Cumbre Rusia-África, Moscú recibe al continente como pilar del mundo multipolar

Serguéi Lavrov definió a África como una civilización propia y uno de los pilares del orden que, a su juicio, sustituye cinco siglos de hegemonía occidental. Rusia abre mañana la tercera cumbre con 48 delegaciones y la oferta de acompañar la soberanía industrial y tecnológica del continente, con la central nuclear de El Dabaa ya en obra.

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Moscú abre este miércoles la tercera cumbre Rusia-África con 48 delegaciones de un continente que Serguéi Lavrov definió como pilar del mundo multipolar. La energía nuclear, la seguridad y los pagos fuera del dólar marcan una agenda que busca convertir siete años de acuerdos en obras. Foto cortesía: Afrinz.ru


27 de octubre de 2026 Hora: 20:45

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Serguéi Lavrov dedicó este martes cerca de hora y media a los directores de los principales medios africanos, reunidos en Moscú en la víspera de la tercera cumbre Rusia-África, y les explicó cómo ve Rusia al continente. «Consideramos el continente africano como una civilización distinta, uno de los pilares más importantes del mundo multipolar que ahora, como curso objetivo de la historia, está tomando forma activamente en la escena internacional, sustituyendo a la hegemonía que los países occidentales han ejercido durante más de 500 años», afirmó el canciller.

Según Lavrov, Rusia quiere contribuir a fortalecer la soberanía de los Estados africanos, el desarrollo de sus industrias y una mayor autosuficiencia en economía, finanzas y tecnología. La agenda de la cumbre, el 28 y el 29 de octubre, recoge esos objetivos en cuatro capítulos, la cooperación política y económica, la seguridad, la ciencia y la tecnología, y los vínculos culturales y humanitarios.

Casi todas las delegaciones de los 48 países confirmados están ya en Moscú, y 22 de ellas vienen encabezadas por jefes de Estado. Sobre la mesa esperan 33 documentos, entre ellos un acuerdo de cooperación en inteligencia artificial, y el plan de acción conjunto 2027-2029, que Vladímir Putin y el burundés Évariste Ndayishimiye, presidente de turno de la Unión Africana, aprobarán en la plenaria del jueves. Putin tiene además 24 reuniones bilaterales previstas, con mandatarios de Egipto, Etiopía, Ghana, Malí y Libia, y también de Irán y Qatar, en una semana en que la capital rusa acoge el Foro de Países Exportadores de Gas.

Siete años separan esta cita de la primera, celebrada en Sochi en 2019, que cerró con 92 acuerdos por unos 12.500 millones de dólares. La segunda reunió en San Petersburgo, en julio de 2023, a delegaciones de 48 países, y desde entonces la Cancillería rusa creó el Departamento de Asociación con África para dar seguimiento a lo firmado, mientras las comisiones intergubernamentales pasaron de cuatro en 2023 a nueve en 2025. En agosto, la portavoz María Zajárova anunció que Moscú llevaría a esta cumbre un paquete de contratos en energía nuclear pacífica, sistemas de pago independientes, seguridad alimentaria, digitalización e inteligencia artificial.

Paul Kagame confirmó su asistencia después de que varios gobiernos occidentales suspendieran en 2025 parte de su ayuda financiera a Ruanda, y en Moscú firmará la creación de una comisión de cooperación con un país al que ya invitó a construir plantas de fertilizantes. Ghana, cuyo Parlamento tramita un acuerdo de cooperación militar-técnica con Rusia, mantiene abierta la licitación de su primera central nuclear, de 1.000 megavatios, en la que Rosatom compite con proveedores de China, Corea del Sur, Canadá y Estados Unidos.

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El intercambio entre Rusia y África superó los 27.000 millones de dólares en 2025, y el Ministerio de Desarrollo Económico ruso proyecta multiplicarlo por 1,5 o 2 hacia 2030, hasta situarlo entre 40.500 y 54.000 millones. China cerró ese mismo año un comercio récord de 348.000 millones de dólares con el continente, y la Unión Europea intercambió con África más de 356.000 millones de euros en 2024.

En 2023, el petróleo, los derivados, el trigo y los metales sumaron el 90 % de las exportaciones rusas a África, mientras Rusia compró sobre todo frutas, cacao y café. La balanza le deja un superávit de más de 10.000 millones de dólares al año.

