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Pobreza

Pobreza | Foto: Copyright 1999 Adobe Systems Incorporated

Publicado 13 noviembre 2014

Anuncios del Banco Mundial, el FMI y otros grupos de expertos neoliberales, diciendo que la pobreza está disminuyendo y la clase media está aumentando, es sólo una fantasía que proviene de programas de investigación ideológicamente parciales y concepciones de pobreza.

 

En los últimos años, las organizaciones internacionales, como el Banco Mundial, el FMI y los principales centros de pensamiento económico han anunciado reducciones espectaculares de la pobreza en muchas regiones del mundo, particularmente en los países emergentes. Sorprendentemente, se nos informa que la clase media está creciendo de manera constante en los países anteriormente pobres. En América Latina –nos dice el Banco Mundial - el tamaño de la clase media se duplicó en los últimos diez años, ya que aumentaron los  ingresos personales y arrinconaron la pobreza. India, China y otras regiones también son testigos de logros similares. Todos estos supuestos cambios exigen visiones optimistas del futuro. Mejores ingresos se traducirán en el bienestar social, mientras que las clases medias más grandes traerán democracias más sólidas. Es cierto: hay mucho más que queda por hacer para reducir la pobreza, pero estamos yendo en la dirección correcta.

Resolver la situación de los pobres involucra cambios en la sociedad, incluyendo (y sobre todo) el mundo de los ricos

Todo esto, por supuesto, no es más que una fantasía que se deriva de los programas y las concepciones de investigación de la pobreza ideológicamente sesgadas. En las últimas décadas, las organizaciones internacionales y los grupos de expertos han producido un cambio sutil en la forma de entender la pobreza y las diferencias de clase. Estábamos acostumbrados a pensar en, la pobreza y la diferencia de clases, como  ‘relaciones’: no hay pobreza en sí misma, sino sólo en relación a la riqueza; uno sólo puede ser de condición "inferior" en contraste con la clase "superior". Por otra parte, era evidente que cualquier mejora en las vidas de las personas de las clases bajas y de los países pobres sólo era posible como resultado de los cambios en la economía, en la tributación, en los flujos comerciales y financieros internacionales, etc. y en general en el ámbito de la política. Para decirlo en otras palabras, resolver la situación de los pobres involucra cambios en la sociedad, incluyendo (y sobre todo) el mundo de los ricos, poniendo fin a la concentración del poder y el capital en pocas manos.

En comparación, la actual sabiduría convencional acerca de la pobreza la presenta como un problema sin ninguna relación. La pobreza y la movilidad social ascendente aparecen como meras cuestiones de recursos personales o niveles individuales de ingreso, sin relación con las desigualdades estructurales de la sociedad o en la forma en que la economía se organiza. Según este punto de vista, la pobreza es un problema de los pobres, debido a que carecen de algo -Habilidades, ambición, capital social y / o tienen taras personales - son perezosos, criminales, brutos- y por lo tanto toman malas decisiones personales. En otras palabras, los pobres son personalmente responsables de su pobreza; su condición no tiene nada que ver con nada que los ricos y poderosos tengan, sean o hagan. Todo lo que el Estado puede hacer por los pobres (en todo caso) es ayudarles a superar sus propios problemas,  ofreciéndoles educación, microcréditos, incentivos, etc.

Según este punto de vista, cualquier persona sale de la pobreza por el simple aumento de sus ingresos. Como si fuera alguna beca financiera , el fin de la pobreza viene cuando las personas que viven con 1,25 por día empiezan a ganar $ 1,50 o más. Del mismo modo, en informes recientes sobre el crecimiento explosivo de la clase media, la gente empieza a pertenecer a ella una vez que ganan $ 10 por día o más. Con el tema de la pobreza y la estructura de clases así presentada, se nos invita a celebrar el curso actual de la economía mundial, ya que las encuestas muestran que hay más personas que tienen ingresos por encima de las líneas arbitrariamente establecidas.

Sin embargo, la realidad no ofrece razones para celebrar. Tanto en los países desarrollados o no, la desigualdad de ingresos ha ido creciendo constantemente desde hace décadas; en algunos de ellos la pobreza –inclusive donde se mide como una cuestión de ingreso personal- también se ha ampliado. En los EE.UU, la primera economía del mundo, la pobreza alcanzó un nivel récord, con 46 millones de estadounidenses (es decir, el 15,1% de la población) que viven en la pobreza, el mayor porcentaje desde que el país comenzó estas mediciones en 1959. Uno de cada ocho estadounidenses, hoy en día, usan cupones de alimentos. Esta situación está obviamente relacionada con la evolución de la distribución de la riqueza. En 1915, el 1% más rico de los estadounidenses se llevaba el 18% de los ingresos de la nación, mientras que hoy la cifra se ha elevado a un 24% -un nivel de desigualdad que no se veía desde la Gran Depresión en 1929. La situación en algunos países de Europa es algo mejor, mientras otros están en crisis económicas muy graves, alcanzando picos de pobreza antes desconocidos. En China, la locomotora del capitalismo mundial, los altos niveles de crecimiento económico se han unido con un aumento explosivo de desigualdad, y lo mismo se aplica a otros países en desarrollo (con la excepción de América Latina, la única región en la que el crecimiento económico ha permitido una, relativamente, mejor distribución del ingreso, un continente que, sin embargo, socialmente sigue siendo el más desigual del mundo). Y puede darse el caso de que algunos trabajadores chinos, británicos, brasileños o estadounidenses tengan mejores niveles de ingresos en términos absolutos, pero eso no significa una "movilidad ascendente" si, al mismo tiempo, la parte superior del 1% han aumentado muchas veces más sus ingresos y su riqueza. En términos de relativa-relacional, los trabajadores y las clases medias no han "subido en la escala social", sino que se han movido hacia abajo.

