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El titular de la FAO inauguró en su visita a El Salvador un Centro de Capacitación de Agricultura Urbana al este de la capital. (Foto: FAO)

El titular de la FAO inauguró en su visita a El Salvador un Centro de Capacitación de Agricultura Urbana al este de la capital. (Foto: FAO)

Publicado 25 mayo 2014

A la pregunta sobre si cambiará o no la situación en Ucrania tras las presidenciales del domingo 25 de mayo, serios analistas responden negativamente. Ubican como factor decisivo, el retorno a la Constitución del 2004 ordenada por el grupo que ocupa el poder y se distribuyó los cargos tras el golpe de Estado del 22 de febrero. Se cree que varios de ellos van a mantenerse en sus puestos tras los comicios que tienen como objetivo central darle la legalidad de que carecen.

Para un cambio sustantivo sería preciso hacer elecciones legislativas que den vida a un nuevo parlamento, donde estuvieran representados todos los sectores y tendencias, pues ese es el órgano que elige al primer ministro y su gabinete, o sea, tiene el mayor peso en la creación del gobierno y en decisiones posteriores, según establece la Carta Magna repuesta.

Por supuesto que el presidente cuenta con facultades e incluso está en condiciones de tomar providencias favorables o no para la mayoría de la población, pero si no varían de modo raigal las propensiones en boga, será casi imposible que exista un transcurso llevadero.

Entre uno y mil motivos, porque quedará pendiente la situación de las provincias del sureste declaradas repúblicas independientes a partir del referéndum popular del 11 recién pasado y contra las cuales se mantiene un operativo militar ordenado por los dirigentes provisionales de Kíev, quienes insertaron dentro de las filas del ejército a los extremistas de ultraderecha que tanto protagonismo tuvieron en los sucesos vandálicos y de alta violencia en el mal afamado maidán capitalino.

Ante las deserciones de muchos soldados que se pasaron a las filas rebeldes o la negativa de otros tantos a actuar contra sus iguales, los grupos neonazis se estructuraron en una asociación paramilitar a la que se le dio base “válida” al bautizarla con el nombre de Guardia Nacional. Según algunos testimonios, fueron los que actuaron en Odessa en la atroz encerrona con la cual quemaron vivas a unas 47 personas. No es el único incidente que se les atribuye.

Lo decisivo, sin embargo, procede del curso que tomen las regiones insubordinadas donde se comenzó a organizar el entramado económico ( en algunos casos nacionalizando empresas o minas) de modo que ese 20% de producción industrial que genera el área se quede en estas provincias para su desarrollo y no pase a los ingresos de un gobierno que no reconocen, ni tampoco a seguir engordando las riquezas de los oligarcas que reaccionan mal, viendo amenazados sus intereses, adquiridos, en su mayor parte, en la etapa de desorden bajo mandato de Boris Yeltsin, momento en que surgieron casi todas las grandes fortunas en varias ex repúblicas soviéticas y tendencia acentuada durante las primeras etapas de la independencia. En todos los casos se partió de expropiar de algún modo, bienes estatales o legislar en favor de adquirirlos como ganga.

Una vez introducida esa práctica en el caso ucraniano u otros, los beneficiados tratan de mantener o acrecentar sus grandes fortunas desde los altos cargos. Por eso tanto interés y pugna por adjudicárselos.

La otra cara

De que la final defenestración de Víctor Yanukovich tuvo en sus esencias las disputas por tener los hilos de las determinaciones y a quienes favorecen más, no hay dudas, aunque se pretenda disfrazar esos bajos afanes.

El asunto que pocos tratan y que pese a todo juega un decisivo papel en esta historia, está en la protesta social que subyace en el inicio a los sucesos que fueron secuestrados por estos magnates ucranianos, unidos a mafias locales e intereses geoestratégicos norteamericanos-europeos.

Quiere decir que las primeras expresiones de inconformidad no fueron, como se insistió en asegurar, la negativa de Yanukovich a firmar un pacto comercial con la Unión Europea, incluso aunque muchos ingenuos pensaron y creen aún, que solo ese acuerdo les facilitaría la existencia o desplazarse hacia otras naciones del Viejo Continente, donde lo menos que se desea son nuevos emigrantes.

Con uno u otro pensamiento, los problemas con el empleo y las condiciones de vida, detonaron las protestas, robadas –insisto- por los grupos violentos que sostienen a la pléyade de políticos capaces de traicionarse entre ellos mismos (y si no que le pregunten a Yulia Timoshenko, promotora de Turshinov y Yatseniuk, pero casi fuera de juego ahora) y de burlar, con mayor motivo, a sectores de la sociedad confundidos o víctimas de torcidas manipulaciones.

Los acontecimientos en las denominadas República Popular de Donestk o su similar de Lugansk, donde en total habitan unos 7 millones de personas, muestran que las intenciones federalistas iniciales, evolucionaron hacia criterios de soberanía después, pero tienen como punto de partida esos mismos problemas sociales, descontento aprovechado por los oligarcas para dirigirlo en su favor, culpando de todo al mandatario depuesto, en definitiva, uno de los suyos.

Viendo en peligro sus bienes, los magnates usan el viejo método de virar a los trabajadores contra sus propios semejantes, partiendo de que la pasarán peor si se quedan sin empleo. Esa extorsión está en marcha. Funciona, es de lamentar, como cualquier bala.

Pese a los resultados cercanos, como en las miras de quienes dirigen Ucrania y sus socios extranjeros no hay variantes favorables a la ciudadanía, no se debe descartar que en algún momento resurjan las expresiones reales de ese malestar primitivo que debe crecer si, como está previsto por el FMI, se aplican fuertes ajustes (ya se iniciaron con la subida del precio al gas doméstico).

Es de lamentar que las fuerzas más progresistas estén divididas y ello impida que se canalice el devenir de manera viable para la mayoría. Peor asoma en la posibilidad de una ofensiva militar superior a la desatada contra las regiones del Dombass, denominadas como separatistas, que, al final, concluirán siéndolo en puridad, si se les sigue acorralando. Todo proceso se radicaliza en la media en que es atacado.

Difícil presumir cómo reaccionaría Moscú ante una arremetida sangrienta que no es absurdo esperar. Rusia ha sido, lógicamente, muy cauta, excepto en sus movidas con respecto a Crimea (salvaguardando parte de su defensa) y con la firma del grandioso pacto comercial con China para aprovisionarla de combustibles por 30 años y recibir o hacer inversiones complementarias muy ventajosas para las dos partes.

El tema, por sus derivaciones y componentes, merece trato aparte. Vale la cita como pieza en la partida que se está jugando, y debido a que la portentosa transacción anula sanciones y amenazas impuestas al Kremlin por Occidente.

Mirando solo a los factores internos ucranianos, su proyección es muy nebulosa. Depende de si se liman diferencias entre los sectores de avanzada que, de juntar fortalezas, podrían dirigirlas contra los verdaderos antagonistas de la sociedad. Dependerá, por igual, de la lucidez con la cual manejen lo por venir desde el exterior, o la inteligencia -ambas escasas- de quienes están dentro, para darle alivio o inflamar un sustrato humano que no la viene pasando bien.

Fuente: http://www.cubadebate.cu/opinion/2014/05/23/elecciones-en-ucrania-un-enigma-galactico/#.U4ILhXJ5Pcg


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