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Convergiendo en conversión

| Foto: Reuters

Publicado 6 marzo 2015

Las perspectivas para sociedades humanas organizadas, amenazadas tanto por el cambio climático  y nuclear, fuera de control, son tenues.

 

A principios de este año, El Boletín de los Científicos Atómicos movió las manecillas de su famoso 'Doomsday Clock,  "dos minutos adelante” – a tres minutos para la medianoche. El panel del Boletín explicó que los líderes internacionales estaban dejando de cumplir con su deber más importante "garantizar y preservar la salud y la vitalidad de la civilización humana". Había dos peligros principales: "El cambio climático sin control", por un lado, y " la modernización mundial y los descomunales arsenales de armas nucleares", por el otro.

Mientras que la vida en la Tierra es resistente, no es del todo claro que la humanidad tenga futuro. Las perspectivas para sociedades humanas organizadas, amenazadas tanto por el cambio climático y nuclear, fuera de control, son tenues.

Incluso una "pequeña" guerra nuclear que involucre 100 o menos ojivas, escala Hiroshima, podría lanzar más de seis millones de toneladas métricas de "partículas de aerosoles de carbono negro" (hollín) a la atmósfera, lo que reduciría las precipitaciones y las temperaturas en todo el mundo durante una década. El posible impacto en la agricultura mundial se ha evaluado en varios estudios.  La Asociación Internacional de Médicos para la Prevención de la Guerra Nuclear y Médicos por la Responsabilidad Social resumió sus resultados en 2013: "Además de los mil millones de personas en el mundo en desarrollo que se enfrentarían a una posible hambruna, 1,3 millones de personas en China podrían enfrentar la inseguridad alimentaria grave"

Hay más de 10.000 ojivas nucleares en el mundo.

El Investigador de la Paz, Seymour Melman de la Universidad de Columbia, Nueva York observó que los Estados Unidos tenían una Agencia de Control de Armas y Desarme en Washington que no incluía "una sola persona para pensar en los problemas de como formular, negociar, o implementar una inversión de la carrera armamentista". (El sucesor del ACDA, la Oficina de Control de Armas, Verificación y Cumplimiento, no parece muy interesada en la reversión de la carrera de armamentos tampoco.)

Melman añadió:
"De hecho, la idea de invertir la carrera de las armas como una forma de mejorar la seguridad está prácticamente eliminada de la discusión pública. La prensa no habla de ello. Los periódicos de opinión no hablan de ello. Las universidades no hablan de eso. Y lo peor de todo, en mi opinión, las organizaciones de paz no hablan de ello. Mientras que las organizaciones por la paz no se ocupen de la reversión de la carrera armamentista y los problemas paralelos de qué hacer con un Estado capitalista controlado por la carrera armamentista, las organizaciones por la paz están participando en una especie de farsa. Se habla mucho de la paz, pero ¿qué es la paz? En nuestro tiempo, la paz no es simplemente la ausencia momentánea de la guerra. Debido a la operación sostenida de planificación y preparación para la guerra, la paz tiene que significar disminuir el poder de decisión de las instituciones que hacen la guerra. Si eso se pone en marcha, entonces nos estamos moviendo de una manera pacífica".

Melman subrayó la necesidad de capacitar a las personas que trabajan en el proceso de reconversión económica. La legislación que él apoya establecía que, en cada fábrica militar, laboratorio o base que empleen al menos a 100 personas, una "Comisión Alternativa de Empleo" de al menos ocho personas debería establecerse, y "con igual representación de la mano de obra y de la administración". De esa manera los trabajadores tendrían voz y voto en la administración.
Melman escribió: "El conocimiento de primera mano de los empleados del establecimiento de defensa es esencial para este tipo de conversión, por lo tanto la conversión debe hacerse a nivel local; ninguna oficina central remota puede poseer los conocimientos necesarios de las personas, instalaciones y entorno".

Así habría legislación nacional apoyando la planificación de reconversión económica, y habría acción descentralizada en las propias instalaciones militares. Existe un paralelismo claro, con el enfoque de introducción de energía renovable por la que Naomi Klein aboga en su nuevo libro ‘Esto lo Cambia Todo: Capitalismo vs Clima’:
"La solución no es categóricamente la nacionalización de la energía en los modelos existentes. Las grandes compañías petroleras de propiedad pública... son tan voraces en la búsqueda de fondos de alta  gama de carbono como sus contrapartes del sector privado....Un modelo mejor sería un nuevo tipo de utilidad - ejecutada democráticamente, por las comunidades que lo utilizan, como cooperativas o como un "bien común", como el autor y activista David Bollier y otros han descrito sobre este tipo de estructura, que permitiría a los ciudadanos exigir mucho más de sus empresas de energía que lo que son capaces ahora".

Klein señala que se ha producido un reciente aumento en el suministro de energía renovable en Alemania, “en el contexto de un programa de barrido, tarifario nacional que incluye una mezcla de incentivos diseñados para asegurar que cualquier persona que quiera entrar en la generación de energía renovable puede hacerlo". Esto ha alentado a pequeños, participantes no corporativos a convertirse en proveedores de energía renovable - granjas, municipios y cientos de cooperativas recién formadas.

La revolución renovable alemana creó cerca de 400.000 puestos de trabajo, así como la proporción de energía renovable en la generación de electricidad pasó de 6% en 2000 a casi el 25% en 2013.

Klein añade: "Eso ha descentralizado no sólo la energía eléctrica, sino también el poder político y la riqueza".

