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No se trata de una casualidad lo ocurrido con Macri. Hay en su esencia política una estafa además de ideológica una corrupción electoral.

No se trata de una casualidad lo ocurrido con Macri. Hay en su esencia política una estafa además de ideológica una corrupción electoral. | Foto: EFE

Publicado 4 septiembre 2018
Lo de fondo es que lo ocurrido en Argentina es un asunto regional que tiene eco en Brasil y Ecuador, desde una lógica económica que tiene efectos distintos en Chile por su naturaleza productiva.

Hasta hace muy poco desde España, Ecuador, Chile, Brasil, Colombia, México y otros países, Mauricio Macri fue puesto como el ejemplo de su “conducta política”. La razón principal: su coalición CAMBIEMOS era, supuestamente, la evidencia de un liberalismo renovado, pragmático y con todo el talante para sacar a Argentina de una aparente crisis crónica, no solo económica.

En el último mes, esa imagen ideal, casi idílica, se derrumbó y no queda ya uno solo de sus apologéticos aduladores con una sola frase a su favor ni siquiera el súper “periodista” que le ayudó a llegar a la Presidencia, el tan descompuesto Jorge Lanata. Este periodista macrista no ha dicho nada de la fuga de divisas que ha sido denunciada detalladamente por el articulista Alfredo Zaiat, en su columna de Página 12. 

No se trata de una casualidad lo ocurrido con Macri. Hay, en su esencia política, una estafa además de ideológica, una corrupción electoral. Todas las denuncias realizadas por El Destape dejan en claro el sentido real de su condición y conducción política. Y, más allá de eso, hay un patrón alimentado desde la visión de Jaime Durán Barba, el gran asesor ecuatoriano de Macri, Lenín Moreno, Jaime Nebot, Vicente Fox y otros candidatos y políticos de la región. 

La crisis del dólar, la llamada #Macrisis, conlleva una redefinición de la imagen posteada por los grandes medios de América Latina, empezando por Clarín de Argentina, del cual todos los demás en la región se hacían eco. Esa imagen era del político fresco, anti político, desideologizado o ligado más bien al marketing electoral, que no sirve para nada en la compleja gestión gubernamental. De hecho, ya es otro patrón de análisis que Durán Barba es bueno para llevar a la Presidencia a algunos candidatos, pero un pésimo asesor gubernamental, como ya le pasó con Jamil Mahuad, en Ecuador, del cual fue su mano derecha y terminó en la peor crisis financiera del país andino.

En la práctica, Macri retomó la más ortodoxa receta neoliberal: reducir (o aniquilar) el Estado, eliminando ministerios como los de Salud y Cultura, por solo mencionar dos; devaluación de la moneda por vía de la caída del dólar gracias a la “gestión” de los grandes tenedores de deuda, bonos y recursos de exportación; despidos masivos y, para más, apelar a la austeridad de todos elevando las tarifas de los servicios básicos, etc. 

Ahora quiere lanzar una “Canasta Básica” de 40 productos, como una boya de salvación. Incluso habla de un déficit fiscal cero para el sector público. En la práctica se licuan los salarios y la inflación es del 45% a la hora de escribir este artículo.

Todo esto no conlleva una sola salida a la crisis estructural, que tiene que ver con el modelo y el favorecimiento a los actores económicos más poderosos, en la práctica los más beneficiados de este nuevo esquema de gobernanza política y económica. 

Lo de fondo es que lo ocurrido en Argentina es un asunto regional que tiene eco en Brasil y Ecuador, desde una lógica económica que tiene efectos distintos en Chile, por su naturaleza productiva, por haber diversificado sus exportaciones con China. No sorprenda a nadie que lo ocurrido con Macri alerte a otros países, pero al sostener el modelo no se eliminan las causas reales de la crisis. Ya pasó en los noventa en los mismos países mencionados anteriormente y ya sabemos qué pasó luego.

Por eso, crear ejemplos, esos modelos a seguir, ya tienen una oscura historia en América Latina. Por eso también es cierto que apuntar a Venezuela como el problema mayor de una economía es solamente una antojadiza opción para despistar a los ingenuos, porque saben perfectamente dónde están los problemas reales de la economía. Argentina ni tiene una guerra económica y, mucho menos, ha sido amenazada por ejercicios militares de sus vecinos para justificar lo que le pasan a los pobres del país de Néstor Kirchner. 


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