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La fábula petista
Publicado 13 noviembre 2014

Con el tiempo, el Partido de los Trabajadores de Brasil dejó de valorar el trabajo de la hormiga y pasó a entonar el canto de la cigarra. El proyecto de Brasil dio lugar al proyecto del poder.

La carrera presidencial se resumió a un verbo que predominó durante la campaña: deconstruir. En 12 años de gobierno el Partido de los Trabajadores (PT) construyó un Brasil mejor, con índices sociales “nunca antes vistos en la historia de este país”. Sin embargo, como partido tuvo una deconstrucción progresiva.

La historia del PT se resume en la emblemática fábula “La cigarra y la hormiga”, de Esopo, popularizada por La Fontaine. En las décadas de 1980 y 1990, el partido se fortaleció con miembros y militantes que trabajaban como hormigas en la base social, por lo que obtuvo una expresiva afinidad nacional gracias a las Comunidades Eclesiales de Base, al sindicalismo y los movimientos sociales respaldados por los remanentes de la izquierda antidictadura y reconocidos intelectuales.

En todos los rincones del país habían núcleos de base. A la militancia se le inculcó la formación política, los principios ideológicos y objetivos programáticos. El PT destacaba como el partido de la ética, de los pobres y de la opción por el socialismo.

A medida que alcanzaba funciones de poder, el PT dejó de valorar el trabajo de la hormiga y pasó a entonar el canto presuntuoso de la cigarra. El proyecto de Brasil cedió lugar al proyecto de poder. Los cuadros del partido, antes constituídos por los militantes, se “profesionalizaron”. Desaparecieron los núcleos de base y los principios éticos fueron manchados por una minoría de líderes involucrados en negocios sucios.

Ahora la cigarra está asustada. Su canto es desafinado y no resuena con tanta credibilidad. Decreció el número de curules en el Congreso Nacional. La proximidad del invierno es una amenaza.

¿Pero dónde está la hormiga con sus provisiones? En 12 años los éxitos de las políticas sociales y de diplomacia independiente no fueron consolidados por la propuesta originaria del PT: “Organizar a la clase trabajadora” y a los excluidos.

Los avances socioeconómicos coincidieron con el retroceso político. En 12 años de gobierno el PT despolitizó la nación. Prefirió asegurar la gobernabilidad mediante alianzas partidarias, muchas de ellas espurias, en lugar de estrechar lazos con su pilar de origen, los movimientos sociales.

Esperemos que Dilma cumpla su promesa de campaña de avanzar en ese sentido, sobre todo en lo que respecta al diálogo permanente con la juventud, los sin tierra y los sin techo, los pueblos indígenas y las comunidades quilombolas.

Hasta ahora el PT robusteció el mercado financiero y dió pasos tímidos para la reforma agraria. Agradó a los contratistas e hizo poco por los afectados por las represas. Respaldó el agronegocio y aprobó un Código Forestal aplaudido por quienes deforestan y agreden al medio ambiente.

Es injusto e ingenuo culpar al desempeño de Dilma por la apretada y sufrida victoria del PT en las elecciones de 2014.

Si el PT pretende refundarse, tendrá que abandonar la postura altiva de cigarra y volver a pisar el suelo duro del pueblo brasileño, ese inmenso hormiguero que, hoy tiene mas acceso a bienes materiales, como vehículos y teléfonos celulares, pero no tanto a bienes espirituales: conciencia crítica, organización política y compromiso con la conquista de “otro mundo posible”.

Tomado de diario Folha de Sao Paulo


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