FIFA y EEUU: los ganadores del Mundial 2026

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Futbolandia ocuparía el lugar 18 en la economía mundial con un estimado de ingresos de alrededor de 3 mil millones de dólares. Foto: EFE


Por: Edwin N. Montes

18 de julio de 2026 Hora: 11:15

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Desde que la sede del mundial fue anunciada en 2018 que sería en EEUU, México y Canadá, era de esperarse la política iba a relucir más que nunca en este tipo de evento y, más aún, con el actual contexto bélico internacional, donde EEUU es el principal promotor y desestabilizador. Para ese año quien presidía la Casa Blanca era precisamente Donald Trump; así, el Estado profundo (Deep State) se encargaría de asegurar un segundo mandato de Trump de cara al actual mundial, ganando las elecciones presidenciales de noviembre 2024.

No hay que hacerse los desentendidos de lo que implicaba un mundial de fútbol con sede principal en el imperio. Maradona ya lo había sentenciado en 1994, señalando que todo mundial que se desarrollara en suelo estadounidense sería un espectáculo político y comercial.

El fútbol, de la misma forma que otras disciplinas deportivas mundiales, no está exenta de la política. En 1934, el gobierno fascista de Mussolini influyó para que Italia ganara la copa mundial en ese año. Por su parte, el gobierno de la Alemania nazi de Hitler utilizó este deporte como medio de propaganda política. Otro ejemplo fue cuando la Agencia Central de Inteligencia en Corea del Sur (KCIA) organizó y financió la creación del equipo de futbol Yangzee FC para contrarrestar el éxito que había adquirido el equipo de fútbol de Corea del Norte en el mundial de 1966 en Inglaterra, al llegar a cuartos de final. También está el famoso caso de la llamada “Guerra del Fútbol” entre Honduras y El Salvador de 1969, cuyo conflicto dejó más de 3000 muertos. No se puede omitir también los efectos de un pasado colonialista en selecciones como Francia, Inglaterra, Holanda y Bélgica, al contar con muchos jugadores con descendencia africana.

Siendo el fútbol uno de los deportes de mayor trascendencia mundial, ha sacado a relucir comportamientos y actitudes ultranacionalistas e hipersensacionalistas en las redes sociales durante este evento deportivo de 2026. No hay una filtración de la información consumida y compartida, ni se consulta la veracidad de la fuente por parte de los usuarios. Este es precisamente uno de los mayores peligros en la sociedad de la era digital y posverdad.

Lo mediático mueve el dinero y los negocios. Facebook (actualmente conocido como Meta Platforms) está generando miles de millones de dólares en ingresos para la misma empresa, marcas y creadores de contenidos, a través de todas las polémicas y discusiones que los usuarios realizan en esta red social.

Trump sabrá poco o nada de fútbol, pero es experto cuando se trata de marketing y negocios, así que previo al inicio del mundial invitó a la Casa Blanca a las dos figuras futbolísticas más mediáticas y que más debates generan entre aficionados y fanáticos de este deporte, como lo son: Cristiano Ronaldo (su visita fue de carácter más personal en noviembre de 2025), y Lionel Messi (su visita se daría en marzo 2026 con el equipo del Inter de Miami, tras conquistar la MLS CUP en 2025). Con esta acción Trump lograría tres cosas: primero, posicionar su figura en el mundo del fútbol; segundo, mediáticamente se montaría sobre el intenso debate entre fanáticos de ambos jugadores y; tercero, simbólicamente hacía de manifiesto el efecto político que tendría este deporte al desarrollarse principalmente en suelo estadounidense.

El conflicto entre Israel y Palestina se hizo presente durante este evento deportivo.  En las redes han llegado a postear imágenes falsas de CR7 portando bandera de Israel y otros donde el jugador portugués porta la bandera de Palestina. Por su parte, con Messi algunos usuarios han difundido una fotografía cuando el jugador argentino, como parte de una Gira por la Paz, visitó en 2013 el Muro de los Lamentos en Jerusalén, intentando estos usuarios tergiversar los hechos para vincularlo directamente con el sionismo; pero intencionalmente se omite que en ese mismo evento Messi también visitó Cisjordania para reunirse con el presidente de Palestina, además de visitar la Iglesia de la Natividad (Belén), para finalmente practicar fútbol con niños y niñas palestinas en la ciudad de Hebrón. Con esto, pretendo señalar el poder de manipulación mediática que están teniendo las redes sociales en el contexto político que se efectúa el mundial, donde los usuarios han sido principales promotores de esos debates.

Frente a la baja popularidad y críticas a la manera de conducir la política exterior (imposición de aranceles, críticas por la intervención en Venezuela, las acciones desestabilizadoras inhumanas hacia el pueblo cubano, el fracaso en Ucrania y las consecuencias derivadas de la guerra y agresiones contra Irán), Trump necesita obtener victorias que lo mantengan fortalecido en su gestión gubernamental, y una de esas victorias las tiene puesta en el espectáculo del actual mundial, y el debate de las masas en las redes sociales.

