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José Revueltas, a cien años de su nacimiento

José Revueltas, a cien años de su nacimiento

Publicado 20 noviembre 2014

A cien años de su nacimiento, recordamos a José Revueltas, un revolucionario en el que la teoría y la acción no estaban divorciadas. Por el contrario exigía a sus camaradas desplegar su acción para alcanzar la Revolución que México necesitaba.

No es una frase nuestra, aunque si es original. Es el clamor de los mexicanos de a pie durante el centenario de José Revueltas en las paredes. Un pueblo que exige una revolución profunda inspirada en pensamientos honestos como el del escritor nacido en el estado de Durango, y una ética de la clase dirigente del tamaño del compromiso de José Revueltas con la humanidad, a cien años de su nacimiento.

Un hijo del México profundo

Nacido en el estado de Durango, México, el 20 de noviembre de 1914, José Revueltas pertenecía a una familia de artistas. Su hermano Silvestre, músico y compositor de gran aporte a la cultura; Fermín, dibujante, pintor, vitralista e iniciador del muralismo junto a otros grandes de ese país; y Rosaura una actriz de cine y teatro, bailarina y escritora, recordada por su rol en la película La sal de la tierra.

Desde niño mostró su compromiso con los pobres a quienes conocería en sus recorridos de infancia , una vez fallecido su padre cuando apenas cumplía los 9 años. A los 13 abandonaba la escuela para iniciar una fructífera vida intelectual como autodidacta. A esa edad se encuentra con su gran pasión, la política a favor de los desposeídos de la mano del marxismo, concepción del mundo que acogería como propia y descubierta a raíz de su desconfianza sobre la existencia de Dios.

Su ingreso al Partido Comunista de México (PCM) a los 15 años marca el punto de arranque a esta nueva etapa, que habría de estar acompañada de múltiples ingresos a la prisión por su actividad en defensa de la clase obrera.

En ese entonces, una incipiente carrera de escritor, nacida en las entrevistas a sus hermanos y familiares, se fortalece en los periódicos comunistas El activista y Espartaco.

Un intelectual que brilla ante un régimen que lo quiere mantener a la sombra

De la prisión extraería gran parte de los argumentos plasmados en su copiosa obra literaria y política. Su obra se caracterizó por la honestidad en sus argumentos y por realizar una crítica permanente a la ortodoxia de los dirigentes del PCM, formados y practicantes de un estalinismo que excluía de manera sectaria las voces disonantes y el desarrollo dialéctico de las luchas populares.

Su tesis se refrendaría durante la huelga del Movimiento Ferroviario por reivindicaciones laborales derrotada tras varios meses de lucha por los errores del PCM y del movimiento sindical. La protestas se saldaría con más de 3 mil trabajadores detenidos, entre ellos José Revueltas, 9 mil despedidos y varios asesinados.

José Revueltas era del tipo revolucionario en el que la teoría y la acción no estaban divorciadas. Por el contrario exigía a sus camaradas desplegar su acción para alcanzar la Revolución que México necesitaba. Su amor por la Revolución cubana y su admiración a Ernesto Che Guevara, eran motivo de enconados enfrentamientos en defensa de este proceso que desde 1958 se convirtió en esperanza de los pueblos de América.

Esta actitud crítica expuesta en sus novelas le valdría su expulsión del PCM. No obstante, su comprensión sobre la necesidad de un instrumento de organización política para la clase obrera y su toma del poder, le llevaría a participar en la formación de la Liga leninista de Espartaco en 1960. En 1970 escribiría a su hija Andrea Revueltas:

“No debemos esperar de nadie, sino de nosotros mismos: pensar, escribir, luchar con audacia, despojados de todo fetiche, de todo dogmatismo, no importa a qué punto lleguemos.”

 

La crítica a los comunistas y a la izquierda mexicana

Revueltas pensaba que la responsabilidad del partido de la clase obrera no se limitaba a la toma del poder, sino que se extendía a la dirección del Estado en procura de la felicidad colectiva; por esto demandaba mayor compromiso y entrega por parte de los dirigentes. Una actitud de la carecía el PCM y las demás organizaciones de izquierda que progresivamente fueron arriando sus banderas, acomodándose a la sombra del poder y de los beneficios que le otorgaba la burguesía en el poder.

Esta especie sentencia plasmada en su “Ensayo sobre un proletariado sin cabeza”, obra en la que acusa de la inexistencia del Partido Comunista y su incapacidad para dirigir al proletariado, se ha corroborado en la actualidad. La izquierda ha ocupado posiciones de gobierno que no han significado transformaciones o modos diferentes de desarrollo de la actividad política a favor de los desposeidos. Por el contrario sus prácticas han imitado el accionar de la burguesía, profundamente descompuesta, imbricada con el narcotráfico y el hampa, como acusaba Revueltas en 1964 en su novela “Los errores”, donde traza un parangón entre el accionar de los dirigentes partidarios y el lumpen.

