son otros, pero el objetivo es el mismo: golpes de Estado sucesivos, la liquidación de la soberanía alimentaria y el abastecimiento de grupos armados que aterrorizan a la población e impiden el ejercicio de la democracia. Métodos que apuntan a la destrucción del Estado de derecho y al retorno de un cierto orden neocolonial en el «patio trasero» de Estados Unidos.
Según Chalmers, el aislamiento sistemático, la desinformación y el olvido histórico también forman parte de esta guerra silenciosa. «La gente no puede saber que estos dos países hicieron revoluciones, que los trabajadores esclavizados [haitianos] lograron elaborar una estrategia para derrocar a los tres imperios más grandes de la época y que Cuba logró hacer una revolución de transición al socialismo a tan solo 140 km de la mayor potencia capitalista. Nadie puede saberlo. Y cuando se habla de ello, es para que se vea como un fracaso, algo que no funcionó».
Médicos cubanos
Sin embargo, lo que estos dos pueblos tienen en común es también un fuerte espíritu de dignidad y de compromiso con la lucha. En este sentido, la mejor respuesta que pueden dar a las amenazas y a la opresión imperialista radica precisamente en la ayuda mutua y la valoración recíproca, ya sea en el ámbito cultural, humano o científico. Desde 1998, eso es lo que hace la Brigada Médica Cubana en Haití, actualmente con 65 profesionales de la salud que trabajan en toda la región sur del país.
El Dr. Guillermo Mora García, coordinador de la Brigada, destaca que estos 28 años han sido de presencia ininterrumpida, enfrentando, junto a los haitianos, todas las dificultades que ha atravesado el país, desde el terremoto y los desastres climáticos, pasando por la pandemia de Covid-19, hasta la crisis política y de seguridad que sigue paralizando el desarrollo social.
«Nosotros estamos en Haití compartiendo nuestros conocimientos, nuestra ciencia y compartiendo los mismos dolores y sacrificios que sufre el pueblo haitiano», explica el Dr. Guillermo. La misión de la brigada se centra en las zonas más remotas, más alejadas de la infraestructura de salud pública y donde las condiciones de vida son más precarias. «Estamos en los lugares de difícil acceso junto a camaradas haitianos y trabajando para el pueblo haitiano con un espíritu de solidaridad humanista y una vocación por el tema de la promoción y la prevención de enfermedades».
«Esta postura de trabajar juntos, en lugar de querer imponer su forma de actuar o sustituir al Estado haitiano —como hacen muchas organizaciones internacionales—, es el sello distintivo de la Brigada. Su labor se lleva a cabo mediante un convenio con el Ministerio de Salud Pública y Población de Haití, dentro de la red de salud pública, siempre junto a médicos y profesionales de la salud del propio país. Nuestro trabajo no sería posible sin el apoyo también y la presencia de profesionales haitianos de muy alta calificación científica, que junto con nuestros médicos, estuvieron allí en la primera línea», subraya el coordinador de la brigada, destacando que el país cuenta con prestigiosas instituciones de salud. Asimismo, la principal carencia del sector radica en la cantidad de médicos disponibles, ya que en Haití hay solo 3 por cada 10.000 habitantes —a modo de comparación, en Brasil son 30 y en Cuba, 100.
Las áreas de actuación de la brigada abarcan desde la medicina general hasta la intervención quirúrgica, incluyendo la capacitación y la participación en programas específicos de promoción de la salud, impulsados por las autoridades locales. El intercambio científico también constituye un eje fundamental de la presencia cubana en Haití, con la organización de jornadas y seminarios bilaterales. En cuanto a los brigadistas, por lo general permanecen alrededor de tres años inmersos en el país. Aprenden el idioma criollo y trabajan al servicio de la población.
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«En las brigadas cubanas, en el mundo, los profesionales que estamos prestando servicio lo hacemos con amor, con dedicación y porque parte de nuestra formación como médico también incluye el internacionalismo proletario», señala Mora García. «Para los cubanos, Haití es un pueblo que merece todo el respeto, la consideración y nuestra amistad y, por supuesto, la atención de nuestros profesionales de la Salud que, siempre y mientras el pueblo lo decida, estaremos aquí en esta tierra hermana».
