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Imagenes para contenidos

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Publicado 19 mayo 2015

Martí aglutinó a la mayoría de los cubanos, explicó la continuidad histórica de la Revolución y demostró que la independencia de su país era necesaria para evitar la absorción de Nuestra América por Estados Unidos

Una bala española acabó con la vida de José Martí hace 120 años, pero hasta hoy perdura su legado lleno de sinceridad, valentía, apego a la raíz, respeto a la humanidad y amor por el saber y la cultura.

El primer descendiente y único varón de los españoles Mariano Martí y Leonor Pérez, nacido el 28 de enero de 1853, resultó el máximo impulsor y organizador de la contienda bélica de 1895, la nombrada guerra necesaria, que constituyó otro esfuerzo de Cuba por dejar de ser colonia de España.

Para lograr los supremos objetivos de poner nuevamente a su país en pie de lucha y fundar la república “con todos y para el bien de todos”, el Héroe Nacional cubano realizó un exhaustivo estudio del contexto político y social de su tierra natal.

Sagaz, sincera, amorosa fueron calificativos característicos de la prédica martiana entre cubanos de adentro y de afuera de la geografía nacional en momentos de gran incertidumbre por el fracaso de la Guerra de los Diez Años (1868-1878).

En misiva al dominicano Máximo Gómez para pedirle que se pusiera al mando del Ejército Libertador, Martí apuntó: “…ofrezco a usted, sin temor de negativa, este nuevo trabajo, hoy que no tengo más remuneración que brindarle que el placer del sacrificio y la ingratitud probable de los hombres”.

Con delicadeza y respeto respondió a la adolescente Meletina Azpeytía, presidenta de un club de niñas, el aporte monetario hecho por ellas a la causa independentista mientras se desarrollaban los planes organizativos. “¿Quién sabe, niñas del club, qué herida se curará con ese bálsamo, que bandera se comprará con esa ofrenda? No yo, sino mi patria, besa a ustedes la mano”, escribió el Maestro.

Como evidencian testimonios de contemporáneos y afirman estudiosos, Martí logró la congruencia entre palabras y hechos, lo cual elevó su ascendencia y prestigio en círculos políticos, hogares de emigrados y antiguos jefes militares, y en cualquier espacio defensor de la mayor de las Antillas.

Sus viajes por ciudades de Estados Unidos, donde vivió la mayor parte del tiempo desde 1880 hasta 1895, y por varios países latinoamericanos, marcaron también la permanente búsqueda de la unidad imprescindible para “tamaña empresa”.

Papel de suma importancia en ese sentido desempeñaron dos creaciones suyas de 1892: el Partido Revolucionario Cubano, caracterizado por un recio carácter independentista, latinoamericanista y antianexionista; y el periódico Patria, el punto culminante de un periodismo iniciado en plena adolescencia, y en el cual vertió y mostró todo lo que se entendía sobre la prensa ideológica del movimiento libertador, según el historiador cubano José Antonio Portuondo.

“Patria quiere honrar a los buenos, contar sus historias, propagar el modo de pelear con éxito, preparar la victoria de la libertad equitativa sobre los meros medios que se han de emplear para su triunfo, levantar un pueblo”, subrayó Martí en el número 14, correspondiente al 11 de junio de 1892.

Su mensaje orientador encontró cauce en los futuros revolucionarios, en los patriotas veteranos, en los jóvenes, en las madres, en los escépticos… pues se trataba de una obra urgente de propaganda, conciliación y explicación política.

Bajo el principio de igualdad plena entre los hombres, Martí aglutinó a la mayoría de los cubanos, explicó la continuidad histórica de la Revolución y demostró que la independencia de su país era necesaria para evitar la absorción de Nuestra América por Estados Unidos y alcanzar el equilibrio del mundo.

Alertó, y sus compatriotas no deben confundirse en medio del crucial y actual momento, que “es de supina ignorancia, y de ligereza infantil y punible, hablar de los Estados Unidos y de las conquistas reales u oponentes de una comarca suya o grupo de ideas, como de una nación total e igual, de libertad unánime y de conquistas definitivas”.

Defensores y detractores han querido mutilar o separar parte de la prolífica obra de Martí, sin embargo, ambas partes reconocen que el proyecto emancipador del Héroe traspasa fronteras de diversa índole y goza de infinita salud. Para beneficio de las actuales y venideras generaciones, están la poesía, la literatura infantil y de mayores, las piezas oratorias, las cartas, los escritos periodísticos y los documentos de ese hombre que cayó en combate, como quiso, a los 42 años de edad.


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