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La Administración Obama tiene la llave de la Justicia en Ayotzinapa

| Foto: Archivo

Publicado 20 enero 2015

El pueblo de los EE.UU. no puede mantenerse al margen y mantener los brazos cruzados mientras la corrupción endémica al Sur de la frontera lleva al sufrimiento generalizado y pérdida de vidas.

 

La semana pasada, el Presidente Obama se reunió con el Presidente de México, Enrique Peña Nieto, con el objetivo declarado de reforzar la asociación estratégica entre México y Estados Unidos. Mientras que los presidentes se refirieron a cuestiones que van desde la inmigración a la inversión, no se hicieron grandes compromisos - lo más importante, no se tuvo una discusión seria sobre la crisis de seguridad en curso en México, que representa la mayor amenaza para esta coalición.

El tráfico ilegal de seres humanos, drogas y armas que alimentan la violencia sin sentido al sur de la frontera, plantean amenazas incalculables para nuestras naciones. El Presidente Peña Nieto no mencionó a los estudiantes desaparecidos en Iguala, mientras que el presidente Obama mencionó brevemente el apoyo a México en su lucha contra los cárteles de la droga. Ninguna discusión puede ayudarnos a avanzar en nuestros objetivos comunes como vecinos si el deterioro de la seguridad y el Estado de Derecho en México no son el centro del debate.

Más de tres meses han pasado desde el asesinato de 3, y la desaparición de 43 estudiantes de la Universidad de Ayotzinapa  de maestros rurales a manos de la Policía Municipal de Iguala, en el Estado de Guerrero, por órdenes del alcalde y su esposa. La versión oficial de los hechos sostiene que los estudiantes fueron entregados a la banda criminal Guerreros Unidos, y luego fueron asesinados, y llevados a un vertedero municipal en el municipio de Cocula, donde sus cuerpos fueron quemados en una pira por más de 10 horas. Los huesos y las cenizas restantes fueron puestos en bolsas de plástico y arrojados a un río. En diciembre, uno de estos huesos se demostró pertenecer a Alexander Mora. El paradero de sus 42 compañeros de clase sigue siendo desconocido.

Por desgracia, esto no es un caso aislado, sino simplemente una manifestación de una realidad espantosa que prevalece en México: las alianzas entre los señores de la droga y los funcionarios electos no son infrecuentes, lo que ha llevado a un deterioro rápido del Estado de Derecho en regiones enteras del país. Muchos Mexicanos han huido de las comunidades devastadas por la violencia. No es casualidad que Guerrero expulsa más Mexicanos a los EE.UU que otros estados. La inseguridad que se vive en México obliga a la gente a salir de sus ciudades y pueblos, y afecta la afluencia, a largo plazo de los inmigrantes indocumentados que llegan a Estados Unidos. Un México más seguro beneficiaría a ambos países.

Los EE.UU tiene el poder para ayudar a romper este círculo vicioso. La mayoría de las armas utilizadas por los cárteles de la droga son compradas en los Estados Unidos. Instituciones en el lado Estadounidense de la frontera a menudo trabajan como plataformas para las operaciones financieras de los cárteles de la droga. Los EE.UU es el mayor mercado de drogas en el mundo y  el consumo de drogas no da ninguna señal de disminuir. Los beneficios inmensos que las políticas de nuestra fallida Guerra Contra las Drogas ayudan a generar para los criminales que operan aquí y al sur de la frontera, alimenta la carnicería que está aterrorizando a México.

Es alucinante que los medios de comunicación en los EE.UU se hayan mantenido en silencio

De acuerdo con el Departamento de Estado, cada cuatro días un ciudadano Estadounidense es asesinado en México como resultado de la violencia actual. Es alucinante que los medios de comunicación en los EE.UU se hayan mantenido en silencio sobre este asunto y que el Gobierno de Estados Unidos sólo se ha comprometido a fortalecer el apoyo que ya ofrece a sus contrapartes Mexicanas. La inseguridad reinante en México afecta la inversión Estadounidense y las ejecuciones extrajudiciales obstaculizan toda perspectiva de competitividad de la economía Mexicana. Ninguna cantidad de reformas económicas y refuerzos de nuestra alianza comercial tendrán un impacto significativo si las bases de un Estado estable y respetuoso de la ley no son primeramente fortalecidas.

La iniciativa Mérida representa la piedra angular de apoyo del Gobierno de Estados Unidos al Gobierno de México en la lucha contra la delincuencia organizada. Bajo sus auspicios, el ejército Mexicano ha estado recibiendo ayuda en forma de armas y aviones. En junio pasado, los Mexicanos se sorprendieron al enterarse de la muerte de 22 civiles en un enfrentamiento con soldados. Con el tiempo, los testimonios de los sobrevivientes que hablaban de una ejecución extrajudicial descubrieron la verdad. Una reciente investigación apoyada por el Programa de Periodismo de Investigación de la Universidad de California en Berkeley sugiere complicidad de los militares Mexicanos en la desaparición de los 43 estudiantes en la noche del 26 de septiembre. La iniciativa Mérida no sólo es contraproducente, sino que está contribuyendo directamente al asesinato de activistas civiles y estudiantes a manos de soldados Mexicanos.

Fue sólo recientemente que, a la luz de los ataques reprobables contra Charlie Hebdo, la revista satírica Francesa, que el Presidente Obama declaró: "Una y otra vez, los Franceses han defendido los valores universales que generaciones de nuestro pueblos han defendido". El  Presidente Obama haría bien en defender esos mismos valores que están bajo ataque en México, donde los periodistas y los ciudadanos son rutinariamente el blanco, tanto del Gobierno como del crimen organizado.

El pueblo de los EE.UU. no puede mantenerse al margen y mantener los brazos cruzados mientras la corrupción endémica al sur de la frontera lleva al sufrimiento generalizado y pérdida de vidas. Si la administración Obama es seria sobre el fortalecimiento de los lazos económicos, de seguridad y sociales de los Estados Unidos con México, entonces tiene que actuar en consecuencia. Esto comienza con el reconocimiento de que ambos países comparten la responsabilidad en la crisis actual de la seguridad en México y que un diálogo franco y abierto acerca de las maneras en que pueden colaborar para poner fin a esta violencia, es necesario. Las fosas comunes seguirán multiplicándose, siempre y cuando no se aborden las causas fundamentales de la corrupción. La violencia de pandillas, relacionada con las drogas en los Estados Unidos y en México, no dejará de desgarrar comunidades hasta que haya una reformulación fundamental de la Guerra Contra las Drogas.


**Tonatiuh Liévano, Michael C. Rockefeller compañero de la Universidad de Harvard.
**Miguel Guevara, Escuela Kennedy de la Universidad de Harvard.


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