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El conflicto colombiano sigue moviéndose, pero en un curso errático condicionado por la falta de dinero, la corrupción generalizada y la  profunda crisis de la sociedad colombiana.

El conflicto colombiano sigue moviéndose, pero en un curso errático condicionado por la falta de dinero, la corrupción generalizada y la  profunda crisis de la sociedad colombiana. | Foto: Colprensa

Publicado 12 noviembre 2018
El presidente no debe descartar la convocatoria de una asamblea Constituyente”. 

La reciente elección de Bolsonaro en Brasil en octubre de 2018, fue la confirmación definitiva de que el llamado “ciclo progresista de América Latina” de alguna manera se había clausurado y que el ciclo reaccionario del neoliberalismo autoritario y depredador a nivel global continuaba su avance imparable. 

Pero en paralelo, también dejó claro que la llamada “Nuestra América” (Latinoamérica y el Caribe) es el lugar privilegiado del globo planetario, donde se desarrolla y se seguirá desarrollando con mayor intensidad, con derrotas y victorias, la lucha entre este engendro capitalista y las fuerzas masivas que se le oponen, lo combaten y continuarán combatiéndolo. 

La elección de López Obrador en México en julio de 2018, en un país al que le hicieron creer que, por medio de los acuerdos neoliberales de (free market) o libre comercio firmados con la Norteamérica desarrollada había dejado de ser latinoamericano, ha confirmado la falacia de este engaño y, al contrario, ha demostrado la pertenencia del pueblo mexicano al mundo latinoamericano y caribeño en lucha, a la vez que ha dado un refuerzo importante a la batalla social, desigual, de quienes continúan de pie resistiendo las “nuevas guerras” diseñadas por el Pentágono para dominarlos y uncirlos al carro de guerra neoliberal del Sistema Global del Imperialismo: En primer lugar Venezuela ya totalmente cercada por todas sus fronteras.

La Bolivia multinacional luchando contra la permanente conspiración y conjura divisionista de la derecha pro estadounidense. Nicaragua sandinista corrigiendo errores en medio de una copia al carbón de la guarimba venezolana, y El Salvador, defendiendo discretamente algunos de sus logros pasados. 
Han sido innumerables los análisis de la llamada intelectualidad “orgánica” latinoamericana y caribeña y autodenominada marxista, asombrada e iracunda sobre lo ocurrido en Brasil con la elección de Bolsonaro. Se han hecho análisis dinámicos (la inercia contra el avance) o geoestratégicos (lo global contra lo local) temporales (lo táctico reformista contra lo estratégico del largo plazo) psicológicos (lo racional contra lo mágico-religioso-sexual) comunicacionales (lo mediático contra lo político) sociológicos (militarismo contra civilidad) y hasta se ha rozado superficialmente el asunto económico. 

En todas estas dicotomías, más que contradicciones analíticas, ha faltado el análisis del complejo y dialéctico de la relación esencial entre la base económica y la sobreestructura que la cubre, señalado por Marx en su famosa metáfora y que indudablemente lleva a la retumbante advertencia de Lenin: “Sin teoría revolucionaria no puede haber (praxis) revolucionaria”.  

La gran falencia teórica, fácilmente advertible por los tropezones (con la misma piedra de siempre) que produce y ha producido; actualmente es la falta de una teoría (práctica y superadora) sobre la noción marxista de Estado: Se sigue pensando con la tradicional concepción de un siglo de edad, de que el Estado es una máquina, a la que basta cambiarle el conductor para que inmediatamente se ponga al servicio de la “causa” popular. 

Despreciando o no visualizando el aspecto político-económico, de que el Estado actual construido por el sistema global del imperialismo neoliberal dominante, es un “sistema de relaciones sociales” (como el capital que también es una relación social) con diversos subsistemas íntimamente interrelacionados y con cierta autonomía, a nivel macro, meso y micro, condensados en lo que llamamos “instituciones” y que desde cuando Althusser los describió en la década del 70, se conocen como Aparatos Ideológicos de Estado. Ni qué decir sobre la contradicción Estado-Sociedad Civil al parecer dominada por la concepción de a ciudad de Dios de los Jesuitas, o de la concepción mecanicista de que la crisis del capitalismo conduce necesariamente a la revolución social. 

