«Brasil no cabe en el patio trasero de nadie»: discurso soberano de Lula desafía entreguismo de Bolsonaro
El presidente reivindicó la independencia de Brasil frente a cualquier intento de tutela extranjera con una afirmación que resume su posición: «Brasil no cabe en el patio trasero de nadie».
El programa de Lula plantea que Brasil debe preservar su autonomía para adoptar decisiones políticas y económicas de acuerdo con sus propios intereses. Foto: EFE
29 de septiembre de 2026 Hora: 16:36
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Frente a la injerencia de Washington en América Latina y las posiciones entreguistas de la derecha brasileña, Luiz Inácio Lula da Silva defiende para un eventual cuarto mandato un proyecto político que reivindica la soberanía nacional, combate las desigualdades y prioriza el fortalecimiento de las políticas sociales.
El documento programático del Partido de los Trabajadores (PT) para la campaña presidencial de 2026 desarrolla esta propuesta y coloca la política exterior como uno de los ejes principales, en un escenario internacional marcado por el avance del unilateralismo, el proteccionismo y las crecientes disputas geopolíticas.
Ante este panorama, el programa plantea que Brasil debe preservar su autonomía para adoptar decisiones políticas y económicas de acuerdo con sus propios intereses, sin aceptar condicionamientos externos que comprometan su capacidad de definir de manera independiente sus relaciones y estrategias nacionales.
Soberanía y nuevas alianzas frente a la injerencia de Washington
El país sudamericano atraviesa un período de tensión diplomática por la injerencia del Gobierno de Estados Unidos, que ha impuesto aranceles a las exportaciones brasileñas y respalda la candidatura del senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro (2019-2023), a la Presidencia.
Frente a este panorama, el PT propone ampliar la Cooperación Sur-Sur y consolidar los instrumentos financieros asociados al BRICS. Asimismo, aboga por transformar la estructura financiera internacional para garantizar una participación más democrática de los países en desarrollo en organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y las instituciones multilaterales de crédito.
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La estrategia incluye reforzar el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, el Nuevo Banco de Desarrollo y los mecanismos de financiamiento del BRICS, con el propósito de diversificar las fuentes de recursos disponibles para las naciones en desarrollo y reducir su dependencia de los circuitos financieros tradicionales.
En el plano regional, el programa apuesta por estrechar los vínculos entre los países sudamericanos mediante proyectos conjuntos de infraestructura, defensa, seguridad pública, energía y salud. A ello se suman el desarrollo de conexiones con el océano Pacífico y el Caribe, la creación de un mercado común de energía en Sudamérica y el mantenimiento del compromiso de preservar a América del Sur y el Caribe como zona de paz.
En el escenario internacional, la reforma de las Naciones Unidas ocupa un lugar destacado, particularmente la del Consejo de Seguridad, cuya composición y funcionamiento el PT considera necesario modificar para garantizar una estructura más representativa y democrática, con mayor presencia de las naciones en desarrollo entre sus miembros permanentes.
El documento atribuye a Brasil un papel protagónico en la formulación de normas internacionales para las tecnologías digitales y la inteligencia artificial (IA). Esta iniciativa estaría sustentada en la soberanía digital, la salvaguarda de los datos, el intercambio científico, la transferencia de tecnologías estratégicas y el establecimiento de mecanismos democráticos de regulación para las plataformas digitales y los sistemas de IA.
Tierras raras: el nuevo objetivo estratégico de Washington en Brasil
La disputa por el control de las tierras raras ha adquirido una dimensión estratégica en la pugna entre Estados Unidos y China. En este escenario, Donald Trump intensifica sus esfuerzos por encontrar fuentes alternativas de suministro que permitan a Washington reducir la ventaja de Beijing sobre estos minerales, fundamentales para la industria tecnológica, la fabricación de equipos militares y el desarrollo de productos de alta tecnología.
El Gigante asiático concentra el 48 por ciento de las reservas mundiales de tierras raras y domina alrededor del 90 por ciento de su procesamiento y refinación. Esta posición le otorga una influencia determinante sobre las cadenas de suministro de recursos indispensables para la competencia tecnológica y militar a escala global.
Ante la dependencia de estos materiales para sostener su capacidad industrial y militar, EE.UU. ha extendido su búsqueda de fuentes de abastecimiento por el continente americano, con el propósito de garantizarse un acceso directo y privilegiado a estos recursos y contrarrestar el avance de china.
Brasil ocupa un lugar central en esta estrategia, pues alberga el segundo mayor volumen de reservas de tierras raras del planeta, equivalente al 23 por ciento del total mundial, por lo que su riqueza mineral lo convierte en un objetivo de especial interés para Washington.
En este contexto, la campaña de Flávio Bolsonaro para 2026 deja entrever una propuesta que comprometería la soberanía brasileña sobre sus recursos naturales. Su acercamiento a la nación norteña contempla poner el potencial de las tierras raras de Brasil al servicio de los intereses estadounidenses, una oferta que se vincula con la expectativa de obtener un respaldo más contundente de la Casa Blanca para obstaculizar la continuidad de Luiz Inácio Lula da Silva en la Presidencia.
Desde la perspectiva de Trump, este eventual acuerdo representaría una operación de importantes beneficios estratégicos y económicos. Sin necesidad de asumir los costos de una intervención directa, el mandatario estadounidense tendría acceso a recursos esenciales para su industria y, al mismo tiempo, afianzaría una relación con un eventual Gobierno brasileño entreguista y dispuesto a favorecer los intereses de Estados Unidos.