Basta observar la influencia de Trump en la FIFA al lograr que anularan la tarjeta roja que tenía acumulada uno de los jugadores de la selección estadounidense, y pretender que con dicha acción pudiesen avanzar en la contienda deportiva; pero, más rojo de frustración quedó Trump cuando Bélgica les dio un tremendo baile y los eliminó por completo. Esto no quedaría aquí, ya que desataría acusaciones y procesos de investigación hacia el presidente de la FIFA, por tal maniobra política.

Un hecho en términos político que también requiere una perspectiva de análisis crítico es cuando se observó al director técnico de la selección de Egipto portar la bandera y brindar palabras a favor de Palestina. Todo gesto solidario hacia la lucha del pueblo palestino merece reconocimiento; sin embargo, desde un efecto simbólico cualquier espectador asumiría que Egipto es el mayor defensor de la causa palestina, cuando la realidad es muy distinta, ya que este país africano posee un enorme muro de contención en la frontera con Gaza. El gobierno egipcio restringe las movilizaciones de ciudadanos en defensa de los palestinos, además de la discriminación y limitaciones sociales que enfrentan los palestinos en este país tras los acuerdos de Camp David de 1978 entre Egipto e Israel.

Durante el desarrollo de este evento no se observó a ninguna selección africana solidarizarse con los jugadores de Irán por el trato injusto y desigual que recibieron durante su participación en el mundial, por parte del gobierno de Trump y la FIFA. Ninguna selección en general tampoco se solidarizó o pronunció sobre la exclusión de Rusia de cualquier competencia futbolística auspiciada por la FIFA, cuando a Israel y Ucrania se les permite participar con tratos preferenciales.

El gesto de la selección de Argentina al finalizar el enfrentamiento contra Inglaterra, en defensa de la memoria histórica de la guerra de las Malvinas y reconociendo públicamente la situación de hambre y pobreza que padecen la gran mayoría de ciudadanos argentinos, representa una confrontación directa contra la política del gobierno neoliberal de Javier Milei, quien niega la memoria histórica, y se pone al lado de los invasores y el gran capital extranjero.

Ahora bien, la decisión adoptada por la FIFA en ampliar las selecciones participantes a un número de 48 en 2026, y plantearse subir ese número a 64 para el mundial 2030, no lo hace precisamente por una política inclusiva, sino por cuestión de proyección del mercado de negocios y ganar nuevos aliados o países subordinados a través de la política del fútbol. Su objetivo es incentivar y lograr que al mundial ingresen países como China, India e Indonesia que poseen un amplio valor de consumo en relación con su volumen poblacional.

La FIFA fue creada en 1904 por potencias europeas y, como es de esperarse, toda organización internacional cimentada por potencias occidentales, de alguna u otra manera, está inmersa en polémicas de prácticas poco transparentes y antidemocráticas. Tipificada jurídicamente como una organización “sin fines de lucro”, con sede en Suiza, lo cierto es que este organismo cuenta con muchos beneficios de exención fiscal tanto en el país de origen, como en los países donde se efectúa el mundial.

Los gobiernos de los Estados y ciudades donde se desarrolla el mundial invierten enormes cantidades de dinero del erario para cubrir un evento que es sumamente privado. De acuerdo con un estudio realizado por la Universidad Estatal de California del Norte, se estima que el gasto realizado por las 16 ciudades donde se efectuaron partidos de fútbol (EEUU, México y Canadá) invirtieron entre 100 y 200 millones de dólares (infraestructura, logística, transporte y seguridad).

El actual mundial le estaría aportando a la economía de los EEUU unos 20 mil millones de dólares, según estimaciones de Bank of America. Por su parte, la FIFA estaría duplicando sus ingresos obtenidos durante el mundial de Qatar en 2022. Bloomberg Intelligence calcula en unos 9 mil millones los ingresos íntegros que estaría obteniendo la FIFA, mientras que otras fuentes señalan estimaciones que rondan los 13 mil millones.

El evento del mundial ha otorgado a Trump una victoria mediática temporal, un espacio para desviar la opinión pública internacional sobre sus decisiones en materia de política exterior principalmente en la guerra de agresión contra Irán, los asesinatos del ente sionista llamado Israel hacia niños palestinos y el recrudecimiento del bloqueo hacia Cuba. Pero también, a nivel interno, el mundial ha permitido a EEUU inyectar recursos económicos a una economía que previamente estaba en declive.

Para finalizar, cabe decir que en el actual mundial se han cruzado líneas políticas más allá de lo deportivo. Pueden simpatizar o gustar de uno u otro jugador, pero cuando se mezcla la política con el deporte se requiere tener mucho criterio por parte de los usuarios en su rol de espectadores y consumidores de información. El discurso es el objeto de la política y las redes sociales el campo de batalla al mejor relato asumido por los devotos, fieles y creyentes del “dios” fútbol.

En palabras del célebre escritor uruguayo Eduardo Galeano: “El juego se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores, fútbol para mirar, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue”.

Edwin N. Montes Docente de Ciencia Política y Relaciones Internacionales en UNAN-Managua, Nicaragua

Autor: Edwin N. Montes

Fuente: teleSUR

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