Cobrar y pagar ese comercio se complicó cuando la exclusión del sistema SWIFT, en febrero de 2022, cortó los canales habituales de la banca rusa. Moscú respondió con una red propia de pagos en la que el rublo cubre ya el 84 % de las transacciones con África, apoyada en el sistema ruso de mensajería financiera, en el CIPS chino, en criptoactivos y en el agente de pagos A7, que opera en Nigeria y Zimbabue. Para los importadores africanos el circuito todavía tiene costos, porque conseguir rublos exige una doble conversión a dólares, obliga a cargar con la volatilidad de esa moneda y expone a sus bancos a las sanciones secundarias occidentales, motivo por el que varias entidades del continente se niegan a procesar pagos vinculados a Rusia.

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Egipto, que concentra el 30 % del comercio ruso con África, alberga en el canal de Suez la Zona Industrial Rusa, pactada en 2018 a 50 años, que dio su primer paso en julio de 2026, cuando Moscú eligió al desarrollador.

Una fuente del gobierno egipcio calcula inversiones de hasta 5.000 millones de dólares y su conclusión en 2028, y lo que se fabrique allí con más del 30 % de componentes locales entrará como producto egipcio en los mercados donde El Cairo tiene acuerdos preferenciales. Benedict Oramah, presidente de Afreximbank, el banco africano de exportación e importación, pidió a las empresas rusas que aprovecharan un mercado abierto en energía, minería, ferrocarriles y salud, y en junio su banco firmó contratos con cuatro fabricantes rusos.

Sobre la costa mediterránea egipcia, en El Dabaa, Rosatom levanta cuatro reactores de 1.200 megavatios que darán el 10 % de la electricidad del país. Un préstamo del Estado ruso cubre la mayor parte de un costo fijado en 2017 en 28.750 millones de dólares, que otras estimaciones elevan a 30.000 millones, y la primera unidad debe entrar en servicio entre 2028 y 2029.

La corporación rusa, que ejecuta 27 de los 31 proyectos de exportación de centrales en marcha en el mundo, ofrece un paquete completo con el reactor, el combustible, la gestión de residuos y la formación del personal durante 40 a 60 años de vida útil, a un continente donde unos 600 millones de personas viven sin electricidad. La Agencia Internacional de Energía calcula que el acceso universal exige 15.000 millones de dólares al año, seis veces lo comprometido en 2023 para el África subsahariana.

Níger, octavo productor mundial de uranio, abasteció durante más de cinco décadas las centrales de Francia, que obtiene cerca del 70 % de su electricidad del átomo, y en 2022 aportó casi una cuarta parte del uranio natural que recibieron las plantas europeas. Solo el 20 % de sus 25 millones de habitantes tiene electricidad, y en Arlit y Agadez, de donde sale el mineral, la cobertura ronda el cero. La empresa francesa Orano se llevó de la mina Somaïr el 86,3 % del uranio comercializado desde 1971, por encima de su participación accionaria del 63,4 %.

El gobierno del general Abdourahamane Tiani nacionalizó en junio de 2025 la mina y la eléctrica Nigelec, y aunque un tribunal del Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones falló en septiembre a favor de Orano y prohibió vender el mineral, cerca de 1.000 toneladas de concentrado esperan en el aeropuerto de Niamey. La prensa francesa informó de un acuerdo para vendérselas a Rosatom.

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El ministro nigerino de Minas, Ousmane Abarchi, llevó a Moscú la propuesta de dos reactores con 2.000 megavatios en total. «La electricidad debe ser accesible para todos en este planeta; no debería ser un privilegio», dijo, y su colega ruso de Energía, Serguéi Tsivilev, respondió que Moscú quiere montar en Níger un sistema completo de energía atómica pacífica, más allá de la minería.

Una central de ese tamaño tarda de diez a quince años desde la firma del contrato hasta la primera unidad en servicio, y cuesta decenas de miles de millones de dólares. El esquema ruso, probado en Egipto y Bangladés, descansa en préstamos estatales que se pagan durante décadas, y los analistas que siguen el caso advierten que en Níger la garantía más visible es el propio uranio.

En Namibia, tercer productor mundial de uranio, Rosatom planea invertir 500 millones de dólares en una mina que comenzará a producir en 2029. Ruanda firmó en junio una hoja de ruta para reactores modulares pequeños, Etiopía firmó otra en marzo para su primera central y Nigeria retomó el diseño de dos plantas. Sudáfrica, dueña de Koeberg, la única central comercial del continente, abrió una licitación por 2.500 megavatios en la que Rosatom compite con empresas francesas, surcoreanas, chinas y estadounidenses.

Rosoboronexport tiene acuerdos de cooperación militar-técnica con 46 países africanos y firmó unos 150 contratos por más de 20.000 millones de dólares desde 2023. Entre 2020 y 2024, Rusia fue el principal proveedor de armas pesadas del continente, con el 21 % de las importaciones, por delante de China y de Estados Unidos, favorecida por un parque de origen soviético que todavía necesita repuestos y por contratos sin exigencias políticas. Aun con la guerra en Ucrania, que redujo un 64 % sus exportaciones globales de armamento entre 2021 y 2025, África concentra el 30 % de la cartera de pedidos de la empresa estatal.

