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El mandatario uruguayo recibió al equipo de teleSUR. (Foto: Reuters)

El mandatario uruguayo recibió al equipo de teleSUR. (Foto: Reuters) | Foto: Reuters

Publicado 23 octubre 2014

Allí está está Mujica, con sus pantalones de paño con dobladillo, zapatos marrones gastados y camisa a rayas. El hombre que como el mismo señala hace con su indumentaria lo que se le antoja excepto ponerse corbata. 

A la residencia del presidente José Mújica sólo se puede llegar si se está siendo guiado por alguien, quien buscara por su cuenta pasaría desprevenido frente a "La Chacra". 

Ni siquiera la garita de vigilancia pudiera alertar al transeúnte desprevenido porque sólo dos policías vestidos de civil custodian la seguridad del mandatario.

Naturaleza salvaje,  olor a plantas aromáticas, madera quemada y el andar acompasado de los animales anuncian que allí vive una pareja normal. Tan normal que se puede ver la ropa tendida al sol, ropa que fue tendida por la pareja en un momento de labores del hogar. Sorprende la ausencia total de personal de servicio en casa del presidente.

Un caminito estrecho permite llegar al frente de la casa donde Mújica, fiel al estilo de vida campestre, realiza buena parte de la vida cotidiana. El mobiliario del frente de La Chacra es netamente funcional, no hay nada accesorio: un par de poltronas de hierro forjado, sofá de reciclaje hecho de tapas de refresco y mesón con su nombre tallado en madera. Se dirá que las experiencias vitales de este "corsario" lo llevaron a militar en los predios de la libertad e independencia que da el desapego a lo superficial.

En el patio, herramientas de trabajo, plantas aromáticas, un pozo de agua que pareciera haber detenido el tiempo y bloques traídos de Brasil para ver nacer un centro de formación agrícola que nuestro anfitrión quiere construir cuando finalice su mandato presidencial.

Le llaman El Presidente Pobre. A él no le gusta el nombre y nos dice que ni él ni su esposa viven en situación de pobreza porque "la pobreza la vive aquel que no tiene comunidad; por algo el exilio después de la muerte era la mayor condena de las sociedades feudales. Ir por la calle y que la gente me llame Pepe es mi mayor logro, mi ganancia es haberme ganado el amor y fidelidad de los más humildes. El republicanismo convirtió a los presidentes en momias, ajenos al pueblo que terminan por no representar. Si yo represento a la mayoría debo vivir como la mayoría y así vivimos la mayoría de los uruguayos".

Y es así como vemos a un hombre con pantalones de paño con dobladillo, zapatos marrones gastados y camisa a rayas. Un hombre que hace con su indumentaria lo que se le antoja excepto ponerse corbata.

"Los presidentes somos uno más, por qué tendríamos que vivir diferente? Debemos vivir con lo necesario, para no gastar la única riqueza que tenemos que es el tiempo de vida. Tener sirvientes, escoltas y choferes te ata y te quita libertad. Si tuviese sirvientes en casa no podría levantarme en calzoncillos".

Explica con orgullo como él y su esposa Lucía Topolanks viven del sueldo de esta, primera dama y senadora del congreso.  El presidente dona el 90% de su salario a grupos necesitados y la otra parte lo destina a crear un fondo para proyectos futuros. "No necesito más que esto para vivir, necesito tiempo para la vida, para crear y hacer. Tengo amigos que se pasan el tiempo peleando por dinero. En realidad no creo que peleen por dinero sino por tener alguna motivación para vivir; yo quiero hacer una escuela agrícola y por eso ahorro".  

Sus bienes materiales incluyen dos tractores que le permiten trabajar la tierra, -"una vez que la comienzas es imposible desligarte de ella"-, y su Volskwagen brasilero con el cual burla las normas de seguridad para ir a hacer sus recados y disfrutar del encuentro con el pueblo en cualquier boliche de Montevideo. 

Así vive el presidente que nunca soñó con dirigir su país y que al ver que la continuidad política del "Frente Amplio" corría peligro decidió presentarse como candidato presidencial.  El hombre más poderoso de Uruguay vive en una casa de campo modesta, sin lujos ni estridencias. Algunos le critican su austeridad por considerarla interesada y le acusan que esta forma de vida le reporta beneficios electorales. A él no parece afectarle: "no es un sacrificio vivir así, vivo así porque quiero, porque así soy feliz". 

¿QUIEN ES MUJICA? 

Tiene 79 años y ha pasado 14 tras las rejas por haber sido fundador en 1960 del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros. Vivió en sus carnes las contradicciones de la derecha en Uruguay y desde la militancia izquierdista buscó mejoras para los suyos. No guarda rencor de esa época de privación de libertad, "en algunos momentos me caliento, pero no tengo resentimientos de esa época, no soy capaz de odiar". 

