Entrevista a Juan David Correa: «Dependemos de las elecciones en Brasil y EE.UU. para reequilibrar las fuerzas».
.Juan David Correa
Por: admtlsur
3 de octubre de 2026 Hora: 14:28
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Juan David Correa, exministro de Cultura de Colombia, insigne intelectual es director actual del proyecto Conversaciones Pendientes (www.conversacionespendientes.com). Con él hemos conversado sobre la situación en Colombia y en el continente.
¿Qué balance haces del proceso de cambio llevado a cabo por el gobierno progresista del cual formaste parte en Colombia, y cómo interpretas las acusaciones de fraude electoral y las maniobras de desestabilización que ha denunciado el expresidente Gustavo Petro frente al actual escenario político?
Yo creo que vivimos un proceso inédito de cambio en Colombia; un cambio irreversible, cultural, reformista, de discurso y de politización de la sociedad colombiana, y creo que eso es lo principal. Se consiguieron reformas sociales importantes como la laboral y la pensional, el inicio de una verdadera reforma agraria, un sacudón cultural de gran calado, una propuesta educativa de fondo —que no se alcanzó a llevar a cabo por completo, pero es fundamental—, y una manera nueva de entender la organización social, el sindicalismo, la recuperación de los derechos laborales, la superación del hambre y la idea misma de lo público como patrimonio de todas y todos frente al neoliberalismo.
Los ataques, por supuesto, fueron brutales y despiadados. Si tan solo hubiéramos hecho un 5% de lo que ha hecho en apenas cuarenta días el autoritario y comediante que tenemos hoy por presidente, seguramente nos habrían sometido a la guillotina. Por defender un modelo distinto de sociedad desde la democracia y las instituciones, sin violar la Constitución, nos sometieron a una vejación y a una tortura pública que este gobierno ilegal, antidemocrático, brutal y fascista no ha recibido ni en un 5% de cómo fuimos nosotros contestados por los medios corporativos y las élites empresariales.
Ante el avance exponencial de la derecha y el resurgimiento de un trumpismo agresivo en el continente, ¿cómo se reconfigura la correlación de fuerzas para los proyectos populares y progresistas en América Latina?
Creo que está por verse la correlación de fuerzas. Dependemos de las elecciones brasileñas del próximo domingo, dependemos por supuesto de una eventual segunda vuelta a finales de octubre y de las elecciones que se celebrarán el 4 de noviembre en Estados Unidos. Eso nos dará una respuesta mucho más cercana a lo que puede ser el futuro.
Si el trumpismo logra imponerse usando toda esta clase de estrategias mendaces, manipuladoras, sucias, fascistas y autoritarias, evidentemente tendremos una cuesta arriba muy grande que nos obligará a replantear nuestro norte. Si, en cambio, Trump es detenido y las fuerzas demócratas y socialistas triunfan en Estados Unidos, tendremos una oportunidad de reequilibrar las fuerzas. Los fascistas de turno, empleados de Donald Trump como presidentes en América Latina, dependen exclusivamente de él: no tienen fuerza social propia ni partidos políticos sólidos. Son simples operadores de una idea corporativista según la cual el «Escudo de las Américas» se va a imponer en todo el continente.
¿Qué lectura te merecen las recientes denuncias de Petro sobre las injerencias de Donald Trump en procesos electorales clave, como las presidenciales en Brasil y las intermedias en México?
Son denuncias evidentes. Hoy Bolivia está bajo amenaza, los fiscales están siendo detenidos por la policía, y existe una injerencia e intromisión directa y deliberada para tomarse por asalto a América Latina de la mano de estos personajes reprobables que han llegado al poder de manera fraudulenta en nuestros países. Creo que el juego entre soberanía territorial y digital se va a definir también gracias a esas elecciones que ya mencioné.
Pensando en las debilidades electorales y políticas de las fuerzas de alternativa, ¿cuáles consideras que son las causas estructurales y subjetivas que impiden consolidar una mayoría social y electoral estable?
Creo que estamos cayendo en una falacia al interpretar que no tenemos una mayoría social. En la encuesta de Ipsos del pasado mayo, el 34% de la población colombiana se identificaba con la izquierda, alrededor del 28 o 29% con la derecha, y con el fascismo nadie se identificaba abiertamente o al menos no de una manera pública y deliberada. Lo que está ocurriendo de alguna manera, no solo en América sino en el mundo, es la constitución de una multitud que ha empezado a entender que debemos ocupar las calles y los espacios públicos para defender nuestra vida, porque de lo contrario nos van a arrasar. Eso sitúa la correlación de fuerzas en otro plano, por lo menos en lo que respecta a los movimientos sociales.
¿Cómo evalúa el estado actual de los diálogos y el proceso de paz en Colombia, y qué obstáculos persisten para desmantelar las raíces del conflicto armado y la violencia estatal-paramilitar?