Otro aspecto de la obra de Melman que puede ser relevante para la política climática es la que él también propuso "una comisión nacional dirigida a fomentar el capital de la planificación de inversiones por las ciudades, condados, estados y el gobierno federal en todas las áreas de infraestructura - la red de equipamientos y servicios que son las bases de una sociedad industrial moderna". Esta comisión nacional, que también publicará un manual sobre la planificación local del uso alternativo, ayudaría a crear una demanda de bienes de capital, para la producción socialmente útil, organizada por los Comités de uso alternativo en las instalaciones militares convertidas.

Las tres funciones de esas instituciones de conversión serían la de tranquilizar a las personas que trabajan en una economía militar y asegurarles que podrían tener un futuro en una sociedad desmilitarizada, para revertir la decadencia económica, y para obtener ganancias en los poderes de toma de decisiones de las personas que trabajan dentro de una, todavía- sociedad capitalista.

Instituciones similares que sirvan a las mismos tres funciones, en un contexto climático, podrían apoyar una vía socialmente justa hacia una economía sin carbono.
En 2008, el Congreso de Comercio Británica de Sindicatos (TUC), la Federación Nacional de Sindicatos, definían una "transición justa" como una que gana el apoyo público a las políticas ambientales desesperadamente necesarias, garantizando "una distribución justa de los costos y beneficios de las políticas a través de la economía", y mediante la participación de los afectados por los cambios en la toma de decisión los planes económicos.

Entre las disposiciones de Transición Justas, había un "marco o mecanismo para asegurar la planificación a largo plazo y hacer de la transición ambiental una decisión de representación nacional".

El TUC ha destacado que "se necesitan medidas de transición justa para asegurar que la pérdida de empleo como consecuencia de la transición ambiental se reduzca al mínimo y que el cambio dentro de los sectores no se produzca a expensas del trabajo decente y en términos y condiciones dignas". También señalaron que "es necesaria una estrategia de transición justa para asegurar que las iniciativas ambientales no estén necesariamente relacionadas con el empleo - por ejemplo, los impuestos verdes - no tienen incidencia en los grupos de menores ingresos"

Aquí hay responsabilidades morales, y también cuestiones estratégicas. Si este tipo de disposición no está hecha para los trabajadores de las industrias de alto contenido de carbono, ellos y sus familias, y las comunidades en que viven, son propensos a resistir y reducir la velocidad de la transición a una economía baja en carbono.

Naomi Klein ha elogiado el plan Un Millón de Empleos Climáticos, elaborado por los sindicalistas y defensores del medio ambiente en Gran Bretaña, para una masiva inversión del gobierno por más de 20 años, para que Bretaña pase a ser una economía baja en carbono:

"Necesitamos trabajadores para construir suficiente energía eólica, energía solar, energía de las olas y  energía de las mareas para satisfacer todas nuestras necesidades energéticas. Necesitamos trabajadores para aislar o modificar todas nuestras casas y edificios existentes, con el fin de conservar la energía. Y necesitamos trabajadores para manejar un sistema masivo de transporte público que funcione con electricidad renovable. Tenemos personas que necesitan empleos, y puestos de trabajo que hay que crear. Así que queremos que el gobierno contrate a un millón de personas para crear nuevos empleos del clima en un Servicio Climático Nacional integrado".

Aislando y renovando edificios, la construcción de nuevos autobuses y ferrocarriles, fabricación y montaje de parques eólicos, construcción de una nueva matriz energética nacional, y así sucesivamente: estos son "trabajos del clima", que reducen las emisiones, no "empleos verdes" (por ejemplo, los guarda parques) que no afectan el clima.

La idea es que el gobierno debe contratar a 90.000 nuevos trabajadores cada mes para llevar a cabo nuevos trabajos de clima: "En un año vamos a tener un millón de nuevos puestos de trabajo". A cualquier persona que pierda su empleo en una industria de alto contenido de carbono, se le debe garantizar un puesto de trabajo en el Servicio Nacional del Clima, en la misma proporción de remuneración que disfrutaba en su trabajo anterior.

El costo del programa para el gobierno podría ser de sólo 19 mil millones de libras al año, una vez que se tome en cuenta los ingresos y los nuevos impuestos sobre la renta y nuevos servicios, de acuerdo a la campaña Un Millón de Empleos Climáticos. Ellos creen que esto podría ser pagado por el aumento de un impuesto de renta y riqueza al 1% más rico.  Un pequeño impuesto Tobin sobre las transacciones financieras, y / o mediante préstamos gubernamentales similares al programa de flexibilización cuantitativa de EUR 75 mil millones al año. Todo esto es sin desviar dinero del presupuesto militar.…

Según sus cálculos, el plan de un millón de Empleos Climáticos podría reducir las emisiones de Gran Bretaña en un 80% en 20 años. Cortar la demanda de energía a la mitad, y convertir casi todo el suministro de energía a eólica, de las olas, mareas y el sol - para reducir las emisiones nacionales de 528 megatoneladas de CO2 a 106Mt.

En Sudáfrica también hay una campaña de Un Millón de Empleos Climáticos, elaborado por 40 organizaciones de la sociedad civil, incluidos los sindicatos. La campaña dice: "Somos conscientes de que en el largo plazo, el cambio climático requiere un cambio masivo en la forma en que vivimos, la forma en que producimos y consumimos, y cómo nos relacionamos con la naturaleza y con los demás Necesitamos cambiar el sistema, y necesitamos una puente entre donde estamos ahora y ese resultado vital pero de más largo plazo. La Campaña Un Millón de Empleos Climáticos ofrece ese puente".

Es de vital importancia que nos desarrollemos, demandemos y organicemos alrededor de estos tipos de programas, que pueden cerrar la brecha entre la dura realidad que enfrentamos hoy en día, y una sociedad decente, con una oportunidad real de supervivencia. Las manecillas del reloj se mantienen en movimiento.

**Milan Rai es editor de Peace News.


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