Gracias a su paso por la cárcel junto a presos comunes conoció la cultura de la pobreza, la misma que todavía hoy existe en algunos sectores de la sociedad uruguaya. La solución? “La prisión me enseñó mucho. No basta con brindarle al pueblo todo lo que necesita, es necesario romper la cultura de la pobreza, sus contradicciones y formas de hacer, que deben ser sanadas".

Con la llegada de la democracia en 1985 se benefició de una amnistía que le otorgó la libertad y daría riendas a su carrera como político. En menos de diez años fue diputado electo y senador y en 2005 Ministro de Ganadería y Agricultura durante el primer gobierno del Frente Amplio de orientación izquierdista. En 2009 vio temblar la continuidad del Frente Amplio y accedió a presentarse a las elecciones presidenciales en las que el 53% de votos le hicieron presidente de la República Oriental de Uruguay. 

UN GOBERNANTE EXIGENTE.

“Ser presidente ha sido una changa, un trabajo temporal que no me impidió seguir haciendo lo que me hace feliz. Con el trabajo que hicimos contribuimos a qué los más pobres estuvieran mejor.” Pero el presidente no es autocomplaciente con su gestión y cree que se pudo haber hecho más durante este tiempo. "No me voy tranquilo porque, aunque se han reducido los indicadores de pobreza, no logramos erradicarla totalmente.  Los indigentes también me preocupan, no pudimos con eso".

"En mi vida y en mi gobierno prediqué el nadie es más que nadie y, aunque pueda sonar utópico y con esto no se transforme el mundo, si se contribuye a construir relaciones más igualitarias. Me preocupa la disparidad sexual, la desigualdad hombre mujer".

TALON DE AQUILES

Se le acusa que la inseguridad ha sido el talón de Aquiles de su gestión pero el presidente no está de acuerdo y se muestra beligerante ante este tipo de críticas. "La derecha asocia la seguridad exclusivamente al concepto de vigilancia o represión policial y no es así. Es una mala interpretación del pensamiento de Thomas Hobbes; la seguridad hace referencia a múltiples aspectos: la alimentación, la vivienda… Yo vivo en esta casa y tengo sólo dos custodios y una garita policial, eso quiere decir que aquí tenemos seguridad. ¿En qué lugar del mundo el presidente está tan poco protegido? Eso es una seña de seguridad". 

Y el narcotráfico? La violencia asociada al narcotráfico hizo emerger nuevos delitos? "Apareció el ajuste de cuentas. El narcotráfico es un modelo de negocio que genera violencia y ha introducido nuevas formas de violencia en la sociedad uruguaya, por eso es que propuse la participación del estado en el comercio de la marihuana. Es una forma de garantizar la paz". 

Quizás por eso, por su búsqueda de la paz social, su figura ha llamado la atención a los organizadores del Premio Nobel de la Paz, a lo que Mújica responde tajante: "están locos por nominarme al nobel de la paz, esos son premios que se deben dar a personas con las que tenemos alguna deuda histórica o moral como es el caso de Gandhi. Él sí hizo por la paz, no nosotros que podemos hacer poco en ese tema".

EL FUTURO DE MUJICA

Un futuro alejado ya de la función presidencial. Ahora ya sólo senador – “si el pueblo me lo permite"-  e ilusionado con el proyecto Escuela Rural que aspira edificar en lo que hoy es el patio de su casa con bloques fabricados en Brasil que permiten construir una pared con instalaciones eléctricas y acuíferas incluidas sin necesidad de conocimientos de albañilería especializados. 

También ha anunciado que su querida Chacra, casa donde ha vivido durante los últimos 30 años, pasará a formar parte de una fundación que trabaje en pro de los más necesitados. 

LA DESPEDIDA

Nuestra visita a La Chacra duró menos de dos horas y pudimo atestiguar que Pepe, como le llaman cariñosamente en Uruguay, es presto a las labores del hogar. Nos dejó boquiabiertos cuando él mismo se dispuso a buscar y sacudir los cojines que harían de las sillas de hierro asientos más confortables para la entrevista. Pepe nos esperaba, pero no hizo aquello de nuestras familias, que al saber que venían invitados arreglaban todo para que se viera bien.

La sencillez de la vivienda presidencial es una declaración de intenciones en torno a la discusión de lo necesario e innecesario. Vivir con lo justo fue el leitmotiv del encuentro. Mújica no defrauda cuando visitas su espacio íntimo. Es un ejemplo de modestia, humildad y coherencia; compartir con él nos permitió acceder a parte de la historia viva del proceso latinoamericanista que se vive en las primeras décadas del siglo XXI. 

"Se me pasó el tiempo de tener hijos, leer libros… y ahora sólo me queda la tierra".

 

Recorrimos la casa de José Pepe Mujica. No te pierdas este jueves a las 14H00 VEN la entrevista exclusiva

Un vídeo publicado por telesurtv (@telesurtv) el


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