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Negacionistas del cambio climático protestan en Washington.

Negacionistas del cambio climático protestan en Washington. | Foto: NObama nomas (Flickr)

Publicado 20 octubre 2015

Cualquiera que sea la fuente de un individuo para negar el cambio climático, la pregunta es cómo aquellos de nosotros que no somos expertos podemos tener un diálogo constructivo con los negacionistas.

¿Cuál es la mejor manera de responder a los que niegan la realidad o consecuencias del calentamiento global?

En una cultura donde muchas personas son vacilantes en cuanto a ciencia se refiere, mi amigo Jim Koplin siempre empieza con la física básica: La vida en la Tierra depende de la energía del sol. Ese calor calienta la superficie del planeta, y parte de ese calor se remonta a la atmósfera.

Ciertos gases, especialmente el dióxido de carbono, atrapa ese calor, creando el efecto invernadero. Hay un abrumador consenso científico de que la actividad humana, sobre todo la quema de combustibles fósiles ha producido el calentamiento global antropogénico, un continuo aumento de la temperatura media de nuestro sistema climático, mayor de lo que iba a suceder sin actividad humana.

El mejor lugar para encontrar ese consenso científico: El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), creado por las Naciones Unidas, es considerado la fuente autorizada para el consenso sobre el calentamiento global y es típicamente prudente en sus presentaciones públicas. El Quinto Informe de Evaluación del IPCC en 2014 llegó a la conclusión de que el calentamiento del sistema climático es inequívoco y sin precedentes en la experiencia humana; que la actividad humana es la clara causa; que las reducciones sustanciales y sostenidas de gases de efecto invernadero son necesarias para evitar la catástrofe; y que incluso con estas reducciones, algunos efectos del cambio climático no pueden ser revertidas y se harán sentir durante siglos.

Aún más desconcertante es la falta generalizada de conciencia sobre el alcance de las consecuencias de este calentamiento, que vale la pena resumir. El informe de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia 2014 hace una lista de los efectos principales para este nivel de desestabilización del clima global: el derretimiento acelerado del hielo marino del Ártico y las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida; el aumento de los niveles del mar que amenazan las zonas costeras; aceleran la acidificación de los océanos; y amplificadas amenazas con menos previsibilidad de incendios forestales, inundaciones, sequías y olas de calor. Todo esto va a tener gran alcance, generalmente de efectos negativos, en la salud humana y en la agricultura, así como en otras especies, incluyendo un aumento en la extinción de las especies y las consecuencias imprevisibles de una reducción drástica de la biodiversidad planetaria.

La gente no está consciente de cómo la acción colectiva para hacer frente a esta crisis se ha ido quedando rezagada, incluso las medidas mínimas necesarias para evitar consecuencias catastróficas, y no es difícil de entender dadas las complicaciones de construcción, de asegurar acuerdos, luego implementarlos y monitorear un plan con gobiernos de tantos países.

Más difícil de excusar es el nivel de rechazo en la opinión pública de Estados Unidos acerca de la ciencia misma. A medida que la evidencia de la alteración del clima causado por los humanos se ha vuelto más apremiante, no ha habido ese constante aumento en la conciencia pública. Encuestas de Gallup han medido la preocupación pública sobre el calentamiento global desde 1989, y el porcentaje de estadounidenses que expresa "una gran preocupación", ha seguido con gran atención las noticias sobre el calentamiento global (picos de preocupación cuando una catástrofe ecológica está en las noticias) pero no refleja el constante consenso científico. Los mayores niveles de preocupación se produjeron en abril del 2000 (40 por ciento) y marzo del 2007 (41 por ciento) con los puntos más bajos en octubre de 1997 (24 por ciento), marzo del 2004 (26 por ciento), y marzo del 2011 (25 por ciento). El nivel de 34 por ciento de preocupación en 2014 es casi el mismo que en 1989.