En América del Norte y en la mayor parte de Europa los intereses financieros controlan las decisiones políticas

Este esperado escenario no parece traernos mejores democracias. Por el contrario: en la mayoría de regiones los derechos políticos del ciudadano común -incluso los derechos civiles básicos se han vuelto más débiles. En las últimas dos décadas, los EE.UU ha liderado el camino en la expansión del poder corporativo y el Estado a expensas de la mayoría de los derechos básicos de los ciudadanos, incluido el derecho a la privacidad y la libertad de prensa. En América del Norte y en la mayor parte de Europa los intereses financieros controlan las decisiones políticas en gran medida, directa o indirectamente. La falta de derechos políticos y de libertades fundamentales en China y en otros países emergentes es una realidad que pocas personas necesitan que se les recuerde. De nuevo, algunos países latinoamericanos que lograron ampliar los derechos civiles y sociales en la última década, parecen ser la excepción. Pero esta excepción es menos relacionada con la expansión de una "clase media" que con el hecho de que las movilizaciones de masas y los poderosos movimientos sociales de las clases baja y media-baja lograron  influenciar en las decisiones del Estado. Como cuestión de hecho, la lucha social es el factor que ayuda a explicar por qué la región, a diferencia de otras, ha experimentado un crecimiento económico, mientras que, al mismo tiempo, se las arregló para mejorar la distribución del ingreso. La fuerza de la democracia me parece más el efecto de la igualdad y la participación política desde abajo, que el resultado automático de mayores ingresos o de crecimiento económico.

Esa es una lección, sin embargo, que los responsables políticos no están dispuestos a aceptar con agrado. La política de la pobreza ha estado en manos de las élites, los políticos y los burócratas internacionales; sus decisiones han sido orientadas por economistas y otros académicos conservadores o liberales, que no están particularmente interesados en cambiar el status quo. De hecho, la visión no relacional de la pobreza está dirigida precisamente a gobernar un mundo que acepta la desigualdad como un hecho natural. Es una ideología que permite a los ricos aumentar sus negocios como les plazca, al tiempo que ofrecen algunas esperanzas de alivio futuro a los pobres (una oferta que sólo se produce después de haberlos culpado por su propia situación).

Mientras que grupos de académicos de todo el mundo están tratando de contrarrestar este sentido común, una reciente iniciativa es digna de atención. El diez de Octubre cientos de estudiantes, graduados, activistas y profesores se reunieron en Seattle para lanzar formalmente la Red Relacional de la Pobreza (RPN) por sus siglas en inglés, una red inclusiva, compuesta por académicos, profesores y activistas, destinada a fomentar la colaboración entre disciplinas académicas, lugares y tipos de conocimiento de la pobreza y participación en la educación, difusión en los medios y trabajo con socios de la comunidad. El RPN fue co-fundada por Victoria Lawson y su colega en el departamento de Geografía de la Universidad de Washington, Sarah Elwood, acompañadas por un Comité Directivo de Académicos de los EE.UU, Argentina, Sudáfrica y el Reino Unido. Fue diseñada como "un amplio experimento que une las ciencias y las humanidades en un conjunto, para construir entendimientos alternativos de empobrecimiento y forjar alianzas sociales para hacer frente a la pobreza y la desigualdad" (http://depts.washington.edu/relpov). Como Lawson y Elwood explican en sus palabras de apertura, el objetivo de la RPN no es otro que el de crear un nuevo campo de conocimiento, para establecer y legitimar un conjunto de conocimientos que pueden informar de la acción y "ofrecer nuevas ideas que pueden reformar narrativas culturales y políticas extensamente circulantes sobre la desigualdad y sobre quien es pobre, por qué son pobres, y cómo afectar a la pobreza". Como Lawson también sostuvo, la iniciativa trata sobre una "re-politización de la pobreza": el RPN "entiende la pobreza como ‘sobre-determinada’- que surge de un conjunto de procesos entrelazados, incluyendo el funcionamiento materialista del capitalismo en todo el mundo y en las post-colonias, políticas culturales de representación, los procesos de racialización, el género, la nacionalidad, la capacidad y los procesos de gobierno, normas, y lo que dicta el sentido común".

Huelga decir que las políticas globales de pobreza sólo cambiarán como resultado de las luchas sociales, de la movilización de masas de la clase más baja, de la organización política, y de fuertes alianzas entre los pobres, los trabajadores y al menos parte de la clase media. Pero los académicos de las ciencias sociales y las humanidades también pueden contribuir con mejores herramientas conceptuales y de investigación orientada a la crítica. La situación global actual exige que el mundo académico se replantee la pobreza como un problema relacional, participe en los debates públicos y desafíe a la sabiduría convencional (y a las "expertas" voces autorizadas que le dan forma). Por supuesto, el pensamiento de la pobreza como una relación no es una idea nueva. Los Movimientos Sociales han tenido esa idea como un principio clave de sus demandas y de su comprensión del mundo durante mucho tiempo, y hay una larga tradición de pensamiento académico crítico de investigación en este sentido. Sin embargo, todavía hay un largo camino por recorrer. Mientras que la dimensión económica de la pobreza como un proceso ha recibido más atención, su interrelación con otros procesos -como la racialización, criminalización, consideración de género, discriminación en base de capacidad, ciudadanía, edad y generación, etc.- todavía necesita mejores herramientas analíticas y evidencias empíricas.

 


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