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México y la audacia de hacerse respetar
Publicado 19 junio 2018
Hay niños en jaulas llorando mientras lees esto. Parece mentira pero no.

No sé si fueron los millones de rezos a la Virgen de Guadalupe, si fueron las súplicas de los miles de mexicanos encarcelados por razones migratorias, o los deportados pensando en sus familias tristes y separadas al norte del borde. 

No sé si fueron las abuelas pidiendo por un mejor día, mientras en la calle la guerra de las drogas usa sangre humana para aceitar su maquinaria.

La cosa es que ayer parecía que México no podía perder, entre la muralla de la defensa, la seguridad de Ochoa y la frustración de los campeones, la verdad no sé si fue Dios, o si fue la Virgen de Guadalupe, pero creo que alguien arriba echó una mano, no sé.

Lo que sí sé es que tanto sufrimiento ha parido gente muy fuerte, no solo en México sino en toda Latinoamérica. 

Como un guerrero ungido por las ancianos y las vírgenes del pueblo, al minuto 38, el Memo Ochoa se lanzó como un felino y en un microsegundo llegó a su cita con la historia, con esa espectacular mega-atajada que le negaba el ángulo al Tony Kroos.

Hablar de Alemania y México es hablar de dos mundos diametralmente distintos, al menos en mi experiencia, visité Berlín en 2005, para cubrir la feria mundial de turismo, no hay más que decir que las palabras “desarrollo y belleza”, la ciudad capital es un sueño por donde se lo mire, Alemania hoy es un país muy abierto y progresista, de gente muy educada que vive bien.

Podría citar el ejemplo de cientos de bicicletas (algunas muy caras) parqueadas en el centro de Berlín sin cadena de seguridad, “acá no roban” me decía un extraño, un emigrante africano que amablemente me guió hasta el tren correcto.

Él me recordaba a Jerome Boateng, el defensa central de Alemania, un inmigrante de Ghana, su hermano jugó en esa selección, de hecho, ellos protagonizaron el único duelo de hermanos defendiendo diferentes selecciones del que se tiene memoria.

Y sí, la historia para los migrantes en Europa, ha cambiado drásticamente, con la guerra en Siria y los inmigrantes africanos muriendo en los barcos, pero Alemania es definitivamente un país de derecho y apertura.

Imaginen lo que pasó, cuando como país les dio una etapa oscura, casi hubo que destruir el mundo, para salvar el mundo y los Alemanes están muy claros con eso; en el centro de Berlín, hay una catedral “Kaiser Wilhelm Memorial” con un enorme hueco de un cañonazo en el medio, como una advertencia para aquellos que olvidan lo que pasó.

Es increíble notar que Alemania ganó su primera copa (de un total de 4) en 1954, solo 9 años después de ser completamente demolida, al final de la Segunda Guerra Mundial en 1945 que redujo el país a escombros, sus habitantes a refugiados en su propio país, las mujeres violadas y los hombres humillados, enfrentando una reconstrucción no solo física, sino moral y espiritual, luego de la sombra del fascismo.

Pero la sombra de supremacía blanca de los nazis, desde hace mucho que ya no está en Alemania, día tras día nos enteramos de otro ataque a nuestra cultura latina, la mentira y el insulto se han vuelto la norma de un presidente profundamente racista, “criminales”, “animales”, “violadores”, la deshumanización de una raza es la nueva norma, un enorme grupo humano, que enfrenta persecución y violación de su más básica dignidad y derechos constitucionales y humanos.

Debido a que por varios periodos he vivido en Arizona y he reportado desde la frontera y el norte del país, hace que mi experiencia de México, no sea el duty free, paraíso turístico, que la mayoría de turistas conocen, sino ese México crudo y duro, ese pueblo bello, orgulloso, pero maltratado en su país y acá en el norte, perseguido.

Lamentablemente, la separación de familias, la encarcelación masiva y la tortura psicológica se han vuelto política de estado en Estados Unidos, donde niños son arrancados de sus madres en la frontera y puestos en jaulas donde no se permite que conforten ni a sus hermanitos menores, en medio de un infierno de llanto infantil que parece concebido para atemorizar a el resto de latinos y mantenerlos lejos de el país más rico del mundo.

En facilidades como McAllen, Texas, donde 1100 individuos y familias detenidas en grupo (antes de las nuevas políticas de la administración Trump) esperan, en celdas contiguas a las de cientos de niños recientemente separados por los edictos de Jeff Sessions el fiscal general guardan prisión en jaulas de alambre. Sólo hay 4 trabajadores sociales para cambiar de pañales y atender a los niños. 

