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Protesta de Solidaridad en la Corte Federal de Tucson, EE.UU., Noviembre del 2017

Protesta de Solidaridad en la Corte Federal de Tucson, EE.UU., Noviembre del 2017 | Foto: Steve Pavey

Publicado 12 noviembre 2018
Hay miles de “indocumentados” que, a diario, son arrestados en EE.UU. y enviados a Centros de Detención para Inmigrantes e incluso a cárceles federales por el solo delito de ingresar al país sin autorización.

La respuesta del presidente Donald Trump a la Caravana de Migrantes que partió desde Honduras, el 13 de octubre pasado, hacia Estados Unidos indigna la conciencia humana. Dijo que esas personas “son delincuentes”, que “no les quieren en su país”, y que si ellos resisten con piedras, al intentar ingresar a EE.UU., “se les podrá disparar”. Al mismo tiempo, decidió enviar a miles de militares a reforzar su frontera sur.

Al 8 de noviembre, de acuerdo al diario El Nuevo Herald, habían 5.600 soldados desplegados en la frontera. De ellos, 2.800 están en Texas, 1.500 en Arizona y 1.300 en California. Esa cifra incluso podría llegar a 15 mil según ha informado la prensa.

No podemos olvidar que, en enero de 2018, el diario The Washington Post, informó que el presidente estadounidense, Donald Trump, llamó de “agujeros de mierda” a El Salvador, Haití y varios países africanos, señalando que prefería recibir en su país más inmigrantes de Noruega en lugar de los de esas naciones pobres. Tampoco quiere hondureños.

Sin duda, no es de extrañar esta xenofobia “clasista” que tiene el presidente de los EE.UU., criado bajo el dominio de la supremacía blanca, y su discurso duro que hoy, más que nunca, criminaliza y persigue a los inmigrantes, no sólo con descalificativos y amenazas sino en hechos reales.

En Estados Unidos viven, como dato, según publica la ONU, al 2017, 49.776.970 de inmigrantes, lo que supone un 15,27 por ciento de la población total de EE.UU. La gran mayoría de su población migrante, proviene de México, China, India, Filipinas y Vietnam.

De acuerdo a BBC Mundo, también hay 11 millones de “inmigrantes sin documentos”.

Adrián Bernal, señala que “Los refugiados aquí en EE.UU., los inmigrantes, algunos viven con un gran temor porque tienen miedo de que los vayan a deportar, los vayan a pescar, y devolver a su país donde pueden enfrentar tortura y muerte. Otros no les importa lo que les vaya a pasar, que van a seguir sus vidas como normal y van a confiar en Dios. Así han vivido los inmigrantes la política de criminalización de Trump”.

Hay miles de “indocumentados” que, a diario, son arrestados en EE.UU. y enviados a Centros de Detención para Inmigrantes e incluso a cárceles federales por el solo delito de ingresar al país sin autorización. Pasan meses y años en prisión antes que se resuelva su situación legal. Muchos son deportados finalmente.

No podemos olvidar tampoco, y el mundo pudo ver con sus mismos ojos, a mitad de este año, las imágenes dolorosas de niños llorando, y en verdaderas jaulas, y que fueron separados de sus padres al ser detenidos al cruzar la frontera. Se estima que fueron 2.300 niños que vivieron esa dolorosa experiencia humana bajo la política de “Tolerancia Cero”. Pero no sólo eso, incluso niñas y niños han sido torturados.

La directora de ACLU, del Centro de Derechos Fronterizos, Astrid Domínguez, en una entrevista a Democracy Now, denunció que a menores de edad, que están bajo la custodia de la Agencia de Aduanas y Protección Fronteriza, se los estaba sometiendo a tortura.

“Estas historias son de verdad devastadoras. Son horribles. Van desde el abuso psicológico contra los niños que se les llaman “perros” que se les dicen que los van a violar y dejar ahí para que se mueran, abusos sexuales, tocamientos inapropiados y uso de fuerza contra menores con pistolas eléctricas que no se debe usar contra un menor”, dijo Domínguez.

Pero no sólo detienen, encarcelan, deportan, separan familias, torturan, sino que también su Patrulla Fronteriza comete asesinatos.

De acuerdo al periódico inglés The Guardian, desde el 2003, a la fecha, han sido asesinadas 97 personas por agentes de la Patrulla Fronteriza.

Así pasó, el 23 de mayo de 2018, a Claudia Patricia Gómez González, una joven de 19 años, de origen Maya Mam, de Guatemala, quien fue asesinada de un disparo, en la cabeza, por un agente de la Patrulla Fronteriza en Laredo, Texas, EE.UU.

Años antes, el 10 de octubre de 2012, fue asesinado José Antonio Elena Rodríguez, un menor de 16 años, a quien un policía de la Patrulla Fronteriza lo asesinó, disparándole desde EE.UU. hacia México y matándolo, por la espalda, con 10 impactos de balas.

Mientras muchos medios recuerdan cada año, como efeméride, la caída del Muro de Berlín nada dicen del muro fronterizo que EE.UU. está levantando desde los años 90 en la frontera con México y que lleva más de 1.200 kilómetros construido.

TeleSUR informó, años atrás, que “Desde el comienzo de su construcción en 1994 han ocurrido más de 10.000 muertes a causa del Muro Fronterizo, otro pernicioso símbolo de la segregación humana”.

Por lo anterior, durante los días 16 al 18 de noviembre se tiene previsto realizar tres días de acciones de protesta y solidaridad en la frontera de EE.UU y México, en ambos Nogales, con el fin de denunciar las causas de fondo que originan que muchos seres humanos se vean forzados a tener que abandonar sus países de origen para salvar sus vidas.

Devora González, una de las organizadoras de las protestas, de SOA Watch*, señala que “Las políticas de intervención de EE.UU. son las causas raíces por las cuales las personas están huyendo. Ahora se está viendo claramente lo que está pasando en Honduras por una dictadura que fue validada por los EE.UU. El resultado es lo que está pasando ahorita y lo conectamos con el encuentro fronterizo porque es el imperialismo de frontera que está causando y creando las condiciones por las cuales las personas están huyendo”.

Rebeca Zúñiga, quien este año va a participar de estas protestas, dice que “es importante promover la solidaridad internacional entre los pueblos; sobre todo de los pueblos que están sufriendo las consecuencias de las políticas intervencionistas  de los EE.UU. y de la militarización de todos nuestros países a causa de esas políticas”.

Mientras muchos medios hablan del problema de los migrantes poco o nada se dice de la responsabilidad que tiene EE.UU. que sigue exportando tragedias a nuestros pueblos con sus políticas militares, económicas, y de asistencia en seguridad, que sólo causan muertos, detenidos, y pobreza por todo nuestro continente, incluyendo al mismo pueblo de los EE.UU. donde la radiografía de la maldad sigue intacta.


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