¿Por qué las personas que en la mayoría de todos los demás aspectos de la vida aceptan sin cuestionar los resultados de la ciencia revisada por expertos, rechazan el consenso abrumador de los científicos del clima en este caso? Una de las razones es la forma en que el tema se ha politizado, las encuestas de Gallup muestran que la negación del cambio climático se encuentra más arraigada en espacios conservadores; la desconfianza en la ciencia es ahora vista por muchos como un importante aspecto de la identidad conservadora. Naomi Klein señala que muchos de la derecha política ven el cambio climático como una mera excusa para atacar el capitalismo. Otros tienen razones teológicas para ignorar la crisis, creyendo que todo lo que está sucediendo es parte del plan de un Dios omnisciente. Para otros quizás es simplemente más fácil no creer que hacer frente a las consecuencias, lo que se hace más fácil con tantas campañas mediáticas y tan bien financiadas para crear esa duda.

Cualquiera que sea la fuente de negación del clima de un individuo, hay que preguntarse cómo aquellos de nosotros que no somos expertos podemos participar en un diálogo constructivo con los ‘negacionistas’. La primera pregunta que hago cuando hablo frente a una audiencia o en una clase acerca de este problema es, cuantos científicos entrenados sobre el clima hay en la habitación. La respuesta es por lo general ninguno, lo que definitivamente me incluye a mí - Yo no conduzco una investigación original sobre el clima, ni soy competente para evaluar literatura científica sobre el tema. Al igual que todos los demás en la habitación, tengo que tomar una decisión sobre la forma de entender el consenso sobre la cuestión que surge del proceso de revisión de la ciencia moderna, en la que los científicos presentan sus resultados a sus compañeros competentes y con el tiempo construyen un consenso sobre la manera de entender el mundo.

Ese proceso no produce una perfecta comprensión del mundo, lo demuestra el simple hecho de que los científicos modifican constantemente teorías y adaptan su comprensión según cambia la evidencia. Hay un gran debate acerca de la manera de entender este proceso, y el arribismo y las presiones económicas relacionadas con la financiación de la investigación pueden sesgar los resultados. Pero para un laico, la pregunta clave es: ¿Sobre qué base desafías el consenso abrumador de la ciencia revisada por los científicos? No tengo manera de hacer un juicio independiente sobre la validez de las conclusiones científicas que vayan más allá de la química de escuela secundaria, la biología y la física, y sin embargo, no dudo en actuar sobre la base de esas conclusiones, porque mi experiencia me indica que la ciencia hace un trabajo razonablemente bueno al describir ciertos aspectos del mundo. Cuando enciendo mi computadora - que es el producto de una gran cantidad de ciencia que no alcanzo a entender - No me pregunto si las conclusiones fundamentales de los científicos que realizaron la investigación son correctas.

La única otra cuestión sobre la que hay un desafío importante al aplastante consenso de la ciencia revisada por sus pares es, por supuesto, la evolución, cuando la oposición es claramente ideológica. La mayoría de personas que rechazan la evolución darwiniana por selección natural lo hacen por convicciones religiosas que, cualquier cosa que uno piense de ellos, están fuera del ámbito de la ciencia. Es razonable suponer que como la mayoría de los ‘negacionistas’ del cambio climático carecen de base científica para sus afirmaciones, es probable también que estén motivados por la ideología.

Nada en que el análisis requiere que uno acepte las recomendaciones de los científicos sobre cuestiones morales y políticas. Confiar en los científicos sobre cuestiones científicas no implica que deberíamos ceder a ellos nuestra capacidad de hacer juicios independientes sobre lo que debe hacerse en respuesta a las conclusiones científicas. En cuestiones de orden público, no estamos obligados a estar de acuerdo con los científicos, que en mi experiencia no tienen un estatus especial en preguntas acerca de los valores humanos; aceptar el poder del método científico no significa abandonar nuestro papel como seres humanos y ciudadanos.

Importante-→ Éste es un extracto del nuevo libro ‘Plain Radical: Living, Loving and Learning to Leave the Planet Gracefully’, publicado por Contrapunto / Soft Skull, que cuenta la historia de colaboración intelectual y política de Robert Jensen con el maestro / activista Jim Koplin.

Robert Jensen es profesor en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Texas en Austin y miembro del  ‘Third Coast Activist Resource Center’ en Austin. 

Puede ser contactado en rjensen@austin.utexas.edu y sus artículos se pueden encontrar en línea en http://uts.cc.utexas.edu/~rjensen/index.html.


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