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¿Es la Socialdemocracia aún posible - o admisible - en Europa hoy?

| Foto: Archivo

Publicado 19 enero 2015
Grecia y España se encuentran en una depresión de seis años.

El estado de bienestar inicial surgió en circunstancias diametralmente opuestas a las de la zona euro de hoy. Para transformar realmente Europa, será necesaria una acción más radical.

En su último artículo sobre el incremento de Syriza y Podemos, Paul Mason escribe que "algo grande y real está sucediendo en la política europea". El editor económico del Canal 4 está convencido de que en Grecia y en España "una nueva forma de Socialdemocracia está naciendo. "Aunque estoy de acuerdo con Mason que los programas económicos de los dos partidos de izquierda reflejan un keynesianismo moderado, no comparto su optimismo por el resurgimiento de la Socialdemocracia en la eurozona - incluso en una nueva forma.

El ascenso estelar de Alexis Tsipras en Grecia y Pablo Iglesias en España es, sin duda, un avance positivo. Si el miedo de las denuncias de la derecha son para tomarlas en cuenta, "algo grande y real" debe efectivamente estar en marcha. A diferencia de la mayoría de las democracias liberales, los votantes en Grecia y España tienen la opción real: entre continuar el status quo de la austeridad de vida y elegir a un variado grupo de académicos y activistas de izquierda que tengan la intención de poner un fin definitivo a la misma.

Pero a pesar del encanto de la esperanza, es fundamental tener en cuenta que una victoria electoral marginal para la izquierda no maquilla un estado de bienestar. La economía política no se trata sólo de los líderes individuales y las ideas políticas que se votaron en las urnas, sino también acerca de la dinámica estructural a menudo invisible, y las relaciones de poder que las subyacen (y a menudo socavan). Mientras que los líderes carismáticos e ideas keynesianas están ciertamente escenificando su reaparición, no significa necesariamente que estos líderes y las ideas tengan la fuerza necesaria para revertir las relaciones estructurales de poder en el seno del proyecto neoliberal de la UE.
Ya hay algunas señales de que la "nueva forma de democracia social" dentro de la eurozona de Syriza y de Podemos "puede nacer muerto. Las primeras capitulaciones sobre la cancelación de la deuda y la nacionalización de los bancos son un ejemplo de ello. Ambas partes llamaron inicialmente a una suspensión unilateral de los pagos, seguidos de una auditoría de la deuda, así como el control público sobre el sector bancario y otras industrias clave, sólo para abandonar estas propuestas en favor de una "renegociación" más moderada de la deuda y la reivindicación de participaciones parciales en los bancos rescatados. Es evidente que el capital ejerce su poder estructural incluso sobre los partidos radicales de la oposición.

Paul Mason, por supuesto, está plenamente consciente de ello. En un artículo anterior, en el que brillantemente expuso los retos fiscales y financieros que un gobierno de Syriza enfrentaría al asumir el cargo. Y aquí de nuevo plantea la pregunta correcta: "Un estado de bienestar keynesiano, comprometido con la propiedad pública y el crecimiento, ¿es posible, o permisible dentro de la Unión Europea?" Las respuestas obvias parecen escapársele a Mason - y muchos otros como él. Aunque los esfuerzos de los izquierdistas para poner a prueba la viabilidad de la "reforma imposible" dentro de la eurozona son loables, no obstante, siguen siendo poco realistas.

Las razones de esto son claras. El Estado de bienestar keynesiano inicial surgió bajo un conjunto muy particular de circunstancias que son, en todo sentido, diametralmente opuestas a aquellas en los que Grecia y España se encuentran en la actualidad. La Socialdemocracia necesita un poderoso movimiento obrero organizado, la amenaza de un Socialismo Realmente Existente, la destrucción generalizada del capital en la Gran Depresión y dos sucesivas Guerras Mundiales. Prosperó brevemente dentro de un régimen financiero global que estrictamente limitaba la movilidad internacional del capital y que estabilizaba las relaciones monetarias y comerciales internacionales a través de un patrón dólar-oro de tipos de cambios fijos pero ajustables.