Esto, por ejemplo, ha llevado en Colombia, a que la llamada Solución Política al conflicto (histórico, social y armado) primordialmente se considerara un asunto puramente armado o de orden público, al que bastaban unas cuantas reformas, no muy profundas a estas instituciones, para que se abriera un “amplio ciclo reformista” y una pacífica alameda hacia una Nueva Democracia.

El actual ataque fríamente calculado, inmisericorde y combinado de la llamada “institucionalidad colombiana” contra las pocas “instituciones mestizas” creadas en el famoso Acuerdo de La Habana, así lo está demostrando: No es solo la Justicia Especial para la Paz (JEP) el blanco de la institución judicial tradicional liderada por la Fiscalía General de la Nación creada en la constitución de 1991, junto con las demás instituciones de “coerción” responsables del disciplinamiento social y fusilamientos cientos de líderes sociales en marcha.

O el “consejo nacional electoral” contra la participación electoral del partido surgido del Acuerdo. O los fallos anticonstitucionales de la Corte Constitucional o del Consejo de Estado. O las leyes anti-Acuerdo emanadas por el Parlamento colombiano. O los “compes” de la institución de planeación asfixiando financieramente los emprendimientos de los reinsertados. O los acuerdos de los consejos de ministros y los decretos de la “institución ejecutiva” donde se dice claramente que no hay dineros para implementar el Acuerdo (ya NO el de la Habana, sino el adulterado y consensuado en el teatro Colón) respaldadas por las declaraciones mediáticas de los innumerables gremios de la producción sobre la “Implementación del Acuerdo”. 

O el ataque mediático generalizado al derroche y desgreño económico que significan las “instituciones de memoria, verdad y reparación” como la Comisión de la Verdad, el Centro de Memoria Histórica, o el Sistema de Reparación Integral de las Víctimas; todo lo cual conduce a un solo punto esencial: La base económica sobre la que está parada y camina la sociedad colombiana. Base económica que dificulta la implementación del Acuerdo y lo hará languidecer, a la vez que ha hecho “desplazar” la Solución Política del conflicto y la movilización social, hacia la protesta estudiantil pidiendo financiación para la educación pública en lugar de destinar un 5% a la panoplia militar, y al rechazo masivo cívico y popular a la reforma económica financiera del ministro chupasangre Carrasquilla. En breve y como diría Galileo; “eppur” (sin embargo) el histórico conflicto social y armado colombiano, “si mouve”. 

El conflicto colombiano sigue moviéndose, pero en un curso errático condicionado por la falta de dinero, la corrupción generalizada y la  profunda crisis de la sociedad colombiana, donde amplios sectores de la llamada izquierda legal y democrática a la cual ha ingresado con credenciales oficiales la bancada parlamentaria (institucional) del partido de la Rosa, continúan patinando o dando vueltas sobre sí misma, sin lograr ningún avance práctico sobre la implementación de la paz, y cuya teoría analítica seria se ha convertido en el monotema de un sistema integrado de Twitter. 

Menos aún se trata sobre lo que sigue faltando para avanzar hacia una verdadera Solución Política del conflicto (necesariamente con el ELN) como lo es la conducción de la movilización social hacia un Proceso Constituyente que concluya con una Asamblea Constituyente Democrática y Popular. Vacío enorme que ya ha detectado el fascismo colombiano y pretende abortar; llamado a una Asamblea Constituyente reaccionaria y de minorías favorable a la “implementación NO de la paz”, de su modelo gremial y narco paramilitar en toda la Región. 

No de otra manera se puede entender la convocatoria del intelectual del fascismo colombiano y presidente del senado Ernesto Macías Tovar en su Twitter del 11 de noviembre, donde concluye lo siguiente: “Definitivamente no es posible tramitar vía Congreso, verdaderas reformas a la Justicia, ni política, ni ajustar los acuerdos de La Habana; las presiones de las Cortes y otros intereses lo impiden. El presidente no debe descartar la convocatoria de una asamblea Constituyente”. 


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