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Los Rohingya más allá del mar
Publicado 22 mayo 2015
Desde hace dos semanas el mundo sigue atento el derrotero de la etnia Rohingya especulando cuando y cuantos, de los que se han lanzado al mar, huyendo de las duras condiciones de vida en Birmania, van naufragar, se ahogaran o por fin alguna de las naciones, Filipinas, Tailandia, Indonesia o Malasia, que le han negado asilo en más de una oportunidad se conduelen de tanto infortunio.

Es incierta la cifra de rohingyas que en estas últimas semanas se han lanzado al mar huyendo del ignorado apartheid, que desde hace décadas Birmania ejerce sobre ellos. Las estimaciones sobre el número de nuevos migrantes, es más que amplio, el desorden de la fuga de esta minoría musulmana de confesión sunnita, hace imposible establecer un número preciso. Algunas fuentes australianas estiman entre las siete mil y veinticinco mil almas, las que en este momento flotan en infinidad de precarias e inseguras naves sobre el mar de Andamán a la deriva, sin agua, ni comida.

Este mar enmarcado entre en sur de Birmania y el sureste del golfo de Bengala, al oeste de Tailandia y al este de las islas de Andamán, que le dan nombre, se extiende mil quinientos kilómetros de norte a sur y setecientos de este a oeste. Su profundidad media es de novecientos metros y su fosa más profunda llega a los tres mil ochocientos. El mar de Andamán es profusamente surcado por variadas especies de tiburones, a la caza de todo lo que flote en sus paradisíacas aguas, incluido un rohingya desesperado.

La constante diáspora de los rohingyas de Birmania, oficialmente República de la Unión de Myanmar, tiene tanto razones políticas, como étnicas y religiosas.

Los rohingyas, son originarios de una región de Bangladesh, en la frontera con Birmania, se instalaron en este país entre principios del siglo VII y VIII, cuando comerciantes árabes musulmanes se asentaron en el antiguo estado de Arakán en la actualidad Rakhine, el oeste del país, el segundo estado más pobre de Birmania, a la vez éste país está considerado entre los menos desarrollados en el mundo.

Son ciento treinta etnias oficialmente reconocidas en el país, aunque ninguno de los grupos musulmanes es reconocido. Además de rohingya, existen los panthay, de origen chino, los gurkha nepaleses y los birmanos indios y chinos.

Durante la dominación británica del Birmania (1885-1948), la población musulmana de Arakán, no alcanzó a las sesenta mil personas, pero durante las siguientes décadas miles de musulmanes comenzaron a llegar desde la India Británica, como mano de obra barata, muchos de ellos, se asimilaron a la antigua población rohingya.

Para 1937 Birmania logró separarse administrativamente de la India británica, y en 1942 se aprontaba a conseguir su independencia fue ocupada militarmente por fuerzas japonesas, que permanecieron hasta 1945. En este periodo los rohingyas se alinearon a Japón, lo que generó todavía más rechazo de los birmanos.

La etnia rohingyas siempre fue considerada ajena a la sociedad birmana, ya que ni siquiera son racialmente sudasiáticos, sino bengalíes. La diferencia de raza, lengua y Dioses fueron las razones de su estigmatización.

El aumento demográfico de la etnia, que llegan a cerca del cinco por ciento en una población de sesenta millones de habitantes, comenzó a provocar todavía más resquemores entre los budistas que representan el 90% de la población y la mayoritaria bamar.

Después de la Segunda Guerra Mundial los rohingyas fundaron un estado autónomo en Arakán, pero a partir de la dictadura instaurada en 1962, y que se prolongaría los siguientes cincuenta años, fueron acosados de manera permanente por el ejército. La represión llegó a su punto máximo en 1978 cuando la las desapariciones, las torturas y los asesinatos obligó a un cuarto de millón de rohingyas a huir a Bangladesh. En la actualidad se calcula que en Arakán habitan unos cuatro millones de personas, en su mayoría budistas, siendo un millón los rohingyas. Cerca de otro millón de ellos viven ya en diferentes países del mundo.

Las políticas de sistemática exclusión, que derivaron en campañas de exterminio o limpieza étnica, impuesta por los diferentes gobiernos birmanos generaron dos grandes éxodos hacia Bangladesh, en 1978 y en 1992.

La situación de esta etnia nunca fue considerada y continuó siendo objeto de discriminación sistemática. Tiene prohibido casarse con personas de otras etnias, viajar sin permiso de las autoridades, viven hacinados en campos de desplazados como el ghetto de Aungmingalar y otros a lo largo del país, donde la etnia vive en condiciones infrahumanas, sin ningún apoyo internacional, privados de derechos fundamentales. No pueden tener propiedad, de ningún tipo: tierras, casas o animales. No pueden tener más de dos hijos, si una rohingya queda embarazada, se ve obligada a practicarse abortos clandestinos con todo el riesgo sanitario que esto implica. Las parejas sólo pueden vivir juntas si estuvieran casadas, para lo que deben cumplir con diez requisitos burocráticos y el pago de elevados impuestos.