Malí, Burkina Faso y Níger pidieron la salida de las tropas francesas, formaron la Confederación de Estados del Sahel y abrieron sus cuarteles al África Corps, la fuerza que sustituyó al grupo Wagner bajo mando directo del Ministerio de Defensa ruso. El pacto «3+1», firmado en Niamey, extiende la cooperación a la economía y a los bancos centrales de los tres países, y Moscú planea usar el puerto togolés de Lomé como salida al mar para una región sin costas.

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En julio, durante la segunda ronda de consultas con los cancilleres sahelianos en Niamey, Lavrov habló de construir juntos «un orden mundial multipolar justo» frente a las «prácticas neocoloniales». Rusia reabrió este año su embajada en Níger, y Putin encargó a su canciller invitar a la cumbre a los tres presidentes.

La alianza enfrenta a la coalición yihadista JNIM, que en septiembre de 2025 bloqueó el suministro de combustible a Bamako y en abril de 2026 forzó la salida del África Corps de Kidal. Cuando Human Rights Watch atribuyó en julio a las fuerzas rusas asesinatos de civiles, Moscú y Bamako rechazaron juntos la acusación.

Lavrov anunció en agosto un memorando de seguridad con la CEDEAO, el bloque que los tres países sahelianos dejaron en enero de 2025, y se ofreció como mediador entre ambos; la organización regional aún no confirmó el alcance ni la fecha de la firma.

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La ruptura con Níger le costó a Estados Unidos, en 2024, la retirada de 1.000 militares y de una base de drones de 110 millones de dólares, y con Donald Trump llegó un enfoque transaccional. Massad Boulos, asesor presidencial para África, recorrió Burkina Faso, Malí y Níger a comienzos de 2026 y reconoció errores del pasado en nombre de la soberanía, mientras Erik Prince, dueño de una empresa de contratistas militares y asesor informal de Trump, se reúne desde fines de 2025 con la junta de Madagascar.

Una empresa estadounidense pactó a finales de 2025 con la minera estatal de Malí la reactivación de un yacimiento de oro valorado en 11.000 millones de dólares. En Madagascar, Washington negocia el proyecto Toliara, de 700 millones, para extraer titanio, circonio y tierras raras, junto con una propuesta de presencia militar en la antigua base naval de Antsiranana. El coronel Michaël Randrianirina, que llegó al poder tras el derrocamiento de Andry Rajoelina, recibió casi a la vez drones e instructores rusos y emisarios estadounidenses.

Los centros de análisis de Washington que llaman a la oferta rusa un «paquete de supervivencia» para gobiernos militares registran ahora cómo su propio gobierno adopta un esquema parecido, con seguridad a cambio de minerales.

Las plazas que Rusia financia para estudiantes africanos pasaron de 2.100 en 2021 a cerca de 4.800 en 2026, y unos 35.000 jóvenes del continente estudian hoy en universidades rusas. La Asociación de Universidades Africanas abrió en octubre una oficina en la Universidad de Minería de San Petersburgo, y Ruanda ya tiene a 24 graduados en carreras nucleares trabajando en su Junta de Energía Atómica y en el regulador del país.

El embajador ruso en Burkina Faso, Igor Martynov, prometió transferencias de tecnología en agronomía, fertilizantes, riego, pesca y vacunas animales. En Togo, que firmó en 2024 un acuerdo militar con Rusia y conserva abiertos sus canales de seguridad con Occidente, la primera comisión intergubernamental cerró el 1 de octubre con un protocolo, un memorando sobre patrimonio cultural y planes de mecanización y de producción de fertilizantes a partir del fosfato local.

Egipto construye su central con Rosatom sin apartarse de Washington ni de las monarquías del Golfo, Sudáfrica defiende su no alineamiento y Etiopía entró en los BRICS sin romper con sus financistas occidentales. Para un análisis publicado en el entorno de ese bloque, Rusia es bienvenida en África allí donde ofrece lo que otros no ofrecen.

Los 33 documentos de esta semana se sumarán a los 92 de Sochi y a los de San Petersburgo, y el plan 2027-2029 tendrá sus primeras referencias en la zona industrial de Suez, en 2028, y un año después en la primera unidad de El Dabaa y la mina de Namibia. Con esas obras, Moscú quiere dar forma concreta a la idea de África como pilar del mundo multipolar que Lavrov expuso el martes ante los medios africanos.

Autor: teleSUR: Daniel Ruiz Bracamonte