Las nuevas leyes ya no permiten fianzas para inmigrantes, así que deberán estar presos hasta ser deportados una vez su caso sea procesado, lo cual puede tomar hasta 5 años, momento para el cual, si los menores que fueron separados no son reclamados, serán transferidos a una facilidad de mayores. 

Y sus padres al ser liberados (o deportados) no son informados de su ubicación, en otras palabras, la gente que es detenida en la frontera y separada, pasarán años antes de reunirse, si es que lo logran.

La semana pasada entrevisté a un par de esos trabajadores sociales, quien bajo anonimato me narraron desgarradoras historias de separación infantil, algo que la Asociación de Pediatras de USA caracterizó recientemente como “tortura infantil sancionada por el estado” y las NNUU llamaron “una grave violación de derechos humanos”.

Los que cruzan la frontera son refugiados económicos, pero detrás de las caracterizaciones como criminales y animales, está el racismo, ya no hay duda, de hecho según lo dijo el representante estatal de Arizona David Stringer “no hay suficientes niños blancos”, así de claro.

Hay niños en jaulas llorando mientras lees esto. Parece mentira pero no.

Y mientras familias latinas recibieron el día del padre leyendo sobre historias como la de Marco Antonio Muñoz hondureño de 39 años, que se quitó la vida el pasado 13 de mayo, en una celda de aislamiento en Texas, luego de que le arrancaran a sus hijos de sus brazos.

Si te molesta escuchar de niños latinos en jaulas y te hierve la sangre, anda al espejo y mírate, ese es el “ojo del tigre”, esa mirada recuérdela, la necesitarás, porque de ahora en adelante los latinos tenemos que ganar en todo, para, como México lo hizo hoy, restregarle en la cara al mundo que no estamos debajo de nadie, que todo es posible. Mantén la cabeza en alto.

En Rusia al parecer la selección mexicana de fútbol, dibujó una raya en el suelo y decidió demostrar que no son inferiores a nadie.

“Sí se puede”, ganarle al campeón del mundo, así te haya ganado las pasadas 4 veces, el equipo albo, herido, se le vino encima, pero la verde blanca y roja, como si fuese Rocky Balboa (III), aguantó (por casi 60 minutos) una marejada de golpes del campeón del Mundo (el número 2 en el ranking de la historia) y lo derrotó, ante la incredulidad de todo el planeta que miraba.

Ojalá México (o cualquier otro Latino) gane el mundial y se ponga de pie de una vez. Para que todos vean que Latinoamérica es un gigante y se le respeta.

“Si se puede” es el mantra de aquellos que día tras día buscan un mundo mejor en medio de tanta decadencia.

Hay que demostrarle al mundo todos los días nuestra grandeza, para que vean que no hay raza inferior y que se sepa, que cualquier señal de inferioridad de parte de cualquier persona, (no importa su rango o poder económico) se revela en su comportamiento, no en el color de su piel, (todos tenemos ojos y comprendemos de primera mano la miseria humana).

Fue un buen día del padre, en todo el mundo, los latinos que gritamos ese gol, nos hicimos un poco mas hermanos y en las celdas de encarcelación masiva en el país del norte los presos como un rumor se enteraron de la hazaña y con emoción en el pecho supieron que no somos menos que nadie.

Los papeles se revirtieron y Alemania se estrellaba contra la determinación de un equipo mexicano que dijo “hoy no”. Esta vez, el campeón del mundo parecía el equipo chico, desesperado por cruzar una frontera que no estaba abierta para ellos.

Como la frontera norteamericana y su eficiente monstruosidad; la defensa mexicana hoy no dio ninguna visa y rechazó cualquier petición de los alemanes.

Al acabar el partido las lágrimas del Chicharito eran las mías, la hazaña fue real, (pellízcame) David se bajó a Goliath, México tuvo la audacia de hacerse respetar.

Las segundas lágrimas del día, finalmente salieron en el auto, cuando manejaba hacia mi casa en la carretera y pensé en mis hijos y como reaccionarían, si me llevan y me desaparecen y les meten a ellos en jaulas, entonces lloré ...de pena, iras e impotencia.

Hoy México no fue solo México, hoy México fue un continente, enseñando una lección al mundo y liberando un grito del pecho, el mismo mantra que repiten los humanos cruzando el desierto arriesgándolo todo.
“Sí se puede".


teleSUR no se hace responsable de las opiniones emitidas en esta sección

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