• Telesur Señal en Vivo
  • Telesur Solo Audio
  • google plus
  • facebook
  • twitter
La Guerra de Washington contra la democracia en Guatemala dejó fosas comunes en una estela que todavía está siendo descubierta y excavada.

La Guerra de Washington contra la democracia en Guatemala dejó fosas comunes en una estela que todavía está siendo descubierta y excavada. | Foto: Reuters

Publicado 2 septiembre 2015

La democracia en la región ha sido continuamente considerada una amenaza por parte de Washington, tanto así que se ha utilizado el terrorismo de Estado para aplastarla.

Los Estados Unidos han librado en América Central una guerra contra la democracia durante décadas.

Hoy en día, los medios de comunicación internacionales están retratando la reciente ola de lucha contra la corrupción y protestas pro-democracia en Guatemala y Honduras como parte de una primavera de América Central. Esta llamada primavera está luchando contra la corrupción estructural, la violencia y la impunidad que se debe principalmente a que los Estados Unidos están inmiscuidos en estos países. Es pedagógico mirar la forma en que Washington respondió a movimientos democráticos similares en el pasado y cómo esa reacción ha dado forma a las crisis democráticas que actualmente enfrenta la región.

Lo que se conoce como la primera primavera de Guatemala se produjo después de que un levantamiento popular sacó del poder al dictador, apoyado por Estados Unidos, Jorge Ubico el 1ro de julio de 1944. Lo que siguió fue una década de coqueteodel país con la democracia entre 1944- 1954. Durante esta década, los presidentes Juan José Arévalo y Jacobo Arbenz Guzmán iniciaron reformas democráticas sociales, que incluyeron la adopción de una nueva constitución que dio paso a  reformas progresistas, tanto laborales como de tierras, para disgusto de las élites locales y de los intereses capitalistas extranjeros, como la Compañía United Fruit con sede en EE.UU.

Estas reformas democráticas resultaron desagradables para Washington. Y en partea instancias de la United Fruit Company, que parecía sufrir enormes pérdidas como resultado de ello, en 1954 la CIA planeó y ejecutó un golpe de Estado contra el presidente Arbenz. Lo que siguió fue una sucesión de regímenes militares brutales y un conflicto interno de 36 años que comenzó en 1960 y dejó más de 200 mil guatemaltecos muertos, en su mayoría indígenas y decenas de miles de torturados y desaparecidos.

En la vecina Honduras, Washington jugó un papel decisivo en el surgimiento del escuadrón de la muerte Batallón 316. Una revelación del Baltimore Sun en 1995decía que fue entrenado por la CIA, junto con expertos de contrainsurgencia argentinos. En esa época, la Junta Militar apoyada por Estados Unidos que gobernaba Argentina, estaba metida en una "guerra sucia" contra su propia población, utilizando sus propios escuadrones de la muerte para el asesinato, la tortura y la desaparición de decenas de miles de civiles. El escuadrón de la muerte de Honduras, respaldado por Washington, y con la complicidad en su momento del embajador estadounidense John Negroponte, secuestró, asesinó y torturó estudiantes, sindicalistas, periodistas, profesores universitarios y otros actores del movimiento social que fueron considerados subversivos. ¿Sus crímenes? Organizarse por los derechos laborales, la educación asequible, y pedir libertad para los presos políticos.

Honduras también sirvió como base militar de facto para los Estados Unidos durante la Guerra Fría. Durante el ya mencionado golpe de Estado en Guatemala,Honduras fue campo de entrenamiento para mercenarios apoyados por los Estados Unidos y acusados ​​de derrocar la democracia. Décadas más tarde, en la década de 1980, los mismos instructores argentinos del Batallón 316 entrenaron a los asesinos, traficantes de drogas, paramilitares nicaragüenses conocidos como los Contras, a quienes el presidente estadounidense Ronald Reagan los comparaba con "luchadores por la libertad" y con una "moral igual a la de nuestros padres fundadores". Las contras eran paramilitares cercanos a Washington que fueron creados para aterrorizar a Nicaragua y derrocar al gobierno progresista Sandinista, que derrocó al dictador Anastasio Somoza en 1979 y gobernó después ayudando a la mayoríade la población pobre del país y promoviendo la justicia social. En 1986, la Corte Internacional de Justicia dictaminó que el apoyo de Washington a los Contras, así como otras operaciones militares contra Nicaragua equivalía al "uso ilegal de la fuerza" o el equivalente a terrorismo.

También durante la década de 1980, EE.UU. proporcionó más de $ US4 millones de dólares en ayuda al brutal gobierno derechista y militar de El Salvador. Entre 1979-1992, el país se vio envuelto en una terrible guerra civil, donde el gobierno y los escuadrones de la muerte, dirigidos por militares, aterrorizaron a la población civil y lucharon contra una insurgencia izquierdista encabezada por el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), que intentó devolver la democracia al país.

Más recientemente, los EE.UU. respaldaron el golpe militar en Honduras del 2009 que derrocó al presidente reformador moderado, Manuel Zelaya y lo reemplazó con un régimen de facto, ilustrando así la continuidad en la región de imperialismo norteamericano, desde el presidente Dwight D. Eisenhower a Reagan y al actual presidente de Estados Unidos Barack Obama.

La democracia en la región ha sido continuamente considerada como una amenaza, de tal manera que el asesinato, la tortura, el feminicidio, el genocidio, las desapariciones y otros actos de terrorismo de estado de los despóticos aliados de Washington han sido considerados como aceptables con el fin de anular cualquier tipo de levantamiento democrático o alguna disidencia. El hecho de que Reagan haya visitadoa Ríos Montt y haya dicho que "es un hombre de gran integridad personal" y que se ha comprometido a "promover la justicia social", es un ejemplo del apoyo político que Washington proporciona a los dictadores y criminales de guerra.

Una indicación del éxito de las doctrinas militares de Estados Unidos en América Central es la violencia estructural, la pobreza y la continua impunidad que han relegado a países como Guatemala y Honduras a ser repúblicas bananeras que proporcionan mano de obra barata y recursos naturales al capital transnacional de los Estados Unidos. Guatemala tiene actualmente un presidente, Otto Pérez Molina, que es graduado de la ex Escuela de las Américas y de quien se cree participó en las masacres de indígenas en Guatemala durante el conflicto interno del país, cuando subsecuentemente servía bajo las órdenes del dictador genocida Efraín Ríos Montt. Pérez Molina se enfrenta a una fecha de audiencia potencial y posible juicio político, no por los crímenes de guerra o violaciones de los Derechos Humanos en el pasado, sino por su presunta implicación en una trama de corrupción.

Honduras, se puede argumentar, no ha tenido una elección legítima desde las elecciones de 2009, que se produjo pocos meses después del golpe. La elección se llevó a cabo mientras el país estaba gobernado por un régimen de facto que desató la represión violenta contra la población que se oponía a la usurpación de la democracia. El derechista Porfirio "Pepe" Lobo Sosa fue electo, antes de ser reemplazado por el actual presidente, Juan Orlando Hernández, que ha sido implicado en un escándalo de corrupción donde su Partido Nacional robó millones de dólares del Instituto de Seguridad Social del país para financiar su campaña de elección del 2013. Hernández, que ha estado enfrentando las protestas de los votantes para que renuncie (al igual que su colega Pérez Molina), fue acusado por un observador electoral de la UE después de la votación de que los resultados reales fueron cambiados.

Si estos dos países están en efecto en el precipicio de un "momento revolucionario", como la activista feminista de Guatemala, Sandra Moran, sugirió a teleSUR, esto plantea la pregunta: ¿Cuál será la respuesta de Washington?

Ahora que los Estados Unidos ya no es libre de emplear la barbarie desnuda que ha utilizado y subvencionado en el pasado, la amenaza de las reformas democráticas podría llegar a ser una amenaza aún mayor para las personas que las están promocionando, si la historia sirve de referencia.


teleSUR no se hace responsable de las opiniones emitidas en esta sección
Videos

Comentarios
0
Comentarios
Nota sin comentarios.