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¿Ha encontrado Italia su Nelson Mandela?
Publicado 1 octubre 2014



Sería demasiado fácil señalar la hipocresía de los neoliberales, como Renzi, que denuncian las desigualdades entre trabajadores fijos y precarios, al mismo tiempo que atacan la política de flexibilidad laboral que aumentan los números de los trabajadores precarios que dicen defender.

El primer ministro de Italia, Matteo Renzi, ha declarado la guerra contra el "apartheid”. No, la declaración de Renzi no es señal de una nueva, menos acrítica, actitud hacia el tratamiento de los palestinos por parte de Israel.

El apartheid que hace hervir la sangre de Renzi es el hecho de que los trabajadores permanentes en Italia tienen más protección contra los despidos que los trabajadores con contratos temporales.

Así que en línea con su reputación de "modernizador" capaz de alinear la socialdemocracia con los axiomas de la ideología neoliberal, está planeando hacer más eficiente el sistema de relaciones laborales italianas, no proporcionando más protección para todos los trabajadores, sino convirtiendo a todos en trabajadores precarios a través de un "desmantelamiento [de un] régimen jurídico de los despidos" que, según un reciente artículo del Financial Times, "es despreciado por los negocios".

Teniendo en cuenta todo esto, no debería ser una sorpresa que, en sus nobles esfuerzos, Renzi puede contar con el respaldo de tan incondicional partidario de los derechos humanos como el Fondo Monetario Internacional

Pero basta de ocurrencias. El hecho de que una figura grotesca como Matteo Renzi sea realmente visto como la estrella resplandeciente de la socialdemocracia europea habla de la bancarrota intelectual y política de una corriente que ayudó a construir el modelo social europeo de la posguerra con sus protecciones para los trabajadores y su entendimiento de que, dada la volatilidad de las economías capitalistas, era necesario un estado de bienestar sustancial.

En otras palabras, si Renzi es ampliamente conocido, es porque, como Tony Blair a quien se compara a menudo, está ayudando a enlistar en sus filas a la socialdemocracia europea para el proyecto político que trae entre manos , desde hace tres décadas devotamente se ha dedicado al sistemático desmantelamiento de los logros históricos de la democracia social. Y mientras los esfuerzos de Renzi en esa dirección son vistos como una señal de "renovación" en realidad no son nada por el estilo.

Las "ideas” a las que Renzi apuesta, como tales, son viejas y poco originales - es sólo la terminología que se actualiza un poco. Ya en la década de 1940 Friedrich von Hayek anunciaba que cualquier intento –en las ideas socialdemócratas tradicionales - de moderar las ásperas políticas del capitalismo estaba exponiendo a la humanidad ‘al camino de la servidumbre’. Renzi es demasiado moderno para usar esta terminología anticuada, utiliza un término todavía más incendiario, "apartheid", para denunciar las protecciones históricamente conquistadas por el movimiento obrero.

Sería demasiado fácil señalar la hipocresía de los neoliberales, como Renzi, que denuncian las desigualdades entre trabajadores fijos y precarios, al mismo tiempo que atacan la política de flexibilidad laboral que aumentan los números de los trabajadores precarios que dicen defender. Pero vale la pena señalar que este tipo de payasadas no son exclusivas de Renzi. Son más bien un movimiento ideológico estándar utilizado por los políticos, en toda Europa y el mundo, comprometidos con el proyecto de convertir la actual crisis del modelo económico neoliberal en una oportunidad para afianzar aún más ese modelo.

Para lograr aquello, y para servir a los intereses de las élites capitalistas que los apoyan, cultivan una política de división y resentimiento. Mientras acusan a los izquierdistas "pasados de moda" que todavía hablan de las desigualdades entre las diminutas élites capitalistas en la parte superior y el resto de la sociedad en la parte inferior de vivir envueltos en una "política de envidia", ellos continúan con su agenda de enfrentar a diferentes segmentos de trabajadores, unos contra otros. Trabajadores permanentes con algunas protecciones contra despidos son vistos como los beneficiarios de un sistema de "apartheid" que victimiza a los trabajadores precarios.

Trabajadores del sector público son vilipendiados como privilegiados y perezosos, acusados de vivir del trabajo honesto de los trabajadores del sector privado. Los trabajadores inmigrantes, las minorías raciales y las mujeres son los culpables de la desocupación de los desplazados por las decisiones empresariales y las políticas neoliberales. Y los pobres, por supuesto, son la razón por la cual la gente común tiene problemas para ganarse la vida, ya que sus beneficios "fastuosos" sólo pueden ser financiados a través de impuestos "exorbitantes" pagados por todos los demás.

Regresando a la pregunta que dio a este artículo su título: No, Italia no ha encontrado su Nelson Mandela. Perseguir objetivos políticos mediante el uso retórico de analogías inapropiadas no es nunca una buena idea. Pero si Matteo Renzi tiene el descaro de compararse el mismo con Nelson Mandela, está jugando con fuego ya que sus tácticas son más análogas a las de Adolf Hitler. Después de todo, fue Hitler, no Mandela, quien respondió a una gran crisis capitalista mediante la búsqueda de chivos expiatorios y enfrentando a los trabajadores y ciudadanos de a pie unos contra otros.

Y aunque la analogía entre Renzi y Hitler es ciertamente tan hiperbólica como el uso de Renzi del término "apartheid”, no está por demás reflexionar sobre el hecho de que uno de los aliados que Renzi ha enlistado en su intento de impulsar su agenda política no es otro que Sylvio Berlusconi, el ex primer ministro italiano y defensor notorio del legado de Benito Mussolini.


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