Es importante destacar que la solidaridad cubana con Haití también se ha manifestado en otras áreas a lo largo de las últimas décadas, con contribuciones en la agricultura y la soberanía alimentaria, en la educación, a través del programa de alfabetización «Sí, yo puedo», o en la colaboración académica, que ha permitido formar a más de 1.000 haitianos en universidades cubanas, la mayoría de ellos en la carrera de Medicina.
Hermandad histórica
«Debemos decir que, entre los pueblos cubano y haitiano, existe una larga historia de solidaridad que comenzó en 1495, cuando un cacique taíno viajó a Cuba para alertar sobre los crímenes cometidos por los españoles y pedir a los taínos cubanos que organizaran la resistencia», cuenta Camille Chalmers, refiriéndose a los pueblos indígenas que habitaban ambas islas antes de la llegada de Cristóbal Colón. «Y la historia ha demostrado que la zona a la que llegó ese cacique fue precisamente donde se produjo la mayor resistencia contra la colonización española», destaca.
A lo largo de los siglos XIX y XX, las trayectorias de las dos naciones rebeldes se cruzaron e interactuaron en diversos momentos. La Revolución Haitiana, que abolió la esclavitud y condujo a la independencia del país en 1804, inspiró el levantamiento de los esclavos cubanos liderado por José Antonio Aponte en 1812. Más tarde, la amistad y la admiración mutua entre José Martí y el antropólogo haitiano Antenor Firmin alimentaron el proyecto de liberación de la nación cubana, del cual Martí fue pionero.
Camille Chalmers cuenta que «cuando José Martí murió en combate, llevaba en su mochila un libro de Antenor Firmin titulado La igualdad de las razas humanas». También insiste en el papel crucial que tuvo ese diálogo entre diversos intelectuales de la región en la formación de la identidad de los pueblos del Caribe. «José Martí, Antenor Firmin, Ramón Betances, Máximo Gómez y otros estaban trabajando en la idea de una confederación de las Antillas, con el fin de crear una relación entre los pueblos del Caribe que fuera diferente de la segmentación que la colonización quiso hacer.»
El propio Fidel Castro relató en el libro Fidel y la religión, fruto de una conversación con el teólogo y escritor brasileño Frei Betto, que su conciencia política y revolucionaria se forjó, aún en su infancia, a partir del contacto con migrantes haitianos que trabajaban en los ingenios cubanos. El encuentro con esas familias le permitió conocer la cultura y la historia de Haití, al tiempo que le hizo darse cuenta de las injusticias que sufrían, la precariedad de sus condiciones de vida y la enorme desigualdad social que caracterizaba entonces a la sociedad cubana.
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Cuando triunfó la Revolución Cubana en 1959, Haití vivía bajo la dictadura de François Duvallier, quien, a instancias de Estados Unidos, rompió relaciones con el nuevo Gobierno. No fue sino hasta 1997 que el presidente Jean-Bertrand Aristide restableció relaciones diplomáticas con Fidel Castro, lo que permitió la apertura de una embajada cubana en Puerto Príncipe y el inicio de una colaboración que perdura hasta hoy.
«Los haitianos y los cubanos son dos pueblos hermanos que, desde 1495 y a lo largo de toda la historia, nunca se han abandonado. Trabajan con un mismo sentido de dignidad, autodeterminación, defensa de la soberanía, lucha contra la esclavitud y toda forma de opresión», concluye Chalmers, consciente también del impacto que tiene la resistencia cubana a nivel internacional. «La Revolución Cubana es una llama de libertad, de dignidad, de esperanza para todo pueblo que desee afirmar su soberanía y que crea en la posibilidad de construir una sociedad que no se base en una lógica de depredación, una lógica criminal de explotación, como el capitalismo.»
Autor: teleSUR- cd - JDO
Fuente: Cha Dafol




