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Atormentando a Libia
Publicado 11 agosto 2015
La sentencia contra Saif al-Islam Gaddafi marca el último episodio de la guerra secreta que las potencias Occidentales han librado contra Libia durante más de tres décadas.

La BBC informaba el 28 de julio 2015 que "un tribunal de Libia ha condenado a muerte a Saif al-Islam Gaddafi, hijo del depuesto líder coronel Muamar Al Gaddafi y otras ocho personas por crímenes de guerra vinculados a la revolución del 2011". El informe hace referencia a los fiscales que declararon que Saif Gaddafi era parte de los planes de su padre de "sofocar, por todos los medios las manifestaciones civiles contra el régimen de Gaddafi".

La BBC también informaba la preocupación de diferentes organizaciones de Derechos Humanos "acerca de la imparcialidad del sistema judicial de Libia" que no tuvo en cuenta adecuadamente el contexto histórico de Libia. Prácticamente Libia ha desaparecido de la agenda de los medios de noticias y no hay mucho interés en investigar críticamente por qué Libia y sus líderes fueron atacados por las potencias Occidentales de la OTAN. De hecho, la sentencia de Saif Gaddafi marca sólo el último episodio de lo que podría describirse como el tormento de Libia.

Como lo ha documentado Richard Lanza Keeble, la intervención de la OTAN en Libia en el 2011, que brutalmente derrocó a Muammar Gaddafi, fue parte de una "estrategia de larga planificación por parte de los EE.UU., Francia y el Reino Unido para eliminar a Gaddafi". Poco después del derrocamiento del rey Idris en 1969, Gaddafi se convirtió en "el objetivo de las operaciones encubiertas - muchos de ellas lanzadas desde Chad - por franceses, estadounidenses, israelíes y británicos", escribe Keeble. Los fondos para la guerra secreta, dirigida por la CIA contra Libia, vinieron de Arabia Saudita, Egipto, Marruecos, Israel e Irak.

La estrategia de un Conflicto de Baja Intensidad (LIC) ya se llevó a cabo contra Libia durante la década de 1980 e incluyó los siguientes elementos tácticos: planes de invasión, financiación de los distintos ejércitos secretos y grupos de oposición dentro de Libia, operaciones encubiertas y ataques aéreos puntuales, como el que golpeó a Trípoli en 1986 por los bombarderos de la fuerza aérea de Estados Unidos y de la marina, que mataron a Hana, hija adoptiva de Gaddafi de 15 meses de edad.

Tales son las tácticas comunes aplicadas contra Estados soberanos si desafían los intereses geo-estratégicos y comerciales Occidentales. El "crimen" de Libia constituía su apoyo a la Unión Africana y su aspiración a una independencia política y económica. Las mayores preocupaciones de las potencias Occidentales son los estados nacionalistas independientes en Oriente Medio, África y otros lugares, ya que comparten el deseo de bloquear acceso extranjero a sus recursos y divisas. La estrategia de los Conflictos de Baja Intensidad incluye el apoyo logístico y militar a grupos islamistas radicales para contrarrestar la influencia de estos líderes nacionalistas que tienden a gobernar estados seculares.

Es por ello que las potencias de la OTAN se pusieron del lado de los enemigos de Gaddafi. El conflicto en Libia constituyó una guerra civil orquestada en lugar de un levantamiento civil. La intervención de la OTAN en marzo del 2011 se basó en una campaña de propaganda de los medios que transmitieron historias engañosas de sufrimiento de los civiles y que fue apoyada por los grupos de interés vinculados al apoyo de Israel y las monarquías del Golfo. Por ejemplo, una convocatoria anticipada para el establecimiento de una zona de prohibición de vuelos en Libia fue hecho por la ‘Brookings Institution’ qué según los académicos John Mearsheimer y Stephen Walt es "parte del coro pro-Israel"

Resultó que la intervención de la OTAN en marzo del 2011 fue más allá de establecer una zona de exclusión aérea, ya que el verdadero objetivo del ataque era un cambio de régimen. De hecho, la “intervención humanitaria" dirigida por la OTAN fue mucho más mortífera para los civiles libios que la lucha que la había precedido.

En la actualidad Libia se encuentra en ruinas: el país está dominado por las corrientes radicales islamistas - las mismas fuerzas que las potencias Occidentales apoyaron para derrocar a Gaddafi. Esto reportaba ‘The Guardian’ en febrero del 2015:

"...Libia está sacudida por la violencia, el sectarismo y la polarización política - y por la creciente amenaza del extremismo yihadista. Dos gobiernos rivales, parlamentos, primeros ministros y fuerzas militares reclaman legitimidad. De un lado está la coalición dominada por islamistas, ’Amanecer Libio’, en Trípoli, la capital. Y en el otro campo, ‘Dignidad’, que es reconocido a nivel internacional, con base en Tobruk y Bayda. Además existen cientos de milicias rivales en todo el país. En los últimos meses los combatientes locales de Ansar al-Sharia han sido desafiados por el Estado Islámico (Isis), quien dio a conocer un video que muestra la decapitación de 21 cristianos egipcios.

La producción de petróleo, la mayor fuente de ingresos del Estado, ha disminuido de forma masiva. El dinero en efectivo se está acabando y los servicios básicos están al borde del colapso mientras que la situación financiera se deteriora. La esperanza de cambio generada por la primavera árabe y la desaparición de la dictadura de Gaddafi se han desvanecido en la desesperación y la disfunción".

El juicio a Saif Gaddafi es el último episodio de la tragedia y la farsa que ha afligido a Libia. Justicia real sería llevar a los tribunales a los dirigentes de las potencias de la OTAN que han atormentado a Libia, Oriente Medio y África del Norte.


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lA JUSTICIA DE SATANAS DEBE SER IGUAL DE FALSA
La justicia de satanas debe ser igual de falsa
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