La política represiva permite a las fuerzas de seguridad métodos arbitrarios para el control poblacional, como el registro de hogares en el cual obligan a las mujeres rohingya a amamantar a sus hijos en presencia de los policías para comprobar que son las madres biológicas y controlar el número de integrantes por familia.

Más allá de las numerosas generaciones nacidas en Birmania, las autoridades insisten en afirmar que son inmigrantes y carecen de derecho a la ciudadanía. Los índices de enfermedades de los rohingyas son los altos de Birmania y en general estas enfermedades responden a su subalimentación.

La actual crisis ha provocado que los rohingyas, en vez de utilizar la vía más frecuente de huida a pie por la jungla que los lleva hasta Tailandia, se han lanzado al mar, poniéndose en manos de traficantes de personas y especuladores de ocasión, que los abandonan en cualquier peñón haciéndoles creer que llegaron al destino acordado.

Tras la caída de la dictadura y a pesar que Birmania vive una etapa hacia la democracia y mejoras sociales, los rohingya no fueron considerados.

El grupo 969

Liderados por el monje budista Ashin Wirathu, las actividades de la banda terrorista 969, (por los 9 atributos de Buda, los 6 atributos de sus enseñanzas y los 9 atributos de la orden de Buda), no tiende a actuar contra las autoridades sino que centran sus acciones contra la minoría musulmana.

El grupo se aprovecha de los acendrado prejuicios contra los rohingyas para alentar el fantasma de “la conspiración islámica para la toma del poder”, acusándolos de multiplicarse más rápido que los bamar, para desplazarlos étnicamente. Así alientan las mayorías birmanas a defenderse y tomar las armas para frenar el auge islámico.

El grupo 969 acusa a los musulmanes de endogamia y de segregarse, de casarse con mujeres budistas para convertirlas al Islam y a romper sus lazos familiares y la pretensión de crear un estado islámico en las zonas donde hay Rohingyas e iniciar una campaña a nivel nacional para instaurar un estado islámico.

Wirathu, es el abad del monasterio budista de Masoeyein de la ciudad de Mandalay donde residen dos mil quinientos monjes. Entiende la religión como un ultra nacionalista se lo ha llamado “El rostro del terror budista” “El general azafrán” (por la tunica de los monjes y “El Bin Laden budista”.

El movimiento 969 inició una campaña política enfocada al apartheid y al aislamiento social de los Rohingya. En 2012, en pleno proceso de apertura democrática, estallaron serios enfrentamientos en el estado de Arakán entre budistas y musulmanes después de la violación y asesinato de una mujer, los disturbios se intensificaron durante semanas hasta el punto de provocar la intervención del gobierno central y el establecimiento del toque de queda en la región.

Por su parte la ofensiva islámica no tardó en llegar a pesar de la falta de entrenamiento el clérigo Abu Bakr Basiyr llamó a la yihad, lo que podría llegar a derivar en una guerra religiosa.

El 969 en la actualidad condensa el sentimiento anti islam, que ha provocado que diez religiosos musulmanes, después de ser detectados en un vehiculo que los trasportaba fueran brutalmente asesinados.

En junio y octubre de 2012, los extremistas budistas de Arakán, asesinaron a ciento cincuenta rohingyas, destruyeron cientos de casas y mezquitas y madrassas a causa de ello unos cien mil musulmanes fueron desplazados a campos de concentración,

La nueva crisis iniciada hace dos semanas, no ha sido controlada y las autoridades de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) como Indonesia, Malasia, Tailandia y Filipinas, han mantenido hasta hace pocas horas un cerco a las naves de los migrantes evitando su aproximación a las costas.

Para resolver la cuestión se ha llamado a una reunión de urgencia para el próximo día 29 de mayo, en las que participaran también Australia, Bangladesh y Vietnam, así como de organizaciones internacionales como la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Desde Naypyidaw, la capital birmana, no hubo compromiso de asistencia.

Por su parte en las últimas horas Filipinas declaró que podría recibir de manera transitoria a unos siete mil rohingyas, lo que no da para nada terminada la crisis.

Es importante recordar que existe, aunque ya muy reducido, un movimiento salafista filipino llamado Abu Sayyaf, que podrían encontrar una posibilidad de reverdecer su lucha con la captación de nuevos militantes entre los rohingyas.

Más allá de especulaciones un número incierto de seres humanos se encuentra a la deriva en medio del mar, quizás para muchos de ellos el día 29 pueda resultar extremadamente lejano.

Artículo tomado de Rebelión: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=199114


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