El caso Ayotzinapa es un triste ejemplo de lo afirmado y debe ser entendido como una consecuencia de los errores históricos de la izquierda que le han hecho perder apoyo de sus fuentes naturales, los campesinos, obreros, estudiantes que se han lanzado a la calle al rescate de su patria y su identidad.

 

De Tlatelolco a Ayotzinapa: los estudiantes dan vida a la Revolución

En 1968, durante el renacer de los pueblos encontramos a José Revueltas junto a los estudiantes a quienes doblaba en edad. En la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM vivió y compartió con la masa estudiantil que pronto el gobierno habría de intentar silenciar en la tristemente célebre Masacre de Tlatelolco, ocurrida en la Plaza de las Tres Culturas de Ciudad de México. Revueltas analizaría la acción juvenil en estos términos:

“…1968 es el inicio por la juventud de México del proceso desenajenante que dará al país una historia, una historia por primera vez. Porque no tenemos esa historia; se ha falseado esa historia como historia escrita y como historia política y social.
En México no es una clase determinada la que tiene el mando, es un club del poder, por encima de la sociedad que disputa y oprime a los más vastos sectores sociales. Mediatizada la clase obrera, nació y creció la Universidad. De la juventud estudiosa, de la juventud nueva que espera se abra el camino al socialismo. Un socialismo con libertad, un socialismo con rostro humano.”

Revueltas sería acusado de ser autor intelectual de la acción liberadora emprendida por los jóvenes. Le imputan los delitos de incitación a la rebelión, asociación delictuosa, sedición, daño en propiedad ajena, ataques a las vías de comunicación, robo, despojo, acopio de armas, homicidio y lesiones. Es condenado a 16 años de cárcel en la prisión de Lecumberri, tenía 54 años de edad. En declaración a raíz del juicio por su participación en el Consejo Nacional de Huelga, en 1970 habría de significar el hecho:

Dice el Ministerio Público que intentamos cambiar la esencia de México o de su Estado. ¿Cambiar su esencia? ¡No, señores del Ministerio Público! ¡Encontrarla, descubrirla! Desenajenar la esencia de México, hacerla del hombre, objetivar en ella al ser humano (México 68: juventud y revolución).

Esta causa renació en Ayotzinapa en el momento justo en que los estudiantes normalistas iniciaron su lucha y fueron reprimidos, asesinados algunos y desaparecidos 43 y golpeado en su dignidad un pueblo entero que ha recibido la solidaridad del mundo. Otra vez el poder trató de silenciar a los jóvenes que salían a conmemorar la gesta de 1968, su gesta, su revolución no concluida por la que han esperado y soñado tanto tiempo…

José Revueltas permaneció en la prisión de Lecumberri hasta 1971. El poder pensó que podría amilanar su espíritu y, lejos de eso lo exaltó y le dotó de herramientas para analizar la sociedad burguesa con mayor profundidad. Allí descubriría una terrible verdad, nos encontramos prisioneros de esta sociedad capitalista, unos rodeados de cuatro muros, otros con prisiones más amplias, pero en definitiva presos todos y soñando por la libertad. Allí aprendería que:

“Quien no puede soportar la desesperación de la cárcel, es que tampoco puede soportar la desesperación de la libertad”

 

Allí la escritura era, más que nunca, su herramienta de lucha. Como declararía a Helena Poniatowska, (hipervínculo a la entrevista)

“Escribo por una necesidad de expresión, de comunicación y de servicio. Yo creo que la comunicación humana es la más importante de todas las relaciones y la que más nos puede humanizar en un mundo terrible y corrupto. Por eso, la profesión de escritor me parece una de las más altas vocaciones que le han sido dadas al hombre. Mucho más que una profesión, es una actitud. Hablar nos humaniza y hace de nuestros dolores privados el dolor común, y de nuestras dichas personales, la dicha común… Considero que el escritor es un ideólogo, aunque muchos escritores no se consideren como tales o estén al margen de la ideología; el escritor es eminentemente un ideólogo, quiera él o no.”

Y agregaría, en entrevista con Norma Castro, “Mi vida literaria nunca se ha separado de mi vida ideológica. Mis vivencias son precisamente de tipo ideológico, político y de lucha social. Y a ella entregó su vida.”

El 14 de abril de 1976 José Revueltas abandonaría este mundo acompañado de sus camaradas de lucha que entonaban La Internacional, gritos de ¡Abajo el gobierno! y ¡Viva Revueltas!, mientras expulsaban al enviado gubernamental; inclaudicable a sus principios, honesto en su accionar, amable en el trato y Revolucionario por siempre por México y el Mundo.

 

 

 

Fuentes: Homenaje de Juan Pliego Medina a Revueltas, Entrevista con Elena Poniatowska, Entrevista con Norma Castro

 

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México

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