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En la guerra psicológica de esos días, no faltaron los fake news, vídeos de movilización de tanquetas y una foto de la caravana de vehículos de la USAID en Cúcuta.

En la guerra psicológica de esos días, no faltaron los fake news, vídeos de movilización de tanquetas y una foto de la caravana de vehículos de la USAID en Cúcuta. | Foto: @madeleintlSUR

Publicado 9 febrero 2019

La operación psicológica estaba en pleno desarrollo y parecía ganar terreno. John Bolton había anunciado el envío de la ayuda humanitaria que suponía un desenlace, tipo Libia o Siria, como los que siempre se alertaron que podía ocurrir en Venezuela.

Latía con mucha fuerza el corazón ese fin de semana del 2 y 3 de febrero, la patria estaba más amenazada que nunca.

No era para menos, la operación psicológica estaba en pleno desarrollo y parecía ganar terreno. John Bolton había anunciado el envío de la ayuda humanitaria que suponía un desenlace, tipo Libia o Siria, como los que siempre se alertaron que podía ocurrir en Venezuela.

Seguido, como si se tratara de una orquesta y con tan solo breves intervalos de tiempo, el presidente de Colombia, Iván Duque, amenazó que le quedaban pocas horas a Nicolás Maduro, un ultimátum que acompañó el autoproclamado Juan Guaidó cuando en la marcha dijo a la masa opositora, sedienta de un trágico final, "me preguntan en el mundo si no le temo a una guerra civil - se escuchó a la multitud gritar - noooo, allí está la respuesta".

Esos gritos irresponsables de guerra estaban encadenados a mensajes de voz que corrían como pólvora por las redes sociales, describiendo por dónde entraría la fuerza multilateral integrada por varios países entre ellos, Brasil, Colombia, detrás Estados Unidos y en la primera línea de ataque, los militares venezolanos desertores, que harían frente a sus compatriotas si estos se oponían, según las tendencias de Twitter era inminente la caída del "dictador" Nicolás Maduro.

Por supuesto, no faltaron los fake news, vídeos de movilización de tanquetas por la Guajira colombiana y una foto de la caravana de vehículos de la USAID en Cúcuta, la misma que siempre sacan de la propia página web del organismo y que corresponde a Siria.

Con todo ese bombardeo en la cabeza, nos fuimos a la frontera con Colombia.

Por mi mente pasaron miles de preguntas, cómo cubriría la guerra, dónde me iba a esconder para tomar las imágenes, cómo sería ese momento. Pensé, al menos mi camarógrafo y yo llevábamos chalecos antibalas y aunque la etiqueta dice que son los más seguros del mundo, por supuesto no aguantan un bombardeo, el casco dice prensa, quizás me salve pero al ver que soy Telesur no se cuál sería el destino, el enemigo viene de Colombia. Por supuesto no podía faltar la máscara antigas, aunque sabía que, con tanques y pelotones con fusiles, una bombita lacrimógena era lo menos que se iba lanzar.

Sí, todo eso pasó por mi mente mientras viajaba en un avión comercial que, ante una amenaza, son los vuelos privados los primeros en ser suspendidos e inmediatamente cierran el espacio aéreo. Hasta ese punto la irracionalidad.

Así llegamos al pueblo de la Fría en Táchira que queda en vehículo a menos de una hora de Colombia y a 20 minutos de una trocha. Me detuve nuevamente a pensar, ¿entrarán por los caminos verdes o por el puente?.

A lo lejos escuché, un dos tres, un dos tres, tres dos un, era la marcha cívico militar de la 25 brigada infantería mecanizada del Ejército liderada por el Mayor General Manuel Bernal comandante de la REDI Los Andes, quien estaba con su tropa, el alcalde del municipio García de Hevia, Williston Vivas y las UBCH, fuerzas amigas, venezolanos, respiré.

Llegamos a la entrada de la comandancia: Allí la gente se abrazaba,  tomándose una selfie, ¡epa! pero estamos en guerra ¿no?.

"Hicimos está marcha por la paz, nos preparamos para defenderla, estamos con las botas puestas pero confiando que sea el diálogo el primer frente de batalla", sentenció el Mayor General Bernal.

Nos movimos al puente que une a Colombia con Venezuela por Puerto Santander.

Allí el ambiente era aún más de normalidad. La música llanera venezolana daba la bienvenida a los que entran y salen de un país al otro.

El vaivén de la gente con sus bolsas de compra y un mensaje claro "no podemos pelear entre hermanos, la una única opción es la paz, el respeto y nada de ultimátum a nadie", dijo un hombre anciano, con el paso lento y curtido de la experiencia de 6 décadas de guerra en su país, Colombia.

De la Fría nos fuimos a San Antonio, el otro extremo de la frontera que colinda con Cúcuta, “la ciudad que saldrá más beneficiada de la guerra porque por allí pasará la reconstrucción de Venezuela”, como dijo el Embajador de Colombia en Estados Unidos, Francisco Santos.

Habían transcurrido cinco horas desde que salimos de Caracas y no había podido dar señales de vida, no teníamos cobertura, así que al salir de la Fría comenzaron a llegar decenas de mensajes buscándome por todos lados, creían que había sido la primera prisionera de guerra.

Mi mamá ya no sabía a qué santo rezar: “Mija ¿dónde estás? Recuerda que ya sé utilizar el Twitter y no te veo ni por allí". Angustia total, era la guerra psicológica haciendo sus estragos.

El Puente Simón Bolívar no estaba diferente al otro, el río de gente pasando de Colombia a Venezuela y viceversa. Llegué hasta La Parada "café café, cigarros, a 10 mil pesos, la llevo", nada cercano a una confrontación, normalidad.

Al día siguiente, 3 de febrero fuimos a un pueblito en el corazón del Táchira, donde viven familias desplazadas de la guerra colombiana que consiguieron refugio en Venezuela como millones de sus compatriotas: "ustedes no saben lo que es una guerra, hermanos contra hermanos matándose y muy irresponsablemente la invocan, nosotros somos víctimas de un conflicto interno y no queremos perder la paz que Venezuela tiene para dar, reflexionen".

El fin de semana concluyó con una foto que llegó a mi Whatsapp, un grupo que no pasaba de 15 hombres y mujeres que se habían ido al Puente Simón Bolívar a la media noche a defenderlo de la invasión yanqui, estaban quijoteando, una foto que quedará en el recuerdo de esa tragedia virtual que sucedería ese fin de semana.

 


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