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El kirchnerismo ante el futuro
Publicado 16 octubre 2014

En la actualidad, el kirchnerismo es la fuerza y la identidad política más relevante de la política argentina que está intentando reubicarse en el mapa político.

La continuidad de Evo Morales –quien ha triunfado el 12 de octubre-, está garantizada y mayoritariamente legitimada. Todavía queda por ver si Dilma Rousseff y del Frente Amplio, ahora en la figura de Tabaré Vázquez, seguirán el camino del mandatario boliviano. Pero debemos destacar un dato interesante en la región: La percepción general de que los gobiernos progresistas y de izquierdas de América del Sur no tenían rivales políticos de peso, se ha terminado. Salvo en Bolivia –donde Evo Morales tiene una adhesión significativa-, en otros países se han instalado representaciones políticas de  derechas con aspiraciones reales de transformarse en mayorías electorales.

Pese al avance de nuevas y viejas derechas, la victoria electoral de estos espacios progresistas, indican dos cuestiones importantes a considerar: Por una lado, que las dirigencias de derechas no lograrán forzar un cambio de época en América del Sur y, por otro, que las ciudadanas y los ciudadanos de estos países adhieren a proyectos que han apostado por la inclusión social, la reducción de la pobreza, la presencia del Estado en la regulación económica y el intento de acortar la brecha entre ricos y pobres. Parece ser el tiempo de los oficialismos de izquierdas y progresistas que sienten el “aliento” de unas derechas que empiezan a disputar sus bases sociales.

El kirchnerismo intentará condicionar los “armados” electorales en el 2015

Ahora bien, estos escenarios relativamente previsibles se diferencian del dilema en que se encuentra el oficialismo en Argentina. Su dilema se funda en la imposibilidad del kirchnerismo de establecer e “inventar” un sucesor o sucesora presidencial. Pero, como todos sabemos, nadie se suicida (políticamente) en las vísperas y el kirchnerismo hoy sin candidato propio competitivo intentará condicionar los “armados” electorales en el 2015. Para ello, debe conservar su fuerza y legitimidad hasta el último día de mandato y la clave de esto en principio es reducir cualquier daño que pueda causar la inflación, la fuga de capitales, la presión de las corporaciones para lograr una devaluación y los efectos del litigio con los holdouts (fondos buitres). Entonces, si logra administrar esta coyuntura y mantener la adhesión política hay posibles escenarios de acción para el kirchnerismo. Escenarios, que le permitirían o bien triunfar en la elecciones con un candidato “acordado” o, en el caso de perder, consolidarse como una fuerza hacia el futuro reteniendo entre sus filas una cantidad importante de diputados y alianzas territoriales.

Uno de los cursos de acción posible sin un candidato propio,  es negociar con el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, candidato a la presidencia que mayor intención de voto posee hasta la actualidad. Si bien pertenece al espacio político de la presidenta (Frente para la Victoria), el “kirchnerismo duro” –entre los cuales, en encuentran La Campora, el grupo de intelectuales Carta Abierta, Nuevo Encuentro- se opone a su proyecto político moderado ya que entienden que “pactará” con algunas de las corporaciones políticas y económicas que ha limitado el proyecto de Cristina Fernández de Kirchner. La posibilidad de negociar con este candidato radica en la posibilidad de condicionarlo en el armado de las listas (es decir, imponerle candidato a vicepresidente y diagramar las listas de dipuados) para co-gobernar en el futuro. Esta estrategia, podríamos denominarla negociar para co-gobernar.

El otro curso de acción posible, es no negociar con Daniel Scioli e instalar un candidato propio que si bien no triunfe en las elecciones cristalice un apoyo que hoy oscila entre el 20 y 30% del electorado, lo que convertiría al kirchnerismo en la fuerza opositora más relevante del país. La cual, tendría espacios en la cámara de diputados, más los espacios que ha logrado en la burocracia estatal, que no serán pocos. Es decir, puede “plantarse” como una fuerza que podría imaginarse retornar al poder dentro de cuatros años.  Entonces, si bien esta estrategia dificultaría la llegada de Scioli al poder presidencial –ya que el oficialismo iría con otro candidato-, se abriría la posibilidad que una centroderecha atravesada por frágiles pactos arribe a la conducción del Estado.

El kirchnerismo “mostraría” lo que tiene como caudal propio y retomaría esa ambición de la cultura argentina

De alguna manera, esta última estrategia que podría perder electoralmente podría ser el inicio de la consolidación y ampliación de una fuerza política de carácter nacional que sustituya al Partido Peronista, utilizando alianzas territoriales, los espacios legislativos obtenidos y las funciones en la burocracia estatal. Podríamos denominar a esta estrategia, perder con lo propio para persistir e inaugurar una fuerza política con fronteras ideológicas “claras” y no depender de nadie. Es decir, el kirchnerismo “mostraría” lo que tiene como caudal propio y retomaría esa ambición de la cultura argentina de trascender el partido peronista (hoy más una maquina electoral y de control social en los territorios que una fuerza partidaria) y crear un movimiento alternativo.

Por cierto, tanto la estrategia de negociar para co-gobernar, como la ir a una elección para “mostrar” lo propio y establecerse como una fuerza que concentre entre un 20 o 30% del electorado y cierta fuerza legislativa y burocrática, suponen dos estrategias diversas de acumulación políticas con sus ventajas y dificultades. Éstas no pueden pensarse como una que se construye  “desde arriba” y otra “desde abajo”, ya que ambas suponen un vínculo con la institucionalidad estatal. Las ventajas o desventajas radican en la posibilidad de obtener o no recursos estatales para consolidar el trabajo militante y social.

En la actualidad, el kirchnerismo es la fuerza y la identidad política más relevante de la política argentina que está intentando reubicarse en el mapa político, ya sea para co-gobernar o para afrontar una situación de derrota con recursos políticos a futuro. Posee capacidad de movilización y de establecer una gobernabilidad estable.

Si bien, nuevas y viejas derechas articuladas en el espacio de Mauricio Macri (PRO) y en el Frente Renovador de Sergio Massa pueden obtener el voto de vastos sectores de la población e inclusive legitimarse como una “derecha con sensibilidad social” no poseen ninguna fuerza movilizada, ni el atisbo de establecerse como una identidad sustantiva. Ni siquiera Daniel Scioli, el gobernador de la provincia que concentra el 38% del padrón electoral nacional e importantes recursos, ha logrado recrear una fuerza y una identidad. La ausencia de estas dimensiones, torna a estas derechas con sensibilidad social  en agentes muy débiles frente a lobbys nacionales y transnacionales.  Paradojalmente, el límite a éstas lo sigue estableciendo –con variaciones- el kirchnerismo, el cual inclusive “protege” a las derechas políticas de ser empujadas a una restauración neoconservadora y, por ende, limita sus efectos devastadores sobre la población.
 


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El KIRCHNERISMO demuestra a toda Argentina que amplía DRECHOS, economía social y una política de integración regiona. La DERECHA hizo la misma MANIOBRA y CFK fue ELECTA con el 55% de VOTOS.
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