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Ni siquiera tu silencio te protegerá
Publicado 22 octubre 2014
Sólo organizándose se puede poner fin a la regla patriarcal de acoso sexual en nuestras calles y en nuestras comunidades. 

Era una típica tarde de domingo a mediados de septiembre, mientras iba conduciendo a mi hogar en Jersey City, Nueva Jersey, después de visitar a mi familia. Esa humedad caliente del verano aún no se había retirado por completo del ambiente, pero había una leve brisa ocasional de esas que nosotros los norteños disfrutamos con los brazos abiertos después de largos días de verano.

Y así, conduciendo por la autopista, me decidí a bajar las ventanas para disfrutar del aire, levantando ligeramente el volumen de la canción “whateverreggaeton” que estaba sonando en La Mega 97.9.  Y como siempre sucede de regreso a casa, me encontré en medio de una congestión vehicular, y luego, con la mirada perdida en la distancia en este tráfico que induce al dolor de cabeza, sucedió.

El conductor junto a mí, un hombre de unos cuarenta años, solo en su coche, me preguntó: "¿Por qué estás triste, mamá?".  Sorprendida, sacudí  la cabeza y sonreí, no esperaba ni deseaba empezar una conversación con un desconocido. Y en serio, ¿quién inicia una conversación en pleno tráfico?.  Pero él seguía hablando. ¿"Mami, te estoy hablando a ti, estás escuchando”?.  

Subí el volumen de la radio. "Eres tan sexy, ya sabes, no estés triste, mami." Inmediatamente, subí los vidrios, encendí el aire acondicionado, y subí el volumen de la música. Sin embargo, a pesar de no ser capaz de oír sus silbidos, todavía podía sentir el resplandor de sus ojos en mí, su boca seguía hablando. Para empeorar las cosas, se negó a avanzar con su auto en su carril sólo para poder seguirme, haciendo que los conductores detrás de él toquen el claxon sin parar. Y luego, se las arregló para seguir detrás de mí. Con el corazón acelerado llamé a mi compañero por si acaso y le dije, "pasó una locura". Con el tiempo, mi acosador perdió interés y su coche se mezcló en el tráfico anónimo de Jersey City. 

Sin duda, me sentí aliviada cuando llegué a casa, pero no podía dejar de pensar: ¿Debería haber hecho algo tal vez un poco más agresivo?.  ¿Tal vez darle el dedo, o mandarle al carajo?.  Pero me acordé que, en general, trato de evitar responder a todo tipo de hostigamiento en la calle. Nunca se sabe quiénes son los locos o inestables, o las armas que llevan. Pero especialmente a la luz de las últimas semanas, cuando una mujer fue asesinada mientras que otra resultó gravemente herida después de ignorar y rechazar las proposiciones de un hombre, es claro que incluso tu silencio no te protegerá.

En la noche del 5 de octubre, María "Unique" Spears, de 27 años de edad y madre de tres hijos, abandonó el funeral de un familiar y se dirigió a un bar local para recordar a su ser querido con otro miembro de la familia en el este de Detroit. "Ella estaba divirtiéndose toda la noche", contó un familiar.

En algún momento de la noche, un hombre de 38 años se interesó por Spears y comenzó a acosarla incesantemente, preguntándole por su nombre y su número de teléfono, que ella se negó a dar. El acoso continuó y se intensificó alrededor de las 2 de la madrugada, cuando a su salida, el hombre agarró y golpeó a Spears, interviniendo en ese momento su prometido en lo que se convirtió en una lucha mortal. Armado, el hombre disparó una vez a Spears, quien estaba huyendo, y luego le disparó dos veces en la cabeza, matándola inmediatamente.

Su prometido, miembros de la familia y otros transeúntes resultaron también heridos cuando el hombre disparó contra la multitud  en las afueras del bar.
Sólo unos días antes, en la madrugada del uno de octubre, a las 5:15 am, un hombre se acercó a una mujer desconocida en el vestíbulo de un edificio de apartamentos en Queens, invitándola a salir a una cita. Cuando ella lo rechazó y empezó a alejarse, el hombre la atacó, la agarró por detrás y le cortó el cuello con una navaja antes de salir corriendo.

Ella se encuentra en estado crítico, pero se espera que sobreviva. Ni el silencio, o la presencia de su familia o amigos, podrían proteger a estas mujeres. Pero estos ataques recientes son sólo dos de los numerosos casos de acoso en la calle y la violencia de género condonados y sostenidos por el patriarcado institucional cotidiano.

Recordemos a principios de este año, el pasado mayo, cuando Elliot Rodger, un hombre de 22 años, que mató a seis personas e hirió a otras trece en Santa Bárbara, después de publicar un video alegando que era un "crimen" que las mujeres nunca hayan sentido atracción por él. Unas horas antes del incidente, Rodger publicó un video en YouTube donde anunciaba que iba a "masacrar cada puta rubia que viera”.

O cuando tan solo un mes antes de los asesinatos misóginos de Rodger, en abril, una joven de 16 años en Connecticut, llamada Maren Sánchez fue asesinada a puñaladas en los pasillos de su escuela secundaria por un compañero de clase, después de que ella se negó a ir al baile de graduación con él.

O, a principios de 2011, en un boliche en Carolina del Sur, cuando un hombre de 33 años de edad arrojó una bola de boliche de 12 libras a la cabeza de una mujer después que ella rechazó su oferta para dejar que le comprara una bebida. Su cráneo era visible como consecuencia de la agresión. 