Combinado con su amplio marco normativo, el éxito del Estado de bienestar inicial giraba en torno a la "represión financiera", o la aniquilación de las deudas públicas a través de las tasas de interés sistemáticamente deprimidas. Al mantener cautivo las finanzas dentro de las fronteras nacionales, los gobiernos lograron neutralizar la amenaza de salida de capital. Esto no sólo reduce las opciones de préstamos abiertos a los financistas privados, permitiendo a los gobiernos pedir prestado a tasas de interés reales negativas para gran parte del período 1945-'70; sino que también cambió la relación de poder estructural en favor del Estado, lo que le permite dar un primer paso tímido hacia la "eutanasia del rentista" propugnado por Keynes. No es casualidad que el estado de bienestar se rompió en la década de 1980 bajo la creciente presión de la creciente movilidad del capital.
La realidad de hoy no podría haber sido más diferente a la edad de oro del capitalismo. Grecia y España se encuentran ahora en una depresión de seis años, atrapados dentro de una camisa de fuerza fiscal y monetaria rígida, de una unión monetaria que efectivamente funciona como el estándar de oro de 1930, imponiendo automáticamente austeridad al impedir el default, la devaluación del tipo de cambio o la flexibilización monetaria. El sistema financiero ha sido desde hace mucho tiempo liberalizado completamente. Los controles de capital y déficit de financiación están prohibidos. Industrias productivas, sindicatos y movimientos obreros militantes han desaparecido. En marcado contraste con las décadas de 1950 y 1960, el rentista nuevamente es el supremo gobernador.

La única forma en que los planes keynesianos moderados actualmente propuestos por Syriza y Podemos podrían ser medianamente exitosos dentro de la zona euro sería que los líderes europeos (por ejemplo, Alemania) vean de repente la luz y reconozcan las demandas sensibles procedentes de Atenas y Madrid. Sin la aprobación alemana, los dos nunca tendrán sus deudas canceladas, nunca se les permitirá ejecutar políticas fiscales expansivas, y sin duda no podrán contar con la transformación del BCE en un instrumento keynesiano del déficit de financiación. Por tanto, la bola permanece en la cancha alemana.

Si Merkel y Schäuble rechazan las demandas de la izquierda radical en Grecia y España, que con toda seguridad sucederá, la única opción que queda para Tsipras e Iglesias sería bien, seguir las medidas de austeridad que se propusieron para derrocar, o en su defecto, de forma unilateral, salir de la zona euro y marchar solos. Las líneas de batalla ya están trazadas y ahora se está convirtiendo claramente que estos serán los términos en los que hay que librar la batalla. En previsión de las elecciones griegas del 25 de enero, los funcionarios alemanes han estado informando en silencio a la prensa que Merkel ya no se opone a una salida de Grecia de la zona euro, ya que se han realizado todas las disposiciones necesarias para evitar el contagio.

En una entrevista publicada la semana pasada, Michael Fuchs, un alto miembro del Partido Demócrata Cristiano del gobierno de Merkel, fue aún más lejos, amenazó con retirar el crédito y obligar que Grecia salga de la zona euro en conjunto: "Si Alexis Tsipras del partido de izquierda griego Syriza, cree que puede reducir los esfuerzos de reforma y las medidas de austeridad,  la troika tendrá que recortar los créditos para Grecia. Los tiempos en los que tuvimos que rescatar a Grecia han terminado. No hay posibilidad de chantaje político. Grecia ya no es de importancia sistémica para el euro".

Estas palabras deben proporcionar una respuesta inequívoca a la pregunta importante de Paul Mason: ¿Es la Social Democracia aún posible - o permisible - en la Europa de hoy? Claramente no lo es. Para transformar realmente Europa, será necesaria una acción más radical. Si bien es comprensible que Tsipras e Iglesias han optado por seguir un tono conciliador en el período previo a las elecciones generales, tendrán que mantenerse firmes en sus negociaciones con los acreedores europeos y no deben tener miedo de seguir un default-cum unilateral como salida si no se cumplen sus demandas. Los elementos más radicales dentro de ambos partidos han favorecido durante mucho tiempo un enfoque de ese tipo de confrontación. Ellos podrían ver estas preferencias hacerse realidad.

En cualquier caso, debería ser evidente que el gobierno alemán actual nunca tolerará políticas keynesianas sensibles dentro de su esfera de influencia, que ahora se extiende por prácticamente todo el continente. Las posibilidades de que dos pequeños e inexpertos partidos de izquierda de dos estados periféricos completamente debilitados tengan éxito en la transformación de la unión monetaria de 19 miembros son prácticamente nulas. El euro se ha convertido en una traba para millones - tal y como fue diseñado. Se necesita con urgencia dar paso a monedas alternativas capaces de apoyar un proyecto social y político verdaderamente transformador.

**Jerome Roos es investigador doctorado en Ciencias Políticas y Sociales en el Instituto Universitario Europeo y editor fundador de la revista ROAR. Síguelo en TwitterJeromeRoos.


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