Frente a esta perspectiva, Lula ha defendido que Brasil no debe conformarse con extraer sus riquezas minerales y venderlas como materias primas, sino que necesita desarrollar capacidades científicas e industriales propias, para aprovechar su potencial.
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En julio, el mandatario rechazó que el país se limite a desempeñar el papel de proveedor de tierras raras y reclamó mayores inversiones en investigación y desarrollo tecnológico, con el objetivo de generar valor agregado y preservar el control nacional sobre estos recursos estratégicos.
La postura de Lula se inscribe en una defensa más amplia de la soberanía brasileña frente a las pretensiones de subordinación externa, y apunta a impedir que la riqueza mineral del país se convierta en un instrumento al servicio de las disputas de poder de otras naciones y a garantizar que sus beneficios contribuyan al desarrollo nacional.
En esa línea, Lula reivindicó la independencia de Brasil frente a cualquier intento de tutela extranjera con una afirmación que resume su posición: «Brasil no cabe en el patio trasero de nadie».
ONU: reivindicación de la soberanía y cuestionamiento a la injerencia externa
La defensa de la soberanía y la democracia marcó el discurso de Luiz Inácio Lula da Silva ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, en su décima intervención ante ese foro y la última de su actual mandato.
El líder de los trabajadores advirtió sobre el retorno de las presiones externas sobre los procesos electorales latinoamericanos y alertó que estas prácticas vuelven a colocar a la democracia en una situación de vulnerabilidad.
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En ese sentido, Lula rechazó las pretensiones de control sobre el continente y se opuso al despliegue de fuerzas militares extranjeras en sus aguas. Frente a las operaciones armadas para supuestamente enfrentar al crimen organizado, defendió una estrategia basada en la cooperación entre países para combatir el tráfico de armas y cortar las fuentes de financiamiento de las organizaciones criminales.
También denunció el impacto de las campañas de desinformación y de las presiones externas sobre los procesos electorales, al tiempo que defendió el derecho de Brasil a resolver sus asuntos internos sin interferencias de potencias. Su planteamiento situó la defensa de la democracia brasileña dentro de una reivindicación más amplia de la soberanía latinoamericana.
En su intervención, Lula cuestionó el funcionamiento actual de Naciones Unidas y consideró que el organismo atraviesa una de sus etapas más difíciles. El mandatario volvió a señalar las limitaciones del Consejo de Seguridad y reclamó una reforma que otorgue mayor representación a los países del Sur Global, especialmente a las naciones africanas, cuya ausencia de los puestos permanentes considera una herencia de la estructura de poder internacional surgida del pasado colonial.
La crisis climática ocupó un espacio relevante en el discurso. Lula defendió que Brasil pueda continuar explorando nuevas reservas de petróleo, incluso frente a la costa amazónica, pero sostuvo que esa actividad no supone abandonar los compromisos ambientales del país. En ese sentido, reivindicó la reducción de la deforestación en la Amazonía y reafirmó la necesidad de avanzar hacia una economía con menores emisiones.
En el plano internacional, el jefe de Estado condenó la ofensiva contra la población palestina en Gaza y defendió la creación de un Estado palestino como vía para alcanzar una solución al conflicto. También reclamó el fin de las agresiones en Cisjordania y del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto a Cuba por más de 60 años.
Respecto al conflicto entre Rusia y Ucrania, insistió en la necesidad de privilegiar la negociación y construir condiciones para poner fin a las hostilidades, en lugar de prolongar la confrontación militar.
Flávio Bolsonaro: El entreguismo como eje de su proyecto
El proyecto de Flávio Bolsonaro profundiza una orientación de abierto alineamiento con los intereses de EE.UU. Bajo su propuesta, sectores estratégicos de la economía brasileña quedarían cada vez más vinculados a Washington, en un momento en que la Casa Blanca busca ampliar su control sobre recursos indispensables para las industrias tecnológicas.
Las tierras raras constituyen uno de los principales ejemplos: en lugar de colocar estos minerales al servicio del desarrollo soberano de Brasil, el proyecto de Bolsonaro contempla estrechar la cooperación con la Administración Trump para su explotación, abriendo espacio a los intereses estadounidenses sobre recursos que pertenecen al patrimonio estratégico brasileño.
La misma lógica atraviesa otras áreas de la economía. El alineamiento con Washington implicaría privilegiar los intereses comerciales y tecnológicos estadounidenses incluso cuando Brasil dispone de alternativas propias o de otros socios internacionales.
En ese esquema, sectores brasileños con capacidad para competir en el mercado mundial quedarían expuestos a decisiones condicionadas por las prioridades de EE.UU., mientras el país perdería margen para definir de manera independiente sus relaciones comerciales, tecnológicas e industriales.
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Así, el proyecto de Flávio Bolsonaro no representa únicamente un programa de recortes dentro de Brasil, sino también una orientación que amenaza con profundizar la dependencia económica respecto a Washington.
La entrega de espacios estratégicos al capital estadounidense, sumada a la reducción del papel del Estado brasileño, podría debilitar la capacidad del país para proteger sus recursos, desarrollar tecnología propia y decidir soberanamente cómo y con quién explota sus riquezas. El resultado sería una economía más subordinada a los intereses de una potencia extranjera y con menor capacidad para utilizar sus recursos estratégicos en función de su propio desarrollo.
Autor: teleSUR: idg - JDO
Fuente: Agencias