De hecho, una encuesta a dos mil personas en Estados Unidos hecha por Stop Street Harassement, una organización no lucrativa dedicada a documentar y poner fin al acoso en las calles por razón de género, encontró que el 65% de las mujeres había experimentado acoso en la calle en algún momento de su vida en el 2014.

De las mujeres encuestadas, el 23% había sido tocada sexualmente, 20% fueron seguidas, y el 9% se vieron obligadas a hacer algo sexual. El acoso en la calle y la violencia de género, además, afecta de manera desproporcionada a las vidas de las mujeres, personas de color, trans y hermanos y hermanas homosexuales.  A modo de ejemplo, la coalición DC Trans encontró que el 80% de los residentes de DC trans experimentan acosos y agresiones. Especialmente para los hermanos y hermanas trans y gay, el rechazo al acoso trae consecuencias fatales.

No importa a donde vaya, es casi imposible escapar de esta rutina misógina y violenta. En una serie de estadísticas recopiladas por Stop Street Harassment, estudios de todo el mundo documentan el acoso sexual que todos los días enfrentan las mujeres. En Tokio, Japón, por ejemplo, una encuesta entre 632 mujeres en 2004 reveló que el 64% de las mujeres entre 20 y 30 años reportaron haber sido tocadas mientras viajaban.

Un estudio del 2005 entre más de 200 jóvenes en Gujranwala, Pakistán, encontró que el 96% de las niñas experimentaron algún tipo de acoso en la calle. En un estudio del 2008, en Egipto, el 83% de las mujeres egipcias reportaron haber experimentado acoso sexual en la calle al menos una vez en su vida, mientras que cerca de la mitad de las encuestadas afirmaron que esto lo experimentaron a diario.

Otro estudio del 2014 por la Organización contra el acoso en la calle, en Chile, descubrió que casi el 40% de las mujeres son acosadas a diario, mientras que el 90% afirmó haber sido acosada por lo menos una vez en sus vidas.

Sólo organizándose se puede poner fin a la regla patriarcal de acoso sexual en nuestras calles y en nuestras comunidades.

En los últimos años, la lucha contra el acoso en la calle ha tomado diversas formas. Ya en mayo, después de la masacre misógina de Rodger, activistas feministas llevaron a twitter la etiqueta #YesAllWomen en respuesta al meme "No todos los hombres" que estaba circulando en línea, un meme que desestimó la violencia estructural contra las mujeres y el acoso porque "no todos los hombres” actúan así.

Un tumblr llamado "Cuando las mujeres rechazan", que permite a las mujeres de todo el mundo compartir sus historias, surgió también en días posteriores a los asesinatos de Rodger, y continúa compilando los casos de violencia de género en la actualidad. 
Una artista residente en Brooklyn, Tatyana Fazlalizadeh, creó un proyecto de arte público llamado "Stop Telling Women To Smile", donde ella pinta retratos que luego son plasmados en las paredes públicas, con títulos dirigidos a los acosadores de la calle, incluyendo, "Las mujeres no están ahí afuera para tu entretenimiento".

 "Mi traje no es una invitación", "Mi nombre no es Babe, Shortie, Sexy, Sweetie, Honey, Pretty, Boo, Sweetheart, Ma" y "Las mujeres no te deben su tiempo ni su conversación. "Grupos como Hollaback, una organización internacional, fundada en 2005, se comprometió a poner fin al acoso callejero, y Stop Street Harassment también ofreció sugerencias para la adopción de medidas contra el acoso en la calle, incluyendo la forma de responder en el momento del acoso.

El año pasado, un colectivo activista con sede en Cartagena, Colombia, llamado Acción Awala, difundió un video experimental llamado "NO QUIERO TU PIROPO, QUIERO TU RESPETO". En el video, el observador sólo ve los pies de la mujer protagonista que constantemente se enfrenta a los abucheos no deseados y la misoginia de los hombres desde el momento en que sale de su casa. 

Así que no, no está bien "dejar que los hombres sean hombres", como afirmaban los ejércitos de Fox News en agosto cuando se hablaba del Acoso Callejero. No está bien que un hombre al azar, pueda referirse a mí como "mami", cuando los dos estamos aparcados en el tráfico o en cualquier lugar.

Tenemos que hablar y organizarnos en nuestros hogares, escuelas, lugares de trabajo, comunidades y en nuestras calles para reclamar legítimamente estos espacios como nuestros. Y con el fin de transformar esta sociedad patriarcal, es crucial que los hombres tomen al feminismo en serio, como parte fundamental en sus vidas.

Como punto de partida, echa un vistazo al artículo de Chris Crass "Contra el patriarcado: Herramientas Para los Hombres Para Promover un  Revolución feminista" de su libro más reciente, que ofrece una lista de herramientas y sugerencias para aquellos que están luchando para entender cómo trabajar mejor por el feminismo. Como escribe Crass, "la violencia cotidiana y la opresión del sexismo en nuestra sociedad es una epidemia y no sólo debe terminar, sino que puede terminar.

El sexismo devasta nuestras relaciones, las comunidades, los esfuerzos de justicia social, y nuestras vidas. Mientras que no elegimos ser hombres en una sociedad patriarcal, tenemos la opción de ser feministas y trabajar contra el sexismo".


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