Los diálogos de paz en el país han sido suspendidos; han cerrado todas las vías de negociación. Este es un proyecto militarista y narcotraficante que lo que busca es cooptar las economías ilegales para su propio beneficio y dominar mediante aliados territoriales, armados y organizados que forman parte de su propia historia.
La historia del paramilitarismo en Colombia está profundamente atada a quienes hoy detentan el poder. El actual mandatario fue asesor a través de FIPAS, una organización creada en San José del Guaviare para asesorar a los paramilitares. Él y su socio Gutiérrez —hoy director de Ecopetrol— formaron parte de esa organización, estuvieron en esos diálogos, son amigos de los principales cabecillas paramilitares de la región y mantienen relaciones innegables con otros grupos criminales y mafiosos de Colombia. Estados Unidos tiene acusaciones contra él en ese sentido, y por supuesto el juego se librará cuando este equilibrio empiece a arrojar noticias sobre cómo se va a desenvolver este escenario.
Haciendo un paralelo con la Cuarta Transformación en México, ¿qué papel le asignas a la cultura, la memoria y la batalla ideológica en la construcción de una hegemonía popular que logre trascender las instituciones heredadas del Estado burgués?
Son momentos distintos. México tuvo seis años para organizarse, a pesar del primer fraude de 2006 que hizo reaccionar a la gente. A nosotros nos costó este cuatrienio con todas sus respuestas violentas y no tuvimos el tiempo suficiente para organizarnos. Sin embargo, creo que este tiempo, por adverso que sea, es precisamente el momento indicado para hacerlo.
Nos toca crear una red —más que una hegemonía al estilo fascista— que sea molecular, diversa, intercultural, y que conecte los muchos territorios del país que están con nosotros: todo el Pacífico, el Catatumbo, las fronteras desde La Guajira hasta el sur, partes de la zona andina, el campesinado, los pueblos indígenas, los afrocolombianos, las mujeres, las diversidades LGBTIQ+, los jóvenes, los intelectuales y los académicos. Todos ellos pueden constituir una gran fuerza social que se oponga a este sentido iliberal, tecno-narco y neoliberal.
En el tablero geopolítico global, frente al progresivo debilitamiento de la legalidad internacional, ¿qué papel juegan hoy organismos como la ONU y el régimen de sanciones económicas?
Como ya lo está diciendo todo el mundo, o se toman decisiones desde Europa o realmente el equilibrio se va a perder para siempre, lo que obligará a un nuevo pacto global. Un pacto que reconozca que China, Rusia, los BRICS y Estados Unidos tienen una conversación pendiente. Al sentirse desplazada por su propia inacción, Europa pasará seguramente a ser un actor de segundo plano, y este reordenamiento global tendrá que producirse bajo nuevas reglas. Por supuesto, eso depende de que Trump caiga en noviembre.
¿Cómo valoras la resistencia de los pueblos y gobiernos asediados —desde la heroica solidaridad con Cuba y la causa inquebrantable del pueblo palestino hasta la firmeza de Irán— frente al unilateralismo imperialista?
El caso de Cuba es para denunciar e insistir en que se está cometiendo otro genocidio a través de un bloqueo inhumano donde se está dejando morir a la gente de hambre. Más allá de la discusión sobre la legitimidad o no de su régimen, ningún país del mundo tiene derecho a pisotear la soberanía de otro, que es exactamente lo que Estados Unidos está haciendo con Venezuela, intentando hacer en Irán, perpetrando en nuestro Caribe y prometiendo en Colombia, Ecuador, Bolivia y Chile, tras haber logrado capturar a Venezuela.
¿Cómo evalúas el impacto político e institucional del secuestro de Nicolás Maduro, y qué lectura haces de la línea de pragmatismo bajo extorsión que está asumiendo la presidencia encargada frente a las presiones del imperialismo y las contradicciones internas?
El impacto del secuestro de Nicolás Maduro aún no lo hemos comprendido en su totalidad. Que un país entre en el territorio de otro y secuestre a su presidente —más allá de cualquier consideración política— demuestra que la acción deliberada (aunque no nueva) de Estados Unidos tiene otro talante, una forma de expresión mucho más directa. Si bien desde los años 60 y desde nuestras independencias la injerencia estadounidense ha sido directa mediante golpes militares, asfixia económica, lawfare y toda clase de chantajes, hoy se ejecuta en vivo y en directo: bombardeando, secuestrando y deslegitimando democracias y soberanías nacionales como la de Venezuela.
Más allá del debate sobre ese régimen, el cubano o cualquier otro, el mundo se rige por un ordenamiento internacional que Estados Unidos ha pisoteado, al igual que Israel con el genocidio que cometen saltándose todos los límites morales y jurídicos. ¿Será capaz la humanidad de detenerlos? Esa es la gran pregunta.
Autor: Geraldina Colotti
Fuente: Resumen Latinoamericano
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