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La distancia entre el discurso y el poder se mantiene como en el día cero.

La distancia entre el discurso y el poder se mantiene como en el día cero. | Foto: Reuters

Publicado 11 marzo 2019

Guaidó parece ocupar el espacio que le corresponde ocupar según el diseño que no tiene marcha atrás. Es la superficie del conflicto, la que no determina pero es imprescindible.

El lunes, en una sesión de la Asamblea Nacional (AN), Juan Guaidó llamó a decretar el Estado de Urgencia Nacional debido al apagón eléctrico. Ordenó en consecuencia y entre otras cosas a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb) movilizarse para proteger las instalaciones, y, prohibió la venta de petróleo a Cuba. Sin embargo, se sabía que al finalizar sus palabras, la sesión, y la aprobación del Decreto, ni la Fanb ni la venta de combustible cambiarían su curso.

Se trata de una puesta en escena sin poder. La AN se encuentra en desacato y sus órdenes han sido declarados como nulos por el Tribunal Supremo de Justicia, Guaidó no tiene capacidad para traducir sus palabras en hechos. Encarna el papel de presidente interino, un rol avalado por muchos medios de comunicación y agencias, no sin problemas: el portavoz adjunto del Departamento de Estado norteamericano, Robert Palladino, advirtió a los periodistas que no llamar a Guaidó como presidente interino es caer “en la retórica del actual dictador”. 

Guaidó debe proyectarse como lo que nombra pero no logra ser, para convencer a sus seguidores, mantener su apuesta de que los elementos tomen el giro que necesita, construir el escenario internacional de reconocimiento y honores con la debida formalidad presidencial -como en Colombia, Paraguay y Ecuador-. Esto último también tiene dificultades: Josep Borrell, ministro de Asuntos Exteriores de España, afirmó en una entrevista que “la realidad es la realidad” y que, a pesar de reconocer a Guaidó, trabajan en los hechos con “el gobierno de facto del señor Maduro”.

La distancia entre el discurso y el poder se mantiene como en el día cero. No ha logrado cambiar la relación de fuerzas luego de su regreso a Venezuela el pasado 4 de febrero. Ha realizado una reunión con sindicatos, una movilización, una rueda de prensa, la sesión del lunes, y una jornada de protesta para este martes. La carta con la que amenaza en algunos momentos es el artículo 187 de la Constitución que “autoriza el empleo de misiones militares venezolanas en el exterior o extranjeras en el país”. 

Guaidó parece ocupar el espacio que le corresponde ocupar según el diseño que no tiene marcha atrás. Es la superficie del conflicto, la que no determina pero es imprescindible. Por eso la pregunta principal siempre ha estado en lo que sucede en Estados Unidos, en las decisiones y acciones tanto públicas como no declaradas de quienes están al frente de las operaciones: Mike Pence, Mike Pompeo, John Bolton, Elliot Abrams, y Marco Rubio. Su rol ha quedado en excesiva evidencia desde el inicio de esta etapa. 

Por esa misma razón se puede pensar que decidieron retroceder en la amenaza intervencionista pública. La misma genera unificación del chavismo, de narrativas nacionalistas y antiimperialistas, rechazo continental, en particular con un hombre como Donald Trump al frente de la Casa Blanca. Ese movimiento táctico se tradujo en la acción no declarada ni reconocida de sabotaje al sistema eléctrico, que tuvo un impacto múltiple: un golpe violento sobre la cotidianeidad material y psicológica de la gente, la infraestructura nacional, la matriz internacional de gobierno corrupto y país inviable. 

Todavía el lunes el gobierno no había logrado restablecer, estabilizar y suministrar el servicio al cien por ciento. Desplegó, ante los impactos, operativos de alimentación, camiones cisternas, atención al sistema hospitalario. Insuficiente por la magnitud de los efectos del apagón, imprescindible por la situación. El saboteo cumplió con esos objetivos parciales, agregó dificultades sobre un cuadro complejo, dejó un terreno propicio para intentar desencadenar nuevas acciones.

Ese escenario resulta favorable al cuadro de desgaste que tiene como eje medular las sanciones económicas tomadas desde Estados Unidos. Puede pensarse que tomarán nuevas acciones, tanto públicas como no declaradas, según la evolución de los resultados. La pregunta sin respuesta continúa siendo: ¿hasta dónde están dispuestos a avanzar? Según el portal Bloomberg, “a medida que el enfrentamiento se prolongará, la necesidad de buscar algún tipo de solución militar solo aumentará”. 

La agenda para los próximos días indica que habrá tanto movimientos internos, con las acciones de protesta por parte de la oposición, como internacionales. Sobre ese último punto, en la mañana del lunes el canciller Jorge Arreaza anunció que recibió al equipo de la misión técnica de trabajo de la Oficina de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humano de la Organización de Naciones Unidas, Michelle Bachelet. La misma tiene previsto una visita al país con fecha aún sin determinar. 

El escenario continúa su desarrollo inestable. Puede cambiar día a día, hora a hora. La resolución parece lejana. 


teleSUR no se hace responsable de las opiniones emitidas